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Aguer y la dictadura: “Necesitamos paz, olvido, borrón y cuenta nueva”

El arzobispo local dijo que “la política de memoria, verdad y justicia” es una manera “pomposa” de llamar “al rencor y a la venganza”. Además, pidió “un país rico” sin pobres o “con los menos posible”

Por 26/05/2016 19:37

El arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, dijo que “la política de memoria, verdad y justicia” que impulsó el juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura cívico militar es la manera como se denomina “pomposamente al rencor y a la venganza”, y pidió “paz, olvido, borrón y cuenta nueva”.

En esa línea, el cura citó a Tomás de Aquino para señalar que “la justicia sin misericordia es crueldad y la misericordia sin justicia es la madre de la disolución” y para preguntarse, a partir de esa sentencia: “En este Año Jubilar de la Misericordia establecido por un Papa argentino, ¿no podemos los argentinos abrir la inteligencia y el corazón al don divino de la misericordia, y dárnosla los unos a los otros?”.

“Es curioso el celo por acusar y juzgar delitos cometidos cuarenta años atrás, cuando hubo y hay tanta distracción y lenidad para juzgar delitos del presente”, se quejó.

Aguer aprovechó la celebración del aniversario de la Revolución de Mayo –formuló estos conceptos este miércoles, durante el tedeum que encabezó en la Catedral de la capital provincial- para insistir en una posición que es conocida. El religioso es, acaso, el referente de más alto perfil de la corriente de pensamiento más conservadora de la Iglesia católica argentina, lo que lo ubica en el borde derecho de la derecha nacional. Sin ir muy lejos, en noviembre del año pasado, distinguió, en su condición de Gran Canciller de la Universidad Católica de La Plata (la institución fundada por el obispo entregador Antonio José Plaza) al médico Abel Albino, con quien comparte su militancia en favor de la abstinencia sexual y la certeza de que detrás de la masturbación y los preservativos está “el Maligno, el Diablo”.

La exhortación del titular de la curia platense se suma a otras expresiones de sectores ligados a la represión ilegal (entidades que agrupan a abogados de represores, por caso) que cobraron fuerza luego del cambio de gobierno, el pasado 10 de diciembre, aunque se habían intensificado ya durante la campaña electoral. El diario La Nación, por ejemplo, publicó una secuencia de editoriales en los que reclamó, como lo ha hecho históricamente pero con más regularidad, la aplicación de la teoria de los dos demonios para poner en un mismo plano al Estado genocida conducido por las juntas militares y a las organizacones armadas como Montoneros y el ERP, además de clemencia para los criminales encarcelados de mayor edad.

El gobierno del presidente Mauricio Macri ha dicho que no promoverá la interrupción de los juicios, pero también ha desconocido la cifra de 30.000 desparaciedos resultante del terrorismo de Estado ejercido por el régimen instaurado por el golpe del 24 de marzo de 1976. Lo hizo el ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Darío Lopérfido, desde los bordes del oficialismo, pero tambièn el ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, Germán Garavano, quien relativizó el rigor de ese número al decir que, al respecto, "hay un montón de versiones". El propio Garavano y el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, recibieron a la militante ultraderechista Cecilia Pando, que ahora al menos encuentra una puerta abierta en el Gobierno nacional para plantear sus reclamos, que coinciden con los de Aguer: misericordia para los represores.

“Se habla en estos días de una ‘política de memoria, verdad y justicia’. ¿No se llama así, pomposamente, al rencor y a la venganza?”, dijo el cura en su homilía, frente al vicegobernador bonaerense, el radical Daniel Salvador, y el intendente local, el macrista Julio Garro.

En ese sentido, evaluó que “la memoria argentina ha sido más bien desmemoriada, o hemipléjica”, y fue entonces cuando arremetió contra “el celo por acusar y juzgar delitos cometidos cuarenta años atrás”. Se refería a la persecución, el secuestro, la tortura, el fusilamiento, el lanzamiento al mar desde aviones y la desaparición forzosa de decenas de miles de argentinos, además del robo de cientos de bebés y la sustitución de sus identidades.

Respecto de esas atrocidades, Aguer desasnó: “Se dice que los crímenes aquellos fueron de lesa humanidad, esto es, literalmente, de humanidad herida. El término es usado equívocamente; que así lo hagan periodistas que hablan de omni re scibili e ignoran el derecho, vaya y pase, pero que lo manipulen juristas y jueces supremos es el colmo y ese desliz no augura nada bueno.”

“Necesitamos paz, olvido, borrón y cuenta nueva”, reclamó el jefe de la Iglesia platense, y enfatizó: “Olvido, sí”.

POCOS POBRES. En otro pasaje de su mensaje cristiano, Aguer citó al apóstol Pablo para cuestionar la codicia y para exhortar “a los ricos de este mundo a dar con generosidad, a compartir, a enriquecerse en buenas obras”.

Sin mencionarlo, el cura atacó al kirchnerismo para emparentar corrupción con pobreza. “En el imperio romano –dijo- existía la corrupción; puesto que era inmenso quizá no se notaba tanto como en la Argentina de los últimos años, donde esa vergüenza finalmente inocultable contrasta con la pobreza multiplicada y extendida de tantos compatriotas”.  Y bregó por la construcción de “un país rico” para que “no haya gente hundida en la miseria, para que no haya pobres, o para que haya los menos posible”. No aclaró, el religioso, cuántos pobres configurarían una cantidad aceptable.