MEMORIA & BALANCE

El changuito vacío

El plan anti inflación del Gobierno se encuadra en un derrumbe del salario que detonó el consumo: el ticket promedio en cadenas es de $850 con solo diez unidades. Añoranzas al populismo y al reviente.

Jaime Durán Barba tiene razón. El asesor ecuatoriano fue el que le acercó al jefe de Gabinete, Marcos Peña, los resultados de encuestas y focus groupque mostraban la preocupación social por la marcha ascendente de los precios. Fueron esas recomendaciones las que derivaron en el congelamiento de precios por seis meses. Durán Barba, repudiado por los radicales, hizo centro en el problema real: la inflación, un descontrol provocado por errores en la política monetarista que aplica el Banco Central desde el inicio de Cambiemos, es el causal de la derrota del salario ante los precios con la consecuencia de un desplome inédito en el consumo y en los niveles de producción.

 

Durán Barba, el alma mater del congelamiento. Mostró números de preocupación por los precios. 

 

 

El changuito lleno, símbolo de la época de oro en la que los supermercados le decían que sí a todo lo que planteaba el ministro de Economía K, Axel Kicillof, es la figura que añoran los CEOs del retail. No hay metáfora en el tema, lo tienen medido: hoy, el ticket promedio en las grandes cadenas nucleadas en la Asociación de Supermercados Unidos (ASU) está entre $850 y $900. Lo más impactante es la cantidad de unidades, solo diez por chango. “Hoy ya no hay más changuito, hay canastita”, bromean mordiendo bronca los supermercadistas. El consumo cayó 8,7% en marzo y casi un 5% en 2018. La inflación del 4,7% de marzo, además, trajo sobre las espaldas más de 6% en suba de precios de los alimentos.

 

 

 

Las comparaciones son odiosas, pero los súper aseguran que 2015, año en el que ya durante el gobierno de Cristina Fernández abundaban las variables negativas, el esquema de subsidios a las tarifas permitía aún niveles importantes de gasto de los hogares. Según fuentes del sector, en unidades, el ticket promedio duplicaba o hasta triplicaba las diez actuales. Eso, cuentan, fue clave para que en la elección de 2015 jugaran un pleno a la fallida candidatura de Daniel Scioli.

 

Pero los aires cambiaron. En aquel entonces, para explicar por qué, aunque no gustaran los modos, apoyaban al kirchnerismo, usaban el ejemplo de las latas de arvejas: como la pirámide del consumo se sustenta en un 85% en clases medias y bajas, preferían vender millones de latas de arvejas en lugar de cajas de champagne. Hoy solo venden el espumante, un bien que, como todos los suntuosos, nunca aumenta en volumen como para sustentar un negocio.

 

 

Pagani, de Arcor, respaldó con productos. Hubo faltazo de todos los CEOs de peso. 

 

 

Más allá de que el líder espiritual del Ecuador logró convencer a la tropa de que hay que mirar lo que ocurre fuera de la caja de cristal, este paquete de populismo electoral alteró los nervios y reabrió operaciones y una guerra sucia en la Casa Rosada. De nuevo, desde diferentes ministerios, dispararon contra el ministro de Producción, Dante Sica. “Están buscando un culpable y nadie se hace cargo”, contó un personaje cercano al “ministro peronista”.

 

Nadie niega que sigue el enojo de Dante con la línea económica y con la del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. Pero en Producción niegan mil veces la renuncia. Al menos hasta que la elección decante en un nuevo escenario para Cambiemos en 2020. Sica está inquieto, además, porque terminó siendo, con la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, uno de los elegidos para ponerle rostro a un plan polémico, no por lo modos, sino por lo impracticable.

 

 

El ticket promedio en los super es de $850. Sólo 10 unidades por chango. 

 

 

Sica también se vio obligado a salir a apagar el incendio que generó la filtración del congelamiento de precios, revelada por Letra P hace una semana. Visitó, en persona, a los CEOs y dueños de las productoras de alimentos para que pusieran el hombro. Le dijeron que sí, pero en los papeles y viendo la lista de productos, salvo la Arcor de los Pagani y una porción del aporte de Molinos, hubo borrón generalizado de todas las firmas grandes.

 

Al secretario de Comercio, Ignacio Werner, le destacan la pericia y el seguimiento directo de los temas, pero la tarea está incompleta. Vendieron en la conferencia un acuerdo de control con las ONG de consumidores, que se enteraron del plan una vez anunciado. Las invitaron recién para dentro de siete días. Todo, horas después de que el propio Macri charlara sobre la utilidad de estas organizaciones. Hace tiempo que el Presidente quiere dejar de financiarlas y ya hay varias que cerraron por el escaso interés oficial en esa instancia de intermediación entre usuarios y empresas. Por eso, hoy está diluido el rol del secretario de Defensa del Consumidor, Fernando Blanco Muiño.

 

En este escenario, el Gobierno está hundido en varios dilemas: saber si funcionará el plan, si habrá abastecimiento y si el programa servirá para impulsar el consumo en plena campaña electoral. Y la duda más seria que ronda en los pasillos de Hacienda: el fin del congelamiento llegará justo en la previa a una hipotética segunda vuelta. ¿Un rebrote inflacionario en el peor momento? ¿Se puede confiar en los CEOs que ya aumentaron horas antes del plan? Otra de las tantas cosas poco claras.

 

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