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El alcalde advierte que el Presidente “se lo pidió”, pero que aún no hay definiciones. Con un ojo en las elecciones en las provincias, la Casa Rosada estudia si desdobla o unifica. El factor Lousteau.
Por 20/10/2018 10:38

Es un hecho. De no mediar ningún inconveniente político, el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, tendrá en una semana la llave para definir cuándo serán las elecciones de la Ciudad de Buenos Aires. Será un hecho inédito para el distrito, que pelea por su autonomía definitiva desde hace dos décadas pero no cuenta con Código Electoral propio. A su vez, la novedad representa un interrogante para el PRO: ¿Conviene unificar las elecciones con el intento de reelección de Mauricio Macri o presentar un triunfo previo para generar ola ganadora antes de octubre?

El número que gira en la cabeza de las espadas de Cambiemos en la Legislatura porteña es el 55. Cruzan los dedos y prefieren evitar el poroteo previo, pero en la Jefatura de Gobierno cuentan con esa cantidad de votos para aprobar el Código que, entre otras cosas, instaurará la paridad de género y el debate obligatorio de candidatos y creará un Instituto de Gestión Electoral y un Tribunal Electoral.

Sin embargo, el punto central para el Gobierno pasa por el único artículo que entra en vigencia una vez aprobado el texto: la lapicera que define cuándo serán las elecciones ejecutivas en la Ciudad queda para Rodríguez Larreta, con el agregado de que se eliminan de un plumazo todas las normativas que impiden esa situación. En rigor, se derogan las leyes que bloquean la simultaneidad de los comicios porteños con los nacionales.

 

 

Incluso, hace semanas, se analizó la posibilidad de presentar una ley propia que deje al alcalde esa potestad. La iniciativa se charló con dirigentes de la oposición, pero naufragó con el tiempo porque el bloque Vamos Juntos sobrepasó los 40 votos necesarios. El propio Larreta hizo llegar, a través de intermediarios, el mensaje a los principales líderes opositores de que necesitaba la unificación.

Sobre esa potestad pesan un sinfín de especulaciones. Macri le reclamó la unificación a Larreta en varias oportunidades, pero el PRO debió activar el debate en la Legislatura y chocó con el bloque de Martín Lousteau, que aún mantiene su intención de disputar -ahora en una primaria dentro de Cambiemos- la Jefatura de Gobierno en 2019, aunque la Unión Cívica Radical (UCR) lo quiere convencer de que “aspire a más”. En paralelo, la Casa Rosada presionó para que se formalice Cambiemos en la Ciudad, una deuda de Larreta con su predecesor.

Pese a ese cortocircuito, los diputados de la UCR porteña y Lousteau votarán a favor del texto que lleva más de un año de debate, entre charlas abiertas que promocionó el Gobierno y la discusión parlamentaria. Lo mismo harán los legisladores del kirchnerismo y el Bloque Peronista. El FIT y Autodeterminación y Libertad no acompañarán la iniciativa.

 

 

De un total de 60 diputados, el oficialismo asegura tener 55 votos afirmativos. Las negociaciones políticas pasan por el póker de lugartenientes de Rodríguez Larreta en Perú 160: Francisco Quintana y Agustín Forchieri, el legislador de la Coalición Cívica Maximiliano Ferraro y su par de Confianza Pública Diego García Vilas. En tanto, el aspecto técnico y legislativo quedó en manos de los diputados Diego Marías y Natalia Fidel, presidentes de las comisiones de Asuntos Constitucionales y de Reforma Política, respectivamente. Además, la negociación entre el oficialismo y la oposición corre por un andarivel que va desde la Legislatura porteña al Ministerio de Gobierno, donde originalmente nació la iniciativa de manos del ministro Bruno Screnci Silva y el subsecretario de Reforma Política y Asuntos Legislativos, Hernán Charosky

La unificación de las elecciones de la Nación y la Ciudad podría traer una unificación discursiva. Atar la renovación de mandato de Macri y Larreta traería aparejado, por el momento, un debate con los temas candentes nacionales. A pesar de que el Gobierno porteño aspira a exhibir obras públicas y plebiscitar su gestión desde lo hecho en la Ciudad, la discusión sobre la situación económica será excluyente.

Rodríguez Larreta, aunque sufre altibajos, mantiene bien arriba los números de intención de voto e imagen positiva de su gestión. Tras la corrida cambiaria bajó, pero mucho menos que Macri y la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. En el Gobierno capitalino adoptaron una muletilla para hablar del 2019: “Falta mucho”, repiten a coro. Sin embargo, proliferan los análisis sobre el panorama eleccionario.

 

 

En el fuero más íntimo del jefe de Gobierno admiten que el mejor escenario es mantener el esquema desdoblado. Alejado de los conflictos nacionales, su boleta y su campaña se acotarían a los márgenes de la Ciudad. Los números, al menos los que examina junto a Jaime Durán Barba, le dan la razón. Pero Macri le pidió la unificación y Rodríguez Larreta espera una señal definitiva desde Balcarce 50. Sin embargo, buena parte de la plana mayor de Cambiemos mira de reojo las intenciones de los gobernadores peronistas.

Si las provincias del PJ adelantan las elecciones, bien podría la Ciudad mostrar un triunfo en las PASO de abril y las generales de julio para apalancar la reelección del Presidente. Sobre este punto hay un escenario que partió de las entrañas del PRO y que se discute en la Mesa Nacional de Cambiemos: la mayoría de los gobernadores opositores desdoblará el calendario y el Gobierno podría “no molestar” la campaña en la que los mandatarios buscarán mantener el dominio de su terruño. El objetivo apunta a aquellos gobernadores que, voluntaria o involuntariamente, no encuentren un candidato presidencial que los represente o, en otras palabras, los ayude a ganar sus provincias. Si ese análisis prospera, el método pasaría por no intervenir en determinados distritos durante la elección local y esperar el mismo trato en el comicio en el que se medirá Macri. Todas las variantes están sobre la mesa.

LOS DETALLES. El Código Electoral que se busca instalar en la Ciudad establece la paridad de género en listas, establece el debate obligatorio para candidatos a jefe de Gobierno, primer legislador y comuneros, además de habilitar un padrón automático de inmigrantes, como sugirió el Bloque Peronista. Este último punto aclara que el voto no es obligatorio para este sector del electorado.

A su vez, el Gobierno debió ceder y no pudo incorporar el capítulo que abría la puerta al financiamiento de empresas. Esa novedad quedó en el tintero, tras un debate interno en el oficialismo por el escándalo de los cuadernos de las coimas en la obra pública. Ese punto quedará tal cual opera actualmente: únicamente se permite el aporte estatal y el de las personas físicas, como marca la Ley N°268.

Pese a los intentos de la oposición, el Instituto de Gestión Electoral (IGE), órgano encargado de la administración de los comicios, tendrá un único miembro propuesto por el Ejecutivo y que deberá ser votado por dos tercios de los diputados. Fue vital el aporte del ex jefe de la Dirección Nacional Electoral Alejandro Tullio, que barrió de cuajo la idea de un organismo colegiado. “No queremos otra Legislatura”, explicó el PRO a la hora de negociar con los bloques opositores.

 

 

Se crea un Tribunal Electoral que atenderá específicamente todo lo concerniente a los comicios. Actualmente, esa función la cumple el Tribunal Superior de Justicia (TSJ), que con esta ley pasaría a trabajar en segunda instancia. Para la Corte porteña es un triunfo por el que, a sottovoce, trabajó durante años. El futuro Tribunal Electoral tendrá un presidente permanente y dos magistrados ad hoc, que representarán al Contencioso Administrativo y Tributario y el Penal, Contravencional y de Faltas, los fueros porteños.

El Código Electoral, también, abre la posibilidad de utilizar la Boleta Única Electrónica (BUE) o la boleta única de papel. Este último punto fue negociado hasta última instancia por el bloque de Lousteau, que lo incluyó como prioridad en el proyecto que presentaron a mitad de año.

El proyecto que se votará el jueves 25 de octubre se suma a una larga lista de intentos fallidos de instaurar una ley electoral propia en la Ciudad: se presentaron más de 40 expedientes desde que la Ciudad obtuvo su autonomía.

Por último, la normativa se mete en las internas partidarias o de frentes electorales. Para resolver el reparto de lugares entre listas que compitieron en PASO se propone eliminar el sistema d'hont. De esa manera, explican, se buscaría evitar casos en que la matemática impida cumplir con la paridad de género, por ejemplo. Este punto aplica únicamente para dirimir la nómina final que competirá en las elecciones generales en caso de que existan internas en los frentes electorales.