11|9|2022

Macri visita a Bolsonaro: un round de estudio antes de jibarizar el Mercosur

16 de enero de 2019

16 de enero de 2019

El Presidente viajó al país vecino con cinco ministros y otros funcionarios. Todos contra Maduro. La seguridad, obsesión común. Comienza a jugarse una reforma radical del bloque.

Mauricio Macri se internará este miércoles en un territorio desconocido. No porque lo sea Brasil, sino por las intenciones, por ahora no conocidas en su totalidad, del nuevo gobierno de Jair Bolsonaro con relación a uno de los temas más sensibles de las relaciones económicas de la Argentina: el futuro del Mercosur.

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El Presidente llegó en la noche del martes a Brasilia acompañado por el canciller, Jorge Faurie; los ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne, de Producción, Dante Sica, de Seguridad, Patricia Bullrich, de Defensa, Oscar Aguad, y de Justicia, Germán Garavano. Asimismo, se sumaron el embajador en Brasil, Carlos Magariños, y el secretario de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo, hombre de la Jefatura de Gabinete que constituye un verdadero canciller en las sombras.

 

Los nombres de los miembros de la comitiva son elocuentes respecto de la agenda que tratarán Macri y Bolsonaro. En lo estrictamente bilateral, la cooperación en materia de seguridad, lucha contra el narcotráfico y controles fronterizos les servirán a ambos para proyectar la imagen de la que alianza estratégica continúa vigente pese a algunos cortocircuitos recientes. En el plano regional, la estrategia de máxima dureza frente a la Venezuela de Nicolás Maduro cumplirá el mismo fin. La clave pasará por el futuro del Mercosur.

 

Bolsonaro está limitado para viajar por las secuelas del atentado que sufrió en la campaña electoral, que todavía le reservan otro paso por el quirófano, el tercero desde septiembre, para retirarle la colostomía. Con todo, un anuncio de su entorno de que su primer viaje al exterior sería a Chile y no a la Argentina, como es tradicional para los debutantes en el palacio del Planalto, sumó incomodidad en Buenos Aires. A eso se sumaron dichos del súper ministro económico, Paulo Guedes, en el sentido de que no la Argentina ni el Mercosur serán prioridad desde ahora. El hombre se disculpó por sus modales, exhibidos en la misma noche del triunfo a fines de octubre, pero no modificó una coma del contenido de esa declaración.

 

 

Tampoco contribuyó a proyectar una relación cercana que Macri no haya acudido a la jura de Bolsonaro el 1 de enero, aunque en el Gobierno recordaron que Eduardo Duhalde fue el último mandatario argentino en acudir a una cita de ese tipo dado lo inconveniente de la fecha.

 

 

El canciller, Jorge Faurie, en la asunción de Jair Bolsonaro.

 

 

Guedes, que representa al ala económica y ultra liberal del bolsonarismo, le ha vendido a su jefe la idea de que el país debe llevar adelante una apertura comercial multilateral. Chile, en ese sentido, es un modelo fuerte, que suma su peculiar sistema previsional de capitalización como faro para el nuevo Brasil.

 

En ese sentido, el Mercosur, concebido como una unión aduanera, es un obstáculo. En efecto, la fijación de un arancel externo común hace que se plante frente al mundo como un bloque a la hora de negociar nuevos acuerdos de libre comercio, que se alcanzarán en bloque o no se alcanzarán. Brasil amaga con hacer suyo un viejo reclamo de Uruguay y Paraguay, los socios menores, para que cada país quede liberado en ese tipo de negociaciones. El problema es que el Mercosur dejaría de ser una unión aduanera, por perforada que esté con excepciones, y retrocedería al estatus de simple zona de libre comercio. Con ello, la Argentina pasaría a ser un socio comercial entre varios, pero las alrededor de 3.000 empresas nacionales de todo porte que hoy exportan a Brasil perderían la reserva de mercado de la que han disfrutado hasta ahora y deberían competir con otras de diversos países.

 

En la Cancillería argentina le dijeron a Letra P que “con Brasil coincidimos en que hay que modernizar el Mercosur, hacerlo más flexible. Ahora hay que estudiar las medidas aptas para eso”.

 

Si el Mercosur deja de ser una unión aduanera y retrocede al estatus de simple zona de libre comercio, la Argentina pasaría a ser un socio comercial entre varios y unas 3.000 empresas nacionales perderían la reserva de mercado de la que han disfrutado hasta ahora en Brasil.

Allí recordaron que dicha flexibilidad ya existe en el caso de los países de la ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración), por ser un acuerdo previo al Mercosur. Son testimonio de eso los pactos con México y con Chile, este último a punto de entrar en vigor y que establece una integración en compras estatales, coordinación en temas laborales y ambientales y liberalización de comercio electrónico, entre otras cuestiones.

 

Pero el resto del mundo es otra cosa y, para que el Mercosur deje en libertad a sus miembros para negociar acuerdos comerciales sería necesario dejar sin efecto la decisión del Consejo del Mercado Común 32/2000, que impone “el compromiso de los Estados Partes del MERCOSUR de negociar en forma conjunta acuerdos de naturaleza comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias”.

 

En la Casa Rosada dicen que Macri estudia desde hace tiempo esa marcha atrás, pero que aún no hay una decisión final por las complicaciones que podría plantear para sectores sensibles y muy dependientes de la integración con Brasil, como el automotor.

 

Con respecto a ese tipo de flexibilidad radical, “no hay ninguna definición. La del Presidente y Bolsonaro será justamente una reunión en la que deberíamos empezaremos a hablar del tema”, confirmaron en el Palacio San Martín.

 

“Ellos fueron muy claros en sus objetivos macro: hacer más flexible el bloque, reducir aranceles y vincularse con el mundo desarrollado. Ahora bien, lo que todavía no está claro, y supongo que no lo debe tener del todo claro ni siquiera el gobierno de Brasil, es cómo llevar a cabo esos objetivos generales”, explicó una fuente diplomática.

 

 “Está la posibilidad de que Bolsonaro diga ‘hablemos en unos meses, acabo de asumir y no tengo todavía una decisión’", agregó.

 

 

“Ellos fueron muy claros en sus objetivos macro: hacer más flexible el bloque, reducir aranceles y vincularse con el mundo desarrollado. Ahora bien, lo que todavía no está claro, y supongo que no lo debe tener del todo claro ni siquiera el gobierno de Brasil, es cómo llevar a cabo esos objetivos generales”, dijeron en Cancillería.

 

 

No deja de llamar la atención la falta de contactos reservados entre el Gobierno y las nuevas autoridades brasileñas, aunque, a favor de la administración de Cambiemos, hay que decir que impera en Brasilia un juego de presiones internas difícil de decodificar.

 

En efecto, al ala de los Chicago boys de Guedes se opone la militar, que, si bien abraza el liberalismo en general, pone como líneas rojas que las privatizaciones no alcancen a activos estratégicos en ciertos segmentos del sector energético y que la apertura comercial no sea drástica, de modo de dejar inermes ante un eventual aluvión importador a las empresas de los estados menos industrializados y a las pequeñas y medianas empresas.

 

Una fuente de Itamaraty, la cancillería brasileña, confirmó esas percepciones y le dijo a Letra P que “no se observa en el gobierno de Bolsonaro una visión clara sobre el Mercosur”.

 

“Creo que la reunión con Macri será una oportunidad para percibir cómo ve el tema la Argentina”, añadió.

 

Lo que está en juego es mucho.

 

Según recopila un trabajo de la consultora  Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), que dirige Marcelo Elizondo, “Brasil es el principal mercado para las exportaciones argentinas, que llegaron en 2018 a unos 11.500 millones de dólares (18% del total de nuestras ventas al exterior)”.

 

Hay que recordar que “Brasil supo explicar 25% del total de exportaciones argentinas a inicios de este siglo y que hace seis años generaba 21%, cuando compró 17.000 millones de dólares a Argentina”, continuó.

 

Todo indica que el de este miércoles será un round de estudio: Macri va para ver con qué se encuentra; Bolsonaro también quiere tantear el terreno.