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Los dos a la final: hay segunda vuelta en octubre

El escandaloso escrutinio, que dio empate en Buenos Aires y posible caída PRO en Santa Fe, licuó la euforia oficial y terminó de nacionalizar la batalla final entre Cambiemos y Unidad Ciudadana.
Por 14/08/2017 5:06

El mapeo nacional que dibujó el presidente Mauricio Macri frente a los medios antes de la medianoche del domingo comenzó a resquebrajarse pocas horas después, durante las primeras horas de este lunes 14, cuando el último tramo del escrutinio puso en duda las certezas que había construido Cambiemos, especialmente en la provincia de Buenos Aires, donde el desenlace final de las PASO se mudó desde las prematuras certezas de Costa Salguero a los cuestionamientos que comenzaron a retumbar en Sarandí, la localidad que eligió Unidad Ciudadana para instalar el comando de campaña de Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, por fuera del tramo final del conteo bonaerense, que dio un empate y mandó al kirchnerismo y al macrismo a una final abierta en octubre, el escenario de Santa Fe se transformó en un segundo bocado difícil de digerir para dos oficialismos: Cambiemos y la fuerza del gobernador de origen socialista, Miguel Lifschitz, cuyo Frente Progresista Cívico y Social (FCPyS) se quedaba en un incómodo tercer lugar detrás de su histórico adversario peronista, pero liderado por el ex ministro de Defensa de CFK Agustín “Chivo” Rossi.

Luego de la medianoche, la carga de los telegramas remitidos desde todas las mesas al Correo Argentino puso en crisis la victoria que Macri y Vidal intentaron acuñar como propia desde Costa Salguero. El discurso oficial pasó del empate técnico que había vaticinado el equipo de campaña de Cambiemos desde hace un mes, a una previsión que apuntó a instalar una victoria de Esteban Bullrich sobre CFK de 3 a 4 puntos. Esa seguridad se derrumbó al calor del escrutinio, que cuando pasó la medianoche comenzó a revertirse hasta un cabeza a cabeza que se extendió hasta las 4 de la mañana. Fue la hora elegida por la ex presidenta para anunciarse como “ganadora” y pedir perdón al electorado por el anuncio del resultado.

"El resultado de las elecciones parlamentarias es que hemos ganado las elecciones. Nunca pensé que iba a tener que pedirles perdón a todos los argentinos por este bochorno que hemos vivido en este país. Tal vez pensaron que esta noche nos íbamos a dormir, pero no nos vamos a dormir, nosotros no somos vagos porque nunca dejamos el trabajo a medias; nos gusta trabajar y es lo que mejor hacemos", dijo la ex presidenta en el discurso más largo de su campaña. A las 5 de mañana, con el 95,31% de los votos escrutados, Cambiemos tenía el 34,21% sobre el 34,10% de Unidad Ciudadana, y un tercer lugar para Sergio Massa con el 15,52%.

 

Cristina, de madrugada. A las 3.45 salió y sorprendió: "Hemos ganado las elecciones".

 

SANTA FE. A las 4.44 de la mañana, con 7.264 mesas escrutadas del total de 8.038 en toda la provincia, es decir, con el 90,37% de los votos contabilizados, la lista de Cambiemos liderada por Albor Cantard perdía por un punto, debajo del 27,57% que sumaba el Frente Justicialista. Detrás de ese duelo entre macristas y peronistas, el oficialismo santafesino corría en tercer lugar con el 12,26% de los sufragios. La demora del Correo Argentino en la carga de los telegramas recibidos en Santa Fe tuvo la misma dilación que fue materia de duras acusaciones en la provincia de Buenos Aires. “Nuestro compañero Agustín Rossi está a 0.8 (de diferencia) y todavía falta que se sume el 17% de las mesas de Rosario", disparó la ex presidenta a las 4 de la mañana desde Sarandí para equiparar la llamativa demora en la totalización de los votos contabilizados en dos de los cuatro territorios que eran claves para la arquitectura electoral de Cambiemos. La demora fue muy sugestiva: cuando el conteo provincial estaba cerca del 80%, aún no se habían contado ni el 60% de los votos rosarinos.

 

Pasadas las 22 del domingo, celebraba Cambiemos en Costa Salguero.

 

LA TRASTIENDA. Por simulación, acción u omisión, entre los asesores más cercanos del presidente Macri las primarias no son más que la institucionalización, en manos del Estado, de las encuestas que el PRO estrenó con Macri desde que se lanzó a la política luego de 2001. Ante las consultas de Letra P, dos funcionarios de la Casa Rosada intentaron relativizar los contornos más espinosos de los virtuales empates técnicos que las urnas plasmaron en la provincia más grande del país y en la única gobernada por el socialismo en alianza con un sector del radicalismo.

Sobre el filo de las cuatro de la mañana, el dramatismo de los empates en Buenos Aires y Santa Fe terminó de nacionalizar el desenlace de octubre. Precisamente el escenario que el equipo de comunicación de la Casa Rosada intentó postergar antes de la medianoche, con el anticipado cierre del búnker del oficialismo y la acelerada pose de victoria de Macri antes del desenlace en las urnas de dos de los cinco territorios más poblados de la demografía política nacional.  Tres horas después de la medianoche, dos altos funcionarios de la Casa Rosada se animaron a responder las incógnitas al respecto. “Crecimos un montón. Pero no ganamos nada. Eso será en octubre”, atajó un funcionario del jefe de Gabinete, Marcos Peña, mientras otro vocero de Balcarce 50 minimizó las cuitas santafesinas y aseguró que la clave para el desempate en octubre será gracias al díscolo José Boasso, socio díscolo de Cambiemos en Santa Fe, que se negó a participar de las internas de la alianza gobernante y peleó por afuera en las PASO. Luego de las 4 de la mañana, su sello “Unite por la libertad y la dignidad” cosechó el 6,03%. Esa exigua cifra posicionó al radical Boasso en un lugar expectante para la necesidad de Cambiemos de evitar una derrota en manos del kirchnerismo, luego de lanzarse a las primeras elecciones provinciales sin el actor Miguel Del Sel como traccionador de los sufragios que ahora le faltan al Gobierno para evitar que la provincia agroexportadora del litoral se transforme en la segunda mancha negra, que arrancó a la misma hora con el escrutinio bonaerense, al calor de una cuestionada demora en la carga de los telegramas dentro del Correo Argentino.