10|4|2021

Chocobar: todos a los medios a transformar un error en un plan

06 de febrero de 2018

06 de febrero de 2018

El Gobierno intervino la agenda mediática para revertir la lógica del escándalo que desató la presencia del policía en el despacho presidencial. La "doctrina" Bullrich y la "demanda social" como ejes.

En una maniobra comunicacional presumiblemente coordinada y cuanto menos unívoca, el Gobierno decidió redoblar la apuesta y blindar Casa Rosada. Horas después de que la publicación de un video desatara duros cuestionamientos hacia el presidente Mauricio Macri por haber recibido como un héroe al policía Luis Chocobar, la estrategia fue desarmar ese error y transformarlo en convicción. Para luego tomar esa convicción y transformarla en un plan.

 

Marcos Peña resumió en una frase todo ese plan. “No fue un error recibir a Chocobar en la Casa Rosada. El Presidente interpretó la demanda social de tener el beneficio de la duda con las fuerzas policiales”. En esas dos oraciones el jefe de Gabinete conceptualizó toda la jugada del gobierno de Cambiemos. En primer lugar: no fue un error, fue una convicción; y en segundo lugar: no es una convicción aislada, es lo que demanda la sociedad.

 

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, redondeó esa convicción en una idea. No sólo están seguros de que recibir al policía que mató por la espalda a Pablo Kukoc es lo que tenían que hacer. Sino que, en caso de que el accionar de Chocobar haya sido ilegal, eso es lo que el Gobierno pretende de sus policías y cambiará la “doctrina”, de ser necesario, para que todos los policías puedan actuar del mismo modo.

 

 

 

“Cambió la doctrina, la Policía no es culpable en un enfrentamiento”, aseguró la funcionaria. E incluso fue más allá todavía: “La acción del policía no es de legítima defensa, pero ratifica la mirada que tenemos desde nuestro gobierno hacia la policía y las fuerzas”.

 

El otro miembro del Gobierno que puso la voz en defensa del accionar presidencial fue su principal asesor y estratega comunicacional, Jaime Durán Barba. Fue él quien enriqueció el concepto de Peña, de que se trataba de una “demanda social”.

 

"La gente lo que pide es que se reprima brutalmente a los delincuentes -agregó-. Yo no estoy de acuerdo con eso. Hemos hecho encuestas en Argentina, México, Brasil, Guatemala y Ecuador, y la inmensa mayoría de la gente quiere pena de muerte. Yo no estoy de acuerdo con eso. Pero la gente está desesperada con el delito y no puede estar contenta con que los delincuentes tengan más derechos que los policías", explicó el consultor ecuatoriano.

 

Tampoco asoma casual las espadas elegidas por el Gobierno para salir a imponerse en la agenda mediática. Uno, Peña, es el principal vocero del Ejecutivo; otro, Durán Barba, es la cabeza de la comunicación macrista; y la tercera es la responsable de poner en ejecución el sistema represivo y de seguridad del gobierno de Cambiemos.

 

 

 

AGENDA CARGADA. La instalación del discurso de mano dura llega tras semanas complicadas del Gobierno en los medios.

 

Llega luego de que el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y Peña reconocieran en diciembre la necesidad de “recalcular” las metas fiscales para 2018 porque no pudieron contener la “inflación” como habían planeado por debajo del 10%, en las últimas semanas desde el propio Poder Ejecutivo fomentaron una seguidilla de temas que sirvieron para relativizar los efectos de la crisis económica ante la opinión pública.

 

Todo comenzó con el escándalo que desató la difusión sobre el sueldo que cobraba la hija del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, como su asesora y como respuesta espasmódica, surgió del tintero de la Jefatura de Gabinete el decreto antinepotismo, que planteó dos soluciones posibles a conflictos admitidos por el Gobierno: ante las protestas por despidos que se producen a cuenta gotas en distintos organismos del Estado, el mensaje fue que Macri y sus ministros darán el ejemplo de austeridad, despidiendo a sus propios familiares.

 

Pero lo que pretendió ser una solución, pronto se transformó en otra crisis de comunicación al conocerse la cantidad de familiares del macrismo empleados en el Estado. Muchos de ellos que todavía resisten en sus puestos.

 

En ese marco, apareció el caso Chocobar, el policía de Avellaneda que disparó por la espalda a un delincuente. La respuesta del Gobierno fue una foto del uniformado con el presidente, en su despacho de Casa Rosada.

 

Paralelamente, Peña apostó a relativizar el conflicto con la CGT y principales gremios por el tope del 15 por ciento que intenta imponer el Gobierno como techo de las paritarias pese al reconocimiento del aumento de la inflación que ya algunos sectores calculan en un 20 por ciento para este año, con las denuncias por presunta “corrupción” y “amenazas mafiosas” contra varios popes del sindicalismo, entre ellos, Hugo Moyano.

 

En febrero aumentaron el transporte, las naftas, los peajes y la devaluación del 6 por ciento del peso comenzó a trasladarse a los precios de las góndolas de supermercados y comercios, mientras el Gobierno analiza cómo encarar la nueva estrategia de comunicación para relativizar los efectos en el bolsillo de los argentinos de los nuevos aumentos tarifarios previstos a partir de marzo, y que la falta de contención de la inflación, no aparezca como un nuevo fracaso.

 

En ese contexto, otro escándalo se destapó a partir de la difusión de un informe secreto elaborado por la Armada Argentina y presentada por el Ministerio de Defensa ante la Justicia para investigar la desaparición del submarino ARA San Juan, que no descarta la posibilidad de un incidente de tipo internacional que derivó en la explosión del navío el 15 de noviembre pasado. Otra respuesta espasmódica del Gobierno, tapando errores con errores, diría Durán Barba: “todo Presidente comete errores”, mientras algunos apuntan a una mentira y responsabilidad de los jefes de la Armada.

 

Ante ese escenario, Macri decidió redoblar la apuesta al recibir este martes a los familiares de los 44 tripulantes desaparecidos en la Casa Rosada, después de 80 días de no saberse nada de ellos.

 

Todo terminó confluyendo en una estrategia superior en la que, con las horas, sumó a todo el aparato de comunicación del Gobierno para retomar las riendas de la agenda pública.