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YPF, la batalla perdida del privatizador solitario

El ministro de Energía volvió a referirse a la posibilidad de que la petrolera pase a ser privada. Un plan que rechaza Marcos Peña y la propia firma de bandera. Cronología de una disputa personal.
Por 06/02/2018 16:17

Años pasó el sector petrolero esperando un ministro de Energía del riñón propio, con el que poder interactuar mano a mano, sin ruido político ni diferencias en la concepción del negocio. Pero el primer depositario de esa ansiedad terminó siendo un cuadro complejo, que riñe más con los CEOs que sus antecesores, por cuestiones menos importantes, y que incluso fogonea la polémica interna con sus pares en el Gobierno. Juan José Aranguren, el ex Shell hoy al frente de la cartera, afronta diferencias profundas con el sector en el que se desempeña a diario. Una de ellas, casi vital para el éxito de su gestión: la relación tirante que mantiene con YPF, la petrolera de bandera que es la nave insignia en upstream y downstream y la que viene marcando el pulso de los aumentos en los combustibles.

El ministro volvió a retomar un tema espinoso: la idea de re privatizar YPF. Es un viejo anhelo personal desde sus años en la firma angloholandesa. Aranguren entiende que el esquema estatal no es el apropiado y que lo mejor es pasarla de manos. Lo había mencionado concretamente meses atrás, pero este martes, en una vista a la planta de Tecpetrol en Vaca Muerta, refirió al tema una vez más: “El futuro deben decidirlo los accionistas y, entre ellos, está el Estado, que tiene el 51%”, detalló ante una pregunta de Letra P en una ronda de prensa. 

 

Aranguren en Vaca Muerta, visitando la planta de Tecpetrol

 

Esa posición, que muy pocos comprenden en la esfera política y en el sector privado, lo dejó aislado peleando por una idea que sostiene en soledad. Fuentes oficiales confiaron a Letra P que ni el jefe de Gabinete, Marcos Peña, ni el presidente de YPF, Miguel Ángel Gutiérrez, piensan en algo similar. Sin ir más lejos, en 2017, Gutiérrez llevó a Nueva York un plan a cinco años que les mostró a los accionistas, una muestra de confianza en el modelo de firma mixta. “La obsesión es personal, me parece que sobreactúa un poco una diferencia con el Gobierno, para mostrar algo”, detallaron en Casa Rosada respecto a la patriada en solitario del “Vasco”.

El tema, en 2017, llegó incluso hasta el presidente Mauricio Macri. Cuentan los que lo frecuentan que fue el vice de Gabinete, Mario Quintana, el que convenció al jefe de Estado de seguir en esta línea. Más aún en un mundo de precios inestables, energía escasa y problemas geopolíticos.

Hoy, el vínculo es tirante con YPF, casi que no se hablan al momento de establecer los aumentos en los combustibles. Y, además, carga en la espalda de Aranguren la compleja situación que generó la denuncia por cartelización en los precios que recayó en las petroleras.

Con la Rosada, la relación del “Vasco” es ambigua. Algunos pocos lo respetan y el resto se arrepiente de la designación. Cuando se apostó por él, a Macri lo atrajo su fuerte perfil ante K, que tomó vuelo público en sus disputas con el ex secretario de Comercio Guillermo Moreno. En su momento, algunos le advirtieron a Macri que el CV de Aranguren no era brillante en el metier energético. Y que era mejor pensar una alternativa. El presidente lo bancó y lo banca, a pesar de las tensiones que generan sus opiniones y los conflictos que tuvo con sus segundos en el mando.