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La gobernadora no tiene un pensamiento articulado en la materia ni hace consultas amplias. Escucha a su ministro clave, Hernán Lacunza. ¿Qué medidas tomaría? ¿Es realmente el ala sensible de PRO?
Por 15/08/2018 17:31

Ella jura que ni se le cruza por la cabeza ser candidata a presidenta el año que viene y que su único objetivo es seguir siendo la gobernadora de la provincia de Buenos Aires. No hay por qué no creerle. De hecho, así piensan en la Casa Rosada y en La Plata. Sin embargo, las primeras encuestas que llegaron a los despachos oficiales indican que el escándalo de los cuadernos K no está provocando una baja significativa del apoyo a Cristina Kirchner y, por el contrario, consignan una preocupación social mucho mayor por la malaria económica de hoy que por la corrupción del pasado reciente. Así las cosas, ¿será posible un plan B? Y si lo hay, ¿qué habría que esperar en lo económico de María Eugenia Vidal? ¿Qué haría hoy, por ejemplo, para domar lo que el Gobierno llama turbulencia o tormenta?

“Realmente, en este turno no se la ve como presidenciable. Además, la relación de Mauricio (Macri) y María Eugenia es inmejorable y ella no es alguien que vaya a estar a los codazos para anotarse en una pelea más grande. En eso es un poco diferente de Horacio (Rodríguez Larreta)”, le dijo a Letra P, divertida, una fuente nacional con conocimiento de causa.

De cualquier forma, aclara, la relación entre el Presidente y la gobernadora es tan buena que habría que ver qué ocurriría si fuera el propio Macri el que decidiera correrse de la carrera y le pidiera que lo sucediera. “María Eugenia es un soldado”, afirma, aunque aclara que nada de eso es hoy una hipótesis sobre la que se trabaje. Esto también hay que creerlo.

Pese a todo eso, la figura de la gobernadora bonaerense resulta intrigante, para 2019 o para más adelante. Dirigente mejor valorada del país a pesar de su caída reciente, rostro social dentro de un proyecto liberal-conservador entregado hoy en cuerpo y alma a un ajuste fondomonetarista, su perfil lleva a preguntarse qué sería de la Argentina en sus manos.

 

La cara amable del PRO. ¿Y si manejara la economía? ¿Qué haria?

 

EXPERTISE AUSENTE. En la Casa Rosada la consideran una mujer sin un pensamiento económico ideológicamente articulado, al revés de Rodríguez Larreta, con quien, se sabe, suele actuar en tándem. Pero eso no debe llevar a subestimarla, ya que los funcionarios nacionales que la vieron involucrarse en discusiones la consideran dispuesta a pedir consejos y rápida para absorberlos.

En el Gobierno todavía recuerdan lo duramente que resistió en febrero del año pasado el “retoque” que se le pretendió dar a la forma de calcular los ajustes jubilatorios, antes del traumático tratamiento parlamentario de la reforma de la fórmula, que mereció la recordada queja del vicejefe de Gabinete Mario Quintana: "No nos pueden correr por corregir un error matemático de 20 pesos”. De hecho, Quintana fue entonces uno de los blancos de la ira de la gobernadora.

Vidal delega lo económico y no tiene la rutina de reunirse con economistas para formarse opinión y anticiparse a los problemas, aunque el tema le interesa, sobre todo por sus impactos sociales. Su referencia casi excluyente es su ministro de Economía, Hernán Lacunza, quien estuvo seriamente en la mira de Macri para pasar el Banco Central (BCRA) cuando decidió la defenestración de Federico Sturzenegger.

 

Al frente, Lacunza, después de una de las incontables pulseadas con los docentes bonaerenses.

 

Mano derecha de Martín Redrado en sus años al frente de la autoridad monetaria, Lacunza se quedó con la gobernadora, pero tiene una mirada propia sobre la agitada coyuntura económica y financiera nacional. Dada su influencia sobre Vidal, cabe pensar que las ideas del ministro serían, si a aquella le tocara hoy liderar el país, las de ella misma.

LA ARGENTINA SEGÚN VIDAL. Lacunza (Vidal) piensa que, al revés de la de abril-junio, la corrida contra el peso que recrudeció esta semana es irracional, porque los fundamentos de la economía no la justifican, porque el tipo de cambio ya no está atrasado y porque el déficit externo ya no es, como antes, del 5% del PBI.

El cerebro económico de Vidal cree, según cuentan quienes lo conversan con él, que la economía ya se reseteó y que, con el valor actual, no hace falta que el dólar suba más. Reclama, eso sí, una tarea de esclarecimiento a la sociedad y al exterior de que la Argentina no es Turquía y que no hay riesgo de default porque está vigente un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

 

 

Por lo demás, la provincia acompaña lo que se está haciendo a nivel nacional, puntualmente los intentos del Luis Caputo, observados en las medidas recientes del Banco Central para estabilizar el dólar, algo que pone en duda la idea de que la gobernadora sea, en el fondo, el ala sensible del proyecto oficial o que encabece un línea más moderada.

El plan para rescatar las Lebac, que va a dejar hasta fin de año más de 100.000 millones de pesos flotando cada mes en el mercado, dinero que puede pasarse al dólar, tiene riesgos. El mayor es que una continuidad de la corrida cambiaria siga alimentando la inflación, pero que ese peligro puede controlarse en la medida en que el BCRA ponga, dicen, toda la munición que haga falta, es decir, los dólares que reclame el mercado.

 

 

Cuando se logre estabilizar el dólar, en dos meses se podría comenzar a bajar las tasas de interés, pero sin apurarse. Para el gobierno bonaerense, el rebote del nivel de actividad podría darse entre enero y marzo.

En La Plata también apoyan los últimos anuncios de Nicolás Dujovne para asegurar el cumplimiento del ajuste pactado con el FMI. Todo sea por dejar claro que el plan negociado con el Fondo se va a cumplir, algo fundamental para el mercado, porque no hacerlo equivaldría a defaultear.

 

 

NI DE DERECHA NI DE IZQUIERDA. A falta de un pensamiento económico articulado, a Vidal la obsesiona la búsqueda de resultados de gestión. Parece creer sinceramente que no hay soluciones de derecha o de izquierda, sino solamente respuestas eficaces o ineficaces a problemas concretos. En sus participaciones en la mesa chica nacional del Gobierno se la ve saltar con naturalidad por encima de lo ideológico. “Con que le traigan una solución, le basta. En eso es diferente no solo de Horacio, sino incluso de Mauricio”, explican. “Por encima de cualquier cosa, es una pragmática”, la definen en Balcarce 50. Seguramente, este rasgo es el que le permite conjugar su declamada vocación social con su pertenencia fiel a un Gobierno obsesionado en el turbulento cortísimo plazo por el ajuste fiscal.

Vidal cree en un Estado activo y le presta atención a cualquier situación o medida que tenga un impacto social considerable. Quienes la conocen le atribuyen una sensibilidad especial para surfear las olas del humor social. “Cuando se pelea con los sindicatos docentes de la provincia -dicen- lo hace porque percibe que un sector de la población demanda que se les ponga un freno”. Pero después busca que los aumentos salariales del sector, que se encarga de administrar en el día a día mientras la paritaria no encuentra nunca un final, en los hechos vayan acompañando más o menos de cerca a la inflación, agregan allí.

Ella entiende y explica que las paritarias en el Estado tienen una lógica diferente que las del sector privado. En el Estado no negocia una empresa que puede pagar más o menos, estirarse, negociar… En el Estado el que paga los salarios, en definitiva, es el contribuyente. “A mí que me digan a quién le saco para darles más a otros”, dice.

 

En el último timbreo, Vidal con Macri. Una vecina se acercó con facturas, pero de luz.

 

PREOCUPACIONES ACTUALES. Sus recientes participaciones en la mesa chica presidencial la muestran inquieta por la falta de recursos para hacer frente a las necesidades de la provincia en una coyuntura socialmente exigente.

En la Casa Rosada la perciben preocupada por lo que entiende como una intención de los gobernadores peronistas de que el ajuste se cebe especialmente con su provincia.

Cree que su mayor triunfo fue el acuerdo por el que la Nación actualizó y entregó el dinero del Fondo del Conurbano, pero ahora siente el peligro de que se le termine sacando más de la cuenta para encolumnar a los gobernadores y lograr la aprobación del próximo Presupuesto. “Eso la tiene a mal traer”, dijo una fuente que camina la Rosada.

En el Gobierno la tranquilizan y le aseguran que le van a ir dando plata en 2019. Ella confía. Pero lo que más la tranquiliza es saber que, sin una buena elección en su territorio, no hay reelección para Macri ni para nadie.

Aunque lo niegue, Vidal ya piensa en grande.

¿Qué haría hoy Vidal con la economía si fuera presidenta?

La gobernadora no tiene un pensamiento articulado en la materia ni hace consultas amplias. Escucha a su ministro clave, Hernán Lacunza. ¿Qué medidas tomaría? ¿Es realmente el ala sensible de PRO?

Ella jura que ni se le cruza por la cabeza ser candidata a presidenta el año que viene y que su único objetivo es seguir siendo la gobernadora de la provincia de Buenos Aires. No hay por qué no creerle. De hecho, así piensan en la Casa Rosada y en La Plata. Sin embargo, las primeras encuestas que llegaron a los despachos oficiales indican que el escándalo de los cuadernos K no está provocando una baja significativa del apoyo a Cristina Kirchner y, por el contrario, consignan una preocupación social mucho mayor por la malaria económica de hoy que por la corrupción del pasado reciente. Así las cosas, ¿será posible un plan B? Y si lo hay, ¿qué habría que esperar en lo económico de María Eugenia Vidal? ¿Qué haría hoy, por ejemplo, para domar lo que el Gobierno llama turbulencia o tormenta?

“Realmente, en este turno no se la ve como presidenciable. Además, la relación de Mauricio (Macri) y María Eugenia es inmejorable y ella no es alguien que vaya a estar a los codazos para anotarse en una pelea más grande. En eso es un poco diferente de Horacio (Rodríguez Larreta)”, le dijo a Letra P, divertida, una fuente nacional con conocimiento de causa.

De cualquier forma, aclara, la relación entre el Presidente y la gobernadora es tan buena que habría que ver qué ocurriría si fuera el propio Macri el que decidiera correrse de la carrera y le pidiera que lo sucediera. “María Eugenia es un soldado”, afirma, aunque aclara que nada de eso es hoy una hipótesis sobre la que se trabaje. Esto también hay que creerlo.

Pese a todo eso, la figura de la gobernadora bonaerense resulta intrigante, para 2019 o para más adelante. Dirigente mejor valorada del país a pesar de su caída reciente, rostro social dentro de un proyecto liberal-conservador entregado hoy en cuerpo y alma a un ajuste fondomonetarista, su perfil lleva a preguntarse qué sería de la Argentina en sus manos.

 

La cara amable del PRO. ¿Y si manejara la economía? ¿Qué haria?

 

EXPERTISE AUSENTE. En la Casa Rosada la consideran una mujer sin un pensamiento económico ideológicamente articulado, al revés de Rodríguez Larreta, con quien, se sabe, suele actuar en tándem. Pero eso no debe llevar a subestimarla, ya que los funcionarios nacionales que la vieron involucrarse en discusiones la consideran dispuesta a pedir consejos y rápida para absorberlos.

En el Gobierno todavía recuerdan lo duramente que resistió en febrero del año pasado el “retoque” que se le pretendió dar a la forma de calcular los ajustes jubilatorios, antes del traumático tratamiento parlamentario de la reforma de la fórmula, que mereció la recordada queja del vicejefe de Gabinete Mario Quintana: "No nos pueden correr por corregir un error matemático de 20 pesos”. De hecho, Quintana fue entonces uno de los blancos de la ira de la gobernadora.

Vidal delega lo económico y no tiene la rutina de reunirse con economistas para formarse opinión y anticiparse a los problemas, aunque el tema le interesa, sobre todo por sus impactos sociales. Su referencia casi excluyente es su ministro de Economía, Hernán Lacunza, quien estuvo seriamente en la mira de Macri para pasar el Banco Central (BCRA) cuando decidió la defenestración de Federico Sturzenegger.

 

Al frente, Lacunza, después de una de las incontables pulseadas con los docentes bonaerenses.

 

Mano derecha de Martín Redrado en sus años al frente de la autoridad monetaria, Lacunza se quedó con la gobernadora, pero tiene una mirada propia sobre la agitada coyuntura económica y financiera nacional. Dada su influencia sobre Vidal, cabe pensar que las ideas del ministro serían, si a aquella le tocara hoy liderar el país, las de ella misma.

LA ARGENTINA SEGÚN VIDAL. Lacunza (Vidal) piensa que, al revés de la de abril-junio, la corrida contra el peso que recrudeció esta semana es irracional, porque los fundamentos de la economía no la justifican, porque el tipo de cambio ya no está atrasado y porque el déficit externo ya no es, como antes, del 5% del PBI.

El cerebro económico de Vidal cree, según cuentan quienes lo conversan con él, que la economía ya se reseteó y que, con el valor actual, no hace falta que el dólar suba más. Reclama, eso sí, una tarea de esclarecimiento a la sociedad y al exterior de que la Argentina no es Turquía y que no hay riesgo de default porque está vigente un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

 

 

Por lo demás, la provincia acompaña lo que se está haciendo a nivel nacional, puntualmente los intentos del Luis Caputo, observados en las medidas recientes del Banco Central para estabilizar el dólar, algo que pone en duda la idea de que la gobernadora sea, en el fondo, el ala sensible del proyecto oficial o que encabece un línea más moderada.

El plan para rescatar las Lebac, que va a dejar hasta fin de año más de 100.000 millones de pesos flotando cada mes en el mercado, dinero que puede pasarse al dólar, tiene riesgos. El mayor es que una continuidad de la corrida cambiaria siga alimentando la inflación, pero que ese peligro puede controlarse en la medida en que el BCRA ponga, dicen, toda la munición que haga falta, es decir, los dólares que reclame el mercado.

 

 

Cuando se logre estabilizar el dólar, en dos meses se podría comenzar a bajar las tasas de interés, pero sin apurarse. Para el gobierno bonaerense, el rebote del nivel de actividad podría darse entre enero y marzo.

En La Plata también apoyan los últimos anuncios de Nicolás Dujovne para asegurar el cumplimiento del ajuste pactado con el FMI. Todo sea por dejar claro que el plan negociado con el Fondo se va a cumplir, algo fundamental para el mercado, porque no hacerlo equivaldría a defaultear.

 

 

NI DE DERECHA NI DE IZQUIERDA. A falta de un pensamiento económico articulado, a Vidal la obsesiona la búsqueda de resultados de gestión. Parece creer sinceramente que no hay soluciones de derecha o de izquierda, sino solamente respuestas eficaces o ineficaces a problemas concretos. En sus participaciones en la mesa chica nacional del Gobierno se la ve saltar con naturalidad por encima de lo ideológico. “Con que le traigan una solución, le basta. En eso es diferente no solo de Horacio, sino incluso de Mauricio”, explican. “Por encima de cualquier cosa, es una pragmática”, la definen en Balcarce 50. Seguramente, este rasgo es el que le permite conjugar su declamada vocación social con su pertenencia fiel a un Gobierno obsesionado en el turbulento cortísimo plazo por el ajuste fiscal.

Vidal cree en un Estado activo y le presta atención a cualquier situación o medida que tenga un impacto social considerable. Quienes la conocen le atribuyen una sensibilidad especial para surfear las olas del humor social. “Cuando se pelea con los sindicatos docentes de la provincia -dicen- lo hace porque percibe que un sector de la población demanda que se les ponga un freno”. Pero después busca que los aumentos salariales del sector, que se encarga de administrar en el día a día mientras la paritaria no encuentra nunca un final, en los hechos vayan acompañando más o menos de cerca a la inflación, agregan allí.

Ella entiende y explica que las paritarias en el Estado tienen una lógica diferente que las del sector privado. En el Estado no negocia una empresa que puede pagar más o menos, estirarse, negociar… En el Estado el que paga los salarios, en definitiva, es el contribuyente. “A mí que me digan a quién le saco para darles más a otros”, dice.

 

En el último timbreo, Vidal con Macri. Una vecina se acercó con facturas, pero de luz.

 

PREOCUPACIONES ACTUALES. Sus recientes participaciones en la mesa chica presidencial la muestran inquieta por la falta de recursos para hacer frente a las necesidades de la provincia en una coyuntura socialmente exigente.

En la Casa Rosada la perciben preocupada por lo que entiende como una intención de los gobernadores peronistas de que el ajuste se cebe especialmente con su provincia.

Cree que su mayor triunfo fue el acuerdo por el que la Nación actualizó y entregó el dinero del Fondo del Conurbano, pero ahora siente el peligro de que se le termine sacando más de la cuenta para encolumnar a los gobernadores y lograr la aprobación del próximo Presupuesto. “Eso la tiene a mal traer”, dijo una fuente que camina la Rosada.

En el Gobierno la tranquilizan y le aseguran que le van a ir dando plata en 2019. Ella confía. Pero lo que más la tranquiliza es saber que, sin una buena elección en su territorio, no hay reelección para Macri ni para nadie.

Aunque lo niegue, Vidal ya piensa en grande.