Plano corto. mauricio macri

Amores que matan

La crisis devora soldados del mejor equipo de los últimos 50 años mientras el Presidente capitula ante el Fondo y brilla como actor de reparto. La aventura de los brit boys en el BCRA de Dujovne.

Cuando Mauricio Macri y Nicolás Dujovne dicen que Luis Caputo se quería ir hacía tiempo, hablan de un período de tres meses, los que llevaba el trader como presidente del Banco Central. El nuevo directorio de la autoridad monetaria responde a Dujovne y se refugia en el paraguas de Marcos Peña. Pero expresa sobre todo dos cuestiones fundamentales: el alineamiento sin fisuras con el Fondo Monetario Internacional, que no permite usar reservas para contener al dólar, y la fragilidad del esquema económico del Gobierno en medio de una batalla interna que parece no tener fin y se agiganta con la crisis. Mientras caen soldados o huyen para otra guerra, el que queda pedaleando en el aire es el propio Macri, que ve cómo le estalla en las narices una renuncia en medio de su examen ante Wall Street

 

La falta de timing que le critican los aliados al Gobierno delata, en realidad, la falta de autoridad del Presidente, que se encierra y pierde, a velocidad de la luz, a los funcionarios del área económica. El lugar que dejaron Federico Sturzenegger, Mario Quintana y Caputo será ocupado por las políticas del Fondo, como lo marcan desde la oposición más dura hasta analistas como Eduardo Fidanza y economistas como Martín Redrado, el primer inmolado en el altar de la sagrada independencia del Central. 

 

La llegada de Guido Sandleris y Verónica Rappoport a la comandancia del Banco Central expresa el triunfo de un ala que orienta el ministro de Hacienda en línea con Christine Lagarde. Pero, además, muestra una inclinación del Gobierno a volver sobre sus pasos, del interregno del trader Caputo a una conducción de pergaminos académicos, más emparentada en ese punto con lo que pretendió ser la de Sturzenegger. Macri y Peña van y vienen, mientras asciende Dujovne como lazarillo del Fondo.

 


LA SILLA ELÉCTRICA. Licenciado en Economía de la UBA, con una maestría de la London School of Economics y un doctorado en la Universidad de Columbia, Sandleris estuvo a cargo del Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Di Tella entre 2007 y 2015 y fue decano de su Escuela de Negocios entre 2014 y 2015. Más allá de sus metáforas futboleras y su hobby literario, su debut como funcionario público se dio junto a José Luis Machinea en la experiencia fallida de la Alianza y derivó en su decisión de instalarse en el exterior. Iniciado junto a Roberto Frenkel, hoy habla como un soldado de la ortodoxia y, si tiene matices, deberá resignarlos en el vía crucis por el déficit cero.

 

Su llegada al edificio de Reconquista 266 afianza, junto con la dependencia del Fondo, la convergencia entre los economistas de la Universidad Di Tella y el gobierno de Cambiemos. El vinculo es de lo más afinado y los resultados están a la vista. 

 

A tono con la escuela de Dujovne, el sucesor de Caputo tiene la mitad de sus bienes en el exterior. Sin embargo, llegó al macrismo de la mano de Hernán Lacunza y fue subsecretario de Finanzas bonaerense, pero duró poco y volvió a la Universidad Di Tella. El entonces funcionario de María Eugenia Vidal renunció seis meses después de asumir con un argumento parecido al que atribuyen ahora Caputo: ya había avisado que acompañaba sólo en el envión inicial. Amigos suyos admiten, en cambio, que La Plata le quedaba lejos y ganaba poco. Prefirió retornar a la actividad académica y mantenerse como asesor de Lacunza. Después fue reclutado para el gobierno nacional por Dujovne, un ministro que a principios de mes estuvo a punto de renunciar y que ahora aparece fortalecido. 

 

Sandleris no podrá usar los dólares del Central para ninguna otra cosa que no sea pagar deuda, uno de los mandamientos de un gobierno que se despidió del gradualismo sin atenuantes y a pura ortodoxia. Desde la silla eléctrica del Central, deberá probar si alcanza la formación para enfrentar a las pirañas del mercado. 

 

 


DE LONDRES A FRIGERIO. Junto al ex secretario de Política Económica, desembarca también Rappoport, egresada del Colegio Nacional Buenos Aires, economista de la UBA con una larga trayectoria académica que incluye una maestría en la UTDT, un doctorado en el MIT y su desempeño como profesora asociada de la London School of Economics and Social Science. La nueva vicepresidenta segunda del Central se inició en la función pública también como asesora de Machinea, el ministro de Economía de De la Rúa.  

 

Con pergaminos reconocidos y perfil propio, Rappoport no precisa vinculaciones políticas para llegar a un gobierno al que no le sobran voluntarios para incorporarse a la deriva oficial. Sin embargo, su padre, Luis Rappoport, es el nexo más elocuente con el macrismo. Asesor del Banco Ciudad y director nacional de Políticas Regionales del Ministerio del Interior, Rapport padre proviene del peronismo y tiene una larga relación con Rogelio Frigerio, además de integrar el Club Político y hacer un programa de radio con el esposo de Patricia Bullrich en Radio Ciudad.

 

Fuentes oficiales confirmaron a Letra P que fue el ministro del Interior el encargado de convocar a Verito Rap -tal como se presentaba en su cuenta de Twitter- para la aventura de la función pública. Entre sus allegados, prima el optimismo por designación en un escenario de lo más adverso. 

 

 


CAÑONES DEL AJUSTE. Gustavo Cañonero era el indicado para reemplazar a Caputo. Tanto que, desde el momento en que la dupla asumió, se hablaba de que tenía cualidades superiores para el cargo y enfrentaría menos dificultades para que su pliego fuera aprobado en el Senado por el PJ. Su larga relación con Alejandro Werner, uno de los negociadores del Fondo, desde el tiempo en que coincidieron en el MIT, también lo ponía en la pole position. No hubo palabra oficial que explique por qué no heredó el cargo. Que no haya asumido indica que no quiso exponerse, que huele que algo no está bien o que fue postergado por un equipo que se cierra sobre un círculo de pocos pero convencidos. Y algo más: aunque no se diga, la decisión de aceptar la flotación en el dólar -que Caputo resistía para evitar ser devorado- implica mayor traslado a precios, inflación más alta, caída de poder adquisitivo y mayor licuación de salarios. Una larga temporada de ajuste con eje sobre los que viven de un ingreso en pesos. Así, el nuevo Fondo se parece como un calco exacto al viejo. 

 

“Como trader, a Toto le molestaba que le subieran el dólar con dos pesos, pero también intuía que, si lo dejabas flotar, se iba a cualquier lado...”

Ligado a los fondos de inversión, acusado de ser un mesadinerista que desconocía la lógica del FMI, Caputo se había convertido en un obstáculo ante las directivas de Lagarde. Mientras Dujovne se convirtió en el nexo principal con la jefa del Fondo -a quien conoció recién en marzo pasado- el ex Deutsche Bank ponía reparos en defensa propia y de sus históricos aliados. El ex columnista de Odisea, en cambio, ganó poder como embajador de Macri ante el Fondo y viceversa. 

 

“Como trader, a Toto le molestaba que le subieran el dólar con dos pesos, pero también intuía que, si lo dejabas flotar, se iba a cualquier lado”, le dijo a Letra P uno de los viejos aliados del ex presidente del Central. 

 

Macri, Peña y Dujovne apuestan todo al acuerdo del Fondo, con la ilusión de que alcance como un plan económico que está ausente. Déficit cero como mandamiento, ajuste sobre los asalariados y a soñar con un rebote exportador. Así esperan llegar a las elecciones de 2019.   

 

En el Gobierno vuelve el curioso garabato de ganadores y perdedores arriba de un barco que sigue a la deriva. Caputo no sólo había sido mencionado por Peña como el Messi de las finanzas, también contaba con el respaldo persistente de Horacio Rodríguez Larreta, detractor encarnizado de Sturzenegger. Ahora dicen que Peña gana nuevamente con estas designaciones, en un tablero de cortísimo plazo. Algo está claro: ante la crisis y las instancias decisivas, en el equipo de Macri, como en todos los que se cierran sobre sí mismos, ganan los más obedientes y los obsecuentes. 

 

 

 

ENTRE WALL STREET Y EL FONDO. En una crisis que avanza a una velocidad impensada, el Fondo es el salvavidas de plomo de Macri, pero también arriesga. Con el respaldo estratégico de Trump -pero las partidas que aprueban los países socios en el directorio- el nuevo FMI que propagandizaba Dujovne corre riesgos serios de enterrarse otra vez con Cambiemos. 

 

Consultados por Letra P, en el Gobierno diferencian entre la desconfianza de Wall Street y el respaldo sin fisuras del Fondo. 

 

Existe una tensión entre los fondos de inversión y los bancos con el organismo de crédito internacional. El Gobierno exhibe el apoyo del organismo que tiene rostro de mujer pero para Wall Street es casi un ente subordinado. Con toda una vida como trader y asociado a la lógica de los mercados, Caputo había recomendado pedir auxilio al FMI cuando Sturzenegger era el presidente del Central: lo tuvo que reemplazar y terminó eyectado por sus recetas, mientras se renegociaba el primer acuerdo fallido. Todo en apenas tres meses. 

 

Mientras Caputo pretendía que los traders pudieran hacer carry trade y sacar en corto plazo un alto rendimiento, que obligaba a incrementar la deuda, el Fondo obliga a mantener altas las reservas para pagar la deuda que Macri y el propio Caputo -desde el gabinete- incrementaron a pasos agigantados, hasta dejar en torno al 70% la relación deuda -PBI.

 

 

 

Fuentes del mercado con experiencia en el Estado analizaron el conflicto ante Letra P: “Como en cualquier situación de insolvencia, en el momento en que un deudor no tiene para todos, surge un conflicto intra acreedores. Pasa con Argentina, que tiene parte de su deuda financiera en manos de actores de Wall Street. El Fondo es un ‘acreedor privilegiado’ y no recibe nunca una quita ni afectación de los términos”. El conflicto se da en dos tiempos. Wall Street apoya la intervención original del Fondo porque prioriza el pago de deuda ante cualquier otro objetivo y da garantías implícitas de que los acreedores van a cobrar, lo que baja el riesgo de los bonos que compraron los bancos, fondos de inversión, mutuales y buitres. Pero, cuando llega el momento de reprogramar la deuda y el FMI se pone en árbitro, Wall Street denuncia que el organismo es juez y parte como acreedor privilegiado.

 

“Para el Fondo, el que disciplina y ajusta al deudor le pide a Wall Street que se porte bien y le reconozca su rol. Para Wall Street, el Fondo es casi un empleado que le hace los mandados, pero tiene reglas y procedimientos que en teoría debe cumplir, además de integrar en el board a países con intereses no siempre coincidentes, como Estados Unidos, Alemania, China, Japón y Francia".

 

En el Gobierno lo analizan de otra manera: “Wall Street espera la plata del Fondo. El apoyo de Wall Street no te sirve de mucho. El dinero de Wall Street vendrá cuando terminen de vender los bonos que les sobran. Hasta entonces, al menos el mercado encontró piso”.

 

Entre las peleas personales y las alzas y bajas que duran un abrir y cerrar de ojos, hay intereses en pugna que libran una batalla despiadada por tomar ganancias. Los nombres de los funcionarios son secundarios y sólo pesan en función de los intereses que protegen. Lo mismo corre para el caso de Macri, devenido en el más destacado actor de reparto.

 

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