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Larreta evita tensar con la Casa Rosada y no separa el ballotage porteño

Un asesor le propuso “estudiar” la posibilidad. La ley lo permite, pero en la Ciudad prefieren mantener la paz con Balcarce 50. Regreso a la mesa y reivindicación del “primer” crítico.
Por 12/04/2019 15:55

El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, exhibe cierto cansancio cuando lo persiguen por sus "matices" con la Casa Rosada y con el tándem indisoluble que integran Mauricio Macri y Marcos Peña. Repite, desde hace años, que el Presidente no es su amigo y, cada vez que puede, le tira flores al jefe de Gabinete, pero jamás escondió sus diferencias. Lo hace entre empresarios, amigos y sindicalistas que sulfuran en voz alta contra la jefatura de Balcarce 50. A la decisión de unir su reelección con la de Macri -confirmada este viernes vía Boletín Oficial-, el alcalde porteño suma un nuevo gesto: descarta, por el momento, separar el ballotage porteño de la segunda vuelta electoral nacional.

 

 

Es una idea que estuvo sobre el despacho de Rodríguez Larreta durante días. La acercó un asesor que devora encuestas y se tomó el trabajo de leer la legislación porteña para analizar la posibilidad. En rigor, los códigos electorales nacional y local no impiden una separación del ballotage, pero hacerlo implicaría una intención manifiesta del alcalde de evitar pegar su boleta a la de Macri. Irían juntos en las PASO, en las generales y, por cuestiones reglamentarias y en la elección final, podría elegir que los porteños votaran otro domingo de noviembre en la segunda vuelta.

 

 

 

Este escenario es posible y alienta la especulación porque la Constitución de la Ciudad establece que una fórmula que compite por la Jefatura de Gobierno debe superar el 50% de los votos positivos emitidos en la general para evitar el segundo turno. Desde el establcimiento de la autonomía, todos los alcaldes debieron atravesar esa instancia.

"Nadie en Parque Patricios está dispuesto a desdoblar el ballotage porteño. “Sería una diferenciación muy fuerte. Hoy está descartado”, aseguran en Uspallata 3160.

n las elecciones legislativas de 2017, Rodríguez Larreta, con la candidatura de Elisa Carrió, arrasó y pasó los 51 puntos. Esa situación, mezclada con encuestas propias del Gobierno, alentaba la posibilidad de ganar en primera vuelta. El escenario cambió una vez confirmada la unificación con los comicios nacionales.

Nadie en Parque Patricios está dispuesto a desdoblar el ballotage porteño del nacional. “Sería una diferenciación muy fuerte. Hoy está descartado”, aseguran en los pasillos de Uspallata 3160. En la Casa Rosada el rumor corrió como reguero de pólvora, pero el regreso de Rodríguez Larreta a la mesa de coordinación política electoral nacional borra cualquier dejo de desconfianza.

Larreta no pretende influir en la estrategia de la campaña. Sabe que no puede penetrar el núcleo Peña – Jaime Durán Barba, pero sí se involucró en la interna oficial por la agenda de medidas económicas para encontrar un reparo al golpeado al bolsillo de los argentinos. Allí jugó se movió en sociedad con María Eugenia Vidal y los tres gobernadores radicales; en rigor; los principales dirigentes de Cambiemos con voto, estructura y territorio. Fruto de esa presión, que nació con el Pacto de Recoleta, el gabinete económico abrió la puerta a un acuerdo de precios que el Presidente anunciará la semana próxima.

 

 

Por allí pasa la distinción del economista Rodríguez Larreta con la Casa Rosada. En plena corrida cambiaria, en mayo de 2018, advertía ante quien quisiera escucharlo que algunos ministros nacionales “subestiman” la crisis económica. Además, junto a Vidal, se quejaba del remedio del dueto Nicolás DujovneGuido Sandleris para calmar el dólar: “Me importa más el número de la tasa de interés que el dólar”, aún repite a sus colaboradores. En esa faena, por ahora sin horizonte de victoria, cuenta con el aval del ministro de Producción, Dante Sica.

Ese conjunto de diálogos que Larreta, como también Vidal, mantiene con la conducción de la Casa Rosada supo enfriar la relación con el Presidente, como reflejó Letra P. La aceleración de la crisis modificó esos resquemores, pero el alcalde es un convencido de un “gesto económico” al electorado.

Sus diferencias también se vieron en el terreno electoral: Larreta podrá evitar influir en el discurso oficial, pero tiene presencia en el cierre de candidaturas y apoyó a candidatos con una frecuencia distinta a la Casa Rosada. Pasó en Neuquén con Horacio “Pechi” Quiroga y en Córdoba con Mario Negri, aunque esta última alianza es un capítulo más de su inagotable riña con Martín Lousteau, una pelea por el futuro de Cambiemos. No obstante, Larreta cree que el economista, muy consultado por Macri, no competirá en la Ciudad en 2019. “Vice o nada”, describen en Uspallata 3160 sobre el panorama electoral de “Guga”, que suena para acompañar al Presidente en la fórmula.

 

 

A diferencia del elenco de ministros nacionales, salvo Peña y Rogelio Frigerio (Interior), el jefe de Gobierno discute con Macri. Tienen rispideces e intercambian visiones, pero Larreta es PRO y no sacará los pies del plato. Ni “puro” ni “duro”. Un macrista de la primera hora que nunca ocultó sus intereses políticos, pero tributa al liderazgo de Macri. Esa posición le permite discutir en términos que otros funcionarios o dirigentes oficialistas no experimentarían. “Es el primer crítico, pero también el que dice las cosas a la cara”, lanza un ministro porteño.

Al autorizar una elección unificada, el jefe de Gobierno juega a fondo para mostrar unidad y cohesión en Cambiemos. Lo mismo hizo la gobernadora al dejar pasar la posibilidad de desdoblar las elecciones bonaerenses, que la Casa Rosada pulverizó una y otra vez. La unificación la confirmó este viernes mediante el Boletín Oficial porteño: la Ciudad se plega a la reelección de Macri y habrá PASO el domingo 11 de agosto, cuando se votará, también como en las nacionales, con el sistema tradicional de boleta de papel. En tanto, la convocatoria a las elecciones generales se debe hacer entre 65 y 90 días después de las primarias. Rodríguéz Larreta adherirá también al calendario electoral para esos comicios.

Larreta evita tensar con la Casa Rosada y no separa el ballotage porteño

Un asesor le propuso “estudiar” la posibilidad. La ley lo permite, pero en la Ciudad prefieren mantener la paz con Balcarce 50. Regreso a la mesa y reivindicación del “primer” crítico.

El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, exhibe cierto cansancio cuando lo persiguen por sus "matices" con la Casa Rosada y con el tándem indisoluble que integran Mauricio Macri y Marcos Peña. Repite, desde hace años, que el Presidente no es su amigo y, cada vez que puede, le tira flores al jefe de Gabinete, pero jamás escondió sus diferencias. Lo hace entre empresarios, amigos y sindicalistas que sulfuran en voz alta contra la jefatura de Balcarce 50. A la decisión de unir su reelección con la de Macri -confirmada este viernes vía Boletín Oficial-, el alcalde porteño suma un nuevo gesto: descarta, por el momento, separar el ballotage porteño de la segunda vuelta electoral nacional.

 

 

Es una idea que estuvo sobre el despacho de Rodríguez Larreta durante días. La acercó un asesor que devora encuestas y se tomó el trabajo de leer la legislación porteña para analizar la posibilidad. En rigor, los códigos electorales nacional y local no impiden una separación del ballotage, pero hacerlo implicaría una intención manifiesta del alcalde de evitar pegar su boleta a la de Macri. Irían juntos en las PASO, en las generales y, por cuestiones reglamentarias y en la elección final, podría elegir que los porteños votaran otro domingo de noviembre en la segunda vuelta.

 

 

 

Este escenario es posible y alienta la especulación porque la Constitución de la Ciudad establece que una fórmula que compite por la Jefatura de Gobierno debe superar el 50% de los votos positivos emitidos en la general para evitar el segundo turno. Desde el establcimiento de la autonomía, todos los alcaldes debieron atravesar esa instancia.

"Nadie en Parque Patricios está dispuesto a desdoblar el ballotage porteño. “Sería una diferenciación muy fuerte. Hoy está descartado”, aseguran en Uspallata 3160.

n las elecciones legislativas de 2017, Rodríguez Larreta, con la candidatura de Elisa Carrió, arrasó y pasó los 51 puntos. Esa situación, mezclada con encuestas propias del Gobierno, alentaba la posibilidad de ganar en primera vuelta. El escenario cambió una vez confirmada la unificación con los comicios nacionales.

Nadie en Parque Patricios está dispuesto a desdoblar el ballotage porteño del nacional. “Sería una diferenciación muy fuerte. Hoy está descartado”, aseguran en los pasillos de Uspallata 3160. En la Casa Rosada el rumor corrió como reguero de pólvora, pero el regreso de Rodríguez Larreta a la mesa de coordinación política electoral nacional borra cualquier dejo de desconfianza.

Larreta no pretende influir en la estrategia de la campaña. Sabe que no puede penetrar el núcleo Peña – Jaime Durán Barba, pero sí se involucró en la interna oficial por la agenda de medidas económicas para encontrar un reparo al golpeado al bolsillo de los argentinos. Allí jugó se movió en sociedad con María Eugenia Vidal y los tres gobernadores radicales; en rigor; los principales dirigentes de Cambiemos con voto, estructura y territorio. Fruto de esa presión, que nació con el Pacto de Recoleta, el gabinete económico abrió la puerta a un acuerdo de precios que el Presidente anunciará la semana próxima.

 

 

Por allí pasa la distinción del economista Rodríguez Larreta con la Casa Rosada. En plena corrida cambiaria, en mayo de 2018, advertía ante quien quisiera escucharlo que algunos ministros nacionales “subestiman” la crisis económica. Además, junto a Vidal, se quejaba del remedio del dueto Nicolás DujovneGuido Sandleris para calmar el dólar: “Me importa más el número de la tasa de interés que el dólar”, aún repite a sus colaboradores. En esa faena, por ahora sin horizonte de victoria, cuenta con el aval del ministro de Producción, Dante Sica.

Ese conjunto de diálogos que Larreta, como también Vidal, mantiene con la conducción de la Casa Rosada supo enfriar la relación con el Presidente, como reflejó Letra P. La aceleración de la crisis modificó esos resquemores, pero el alcalde es un convencido de un “gesto económico” al electorado.

Sus diferencias también se vieron en el terreno electoral: Larreta podrá evitar influir en el discurso oficial, pero tiene presencia en el cierre de candidaturas y apoyó a candidatos con una frecuencia distinta a la Casa Rosada. Pasó en Neuquén con Horacio “Pechi” Quiroga y en Córdoba con Mario Negri, aunque esta última alianza es un capítulo más de su inagotable riña con Martín Lousteau, una pelea por el futuro de Cambiemos. No obstante, Larreta cree que el economista, muy consultado por Macri, no competirá en la Ciudad en 2019. “Vice o nada”, describen en Uspallata 3160 sobre el panorama electoral de “Guga”, que suena para acompañar al Presidente en la fórmula.

 

 

A diferencia del elenco de ministros nacionales, salvo Peña y Rogelio Frigerio (Interior), el jefe de Gobierno discute con Macri. Tienen rispideces e intercambian visiones, pero Larreta es PRO y no sacará los pies del plato. Ni “puro” ni “duro”. Un macrista de la primera hora que nunca ocultó sus intereses políticos, pero tributa al liderazgo de Macri. Esa posición le permite discutir en términos que otros funcionarios o dirigentes oficialistas no experimentarían. “Es el primer crítico, pero también el que dice las cosas a la cara”, lanza un ministro porteño.

Al autorizar una elección unificada, el jefe de Gobierno juega a fondo para mostrar unidad y cohesión en Cambiemos. Lo mismo hizo la gobernadora al dejar pasar la posibilidad de desdoblar las elecciones bonaerenses, que la Casa Rosada pulverizó una y otra vez. La unificación la confirmó este viernes mediante el Boletín Oficial porteño: la Ciudad se plega a la reelección de Macri y habrá PASO el domingo 11 de agosto, cuando se votará, también como en las nacionales, con el sistema tradicional de boleta de papel. En tanto, la convocatoria a las elecciones generales se debe hacer entre 65 y 90 días después de las primarias. Rodríguéz Larreta adherirá también al calendario electoral para esos comicios.