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Loro atado: la crisis del supremo

El presidente de la Corte extraña el poder que construyó en la era K, pese a los K: la ola amarilla es un tsunami que lo tambalea. Acechanzas, presiones y hostigamientos sobre el máximo del tribunal.

Por 09/11/2017 15:50
La servilleta de Macri

Cuando salió del túnel de la era kirchnerista, ostentaba la credencial de hábil político. El presidente de la Corte Suprema supo edificar su poder a partir de la negociación con las corporaciones, la protección de la cofradía de Comodoro Py, el lobby en los medios de comunicación y la resistencia ante el matrimonio Kirchner. Pero, cuando los planetas se alinearon y la “pesadilla populista” que tanto combatió quedó atrás, comenzó su hora más difícil.

Aunque madrugó al nuevo presidente con un fallo que lo obligó a discutir la coparticipación antes de sentarse en el Sillón de la Casa Rosada, la ola amarilla lo encontró dispuesto al colaboracionismo desde el minuto cero, cuando a Mauricio Macri se le ocurrió designar dos jueces por decreto y -ante la ola de indignación republicana- Ricardo Lorenzetti sólo atinó a decir que eran “bienvenidos”. Tuvo varios gestos después hacia el nuevo Presidente, como el de conceder la cabeza del camarista Eduardo Freiler. Pero también dosificó sus negativas en defensa propia: mandó a Juan José Aranguren a hacer audiencias públicas como paso previo al tarifazo y se despegó a tiempo del fallo del 2x1 de la nueva Corte a favor de los represores.

Sin embargo, el supremo apareció apuntado la semana pasada en el relanzamiento del gobierno de Cambiemos como uno más en la lista de los poderes permanentes que se resisten a la transformación. Y se cruzó dos días después con el ministro Germán Garavano, cuando el imberbe radical pretendió sermonearlo en un foro que organizaron juntos en la Facultad de Derecho. Ya era demasiado.

 

Buscando amigos en el oficialismo, Lorenzetti recibió a Vidal. Lo criticaron.

 

TOCAR FONDO. El lunes último, Lorenzetti hizo una jugada que -a ojos de sus detractores- lo mostró por primera vez en mucho tiempo desubicado. Recibió a María Eugenia Vidal con la brasa caliente del fallo por el Fondo del Conurbano delante de sus narices. 

Aunque el Centro de Información Judicial (CIJ) ¿informó? que el encuentro giró en torno a la lucha contra el narcotráfico, la gobernadora bonaerense salió agitando su optimismo por un pronunciamiento de la Corte a favor de su reclamo: descongelar la partida que Menem le otorgó a Duhalde para que pase de 650 millones de pesos a 50.000 millones por año. Todo indica que algo falló, sobre todo para Lorenzetti, que recibió cuestionamientos por haber incumplido una acordada de la propia Corte (la 7/2004) que obliga siempre a recibir a la contraparte en caso de un litigio. “Para aventar cualquier suspicacia”.

La foto del presidente del máximo tribunal con Maria Eugenia encendió todas las alertas entre los demás gobernadores y lo expuso a una recusación que por ahora no llegó.  El costo es alto. Aún si las partes coincidieron en una jugada que en realidad patea la pelota para fortalecer a la gobernadora -sin necesidad del fallo- y abrir la puerta a la salida política que pretenden las provincias. Para Lorenzetti, fue una forma de salir del banquillo de los acusados y volver a escena desde el lugar de autoridad. Viralizar una imagen a pura sonrisa con la dirigente más popular del oficialismo, justo cuando las dagas voladoras que parten desde el oficialismo le pasan cerca. 

 

Rompecabezas. Con los nuevos, la Corte se le desarmó a Lorenzetti. 

 

TE DEVORAN LOS DE AFUERA. Lorenzetti tiene dos frentes complicados. El primero es el de la interna dentro de la Corte, que, por primera vez en 13 años, está dividida. Como un archipiélago de islas -políticas y doctrinarias- obliga a su presidente a hacer malabares inéditos en busca de conservar la unidad de criterio que predominó en los años kirchneristas.

En el cuarto piso del Palacio de Tribunales conviven cinco jueces de tradiciones distintas y todos creen que tienen méritos para suceder a Lorenzetti, salvo Elena Highton de Nolasco por razones de salud. Juan Carlos Maqueda es el que más pergaminos tiene puertas adentro porque es el único peronista que llegó en los albores del kirchnerismo y sobrevive. Sin embargo, hay un dúo de antagonistas que también se prueba el traje del 1: Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti.

El dúo Ro-Ro, como lo llaman con malicia algunos habitués del lugar, expresa dos caras bien diferenciadas que -aunque lo nieguen- apuestan a destronar a Lorenzetti. Cada uno con su biblioteca, el ex rector de la Universidad de San Andrés y el ex ministro de Néstor Kirchner coinciden en algo: hablan de “la vieja Corte” como forma de aludir a Lorenzetti. Mientras Rosenkrantz es la garantía de las grandes empresas, Rosatti es la esperanza de los sindicatos y la piedra en el zapato de todos los fallos en contra de los derechos del trabajador que viene aprobando la Corte. Sin embargo, el santafesino que Carrió elogia tuvo una patinada grande que su coterráneo Lorenzetti celebra: falló a favor del 2x1 para los genocidas.

El lunes, como pocas veces, el supremo logró la unanimidad, en su contra: a ninguno le cayó en gracia la pose del “Loro” junto a Mariu cuando el expediente del Fondo del Conurbano está en la Corte y aún tiene un largo recorrido por hacer. Para el 20 de noviembre, se espera, por ejemplo, la presentación de la última provincia: Tierra del Fuego.

 

 

LA OLA AMARILLA. En el gobierno nacional, hoy lo que predomina -al menos en la superficie- es el malestar con la Justicia. A la vanguardia de la ofensiva pública, está el ala que reclama la cabeza de Lorenzetti liderada por Elisa Carrió, que lo corre con el juicio político. La otra, con Macri y Marcos Peña en el vértice, exige cambios que -aunque son más modestos- suenan a herejía en un poder judicial con modos de nobleza: celeridad y austeridad. Para los altos mandos de la Casa Rosada, incluso los números del superávit que exhibe el máximo tribunal son muestras de sus privilegios y le pueden jugar en contra. Los 14.000 millones de pesos, que antes servían al líder supremo para protegerse de cualquier ofensiva kirchnerista, ahora son una partida de las que, según Cambiemos, deben ajustarse a la nueva época. 

El Presidente no sólo retó al titular de la Corte en el Centro Cultural Kirchner. Además, emitió en Manhattan una sentencia que lo desautoriza: dijo ¿sin pruebas pero sin dudas? que al fiscal Alberto Nisman “lo mataron”. Fueron las pericias del Cuerpo Médico Forense que depende de la Corte las que afirmaron, en un primer momento, que el fiscal se había suicidado. En busca de reducir daños, en septiembre pasado, el máximo tribunal firmó un comunicado para despegarse de la autopsia y sostener que el Cuerpo Médico Forense tiene “completa autonomía”, algo que niegan los mismos peritos que, además, dicen haber informado previamente los resultados a la Corte. Como sea, Macri se quedó con las pericias de Gendarmería, su fuerza predilecta, y repuso el caso en el tope de la agenda de Comodoro Py y los grandes medios.

 

 

Sin embargo, el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial coinciden en una escena: los dos sacan rédito de las funciones de Comodoro Py sobre la corrupción kirchnerista con cárcel incluida. La detención de Amado Boudou y, sobre todo, la del diputado desaforado Julio De Vido no reconocen límites ni antecedentes. “Se manipulan expedientes, plazos, derechos y garantías para hacer un espectáculo que está lejos de la calidad institucional”, según la definición que el profesor de Derecho Constitucional de la UBA Lucas Arrimada publicó en el diario Perfil.

El criterio Irurzún -un discípulo de Lorenzetti que parece haberse independizado- es una guillotina que pende sobre la cabeza de actuales funcionarios, como “Juanjo” Aranguren y “Toto” Caputo. Ya la astuta Graciela Camaño reclamó que vayan presos ante el silencio de Carrió. Más allá de que censure algunos modos, la Casa Rosada disfruta por ahora sin pensar en que habrá un mañana. Ya les pasó a otros.

Por ese beneficio mutuo que los une en el escarnio kirchnerista, también están los que descreen de la tensión entre el macrismo y la Corte y vislumbran a Lorenzetti con capacidad de sobrevivir a su mala hora. Como muestra, apuntan a un botón: el manejo de las escuchas judiciales que históricamente controló la ex SIDE y que -con un interregno en manos de la Procuración- pasaron con Macri a dominio del rafaelino. Las grabaciones que figuran en expedientes y se filtran con ilegal precisión quirúrgica a tanques mediáticos aliados del oficialismo siguen en manos de la Justicia. Mientras Lorenzetti controle ese arsenal, opinan los desconfiados, la alianza con Cambiemos será indestructible.