El nuevo gurú del macrismo

Experto en felicidad PRO: “La pobreza poco tiene que ver con lo económico"

Es el eje del mensaje de Daniel Cerezo. Expone su historia de self made man al estilo americano. La voluntad individual como llave para salir de la exclusión. La responsabilidad del Estado, ausente.

“Uno, por vivir en los contextos en los que vivimos, piensa que solamente la pobreza tiene que ver con el hambre y el frío que se siente a la noche, pero no: la pobreza poco tiene que ver con lo económico; tiene que ver con qué hacés vos para proyectar tu proyecto de vida.” Este párrafo constituye el corazón del mensaje que brinda en sus charlas Daniel Cerezo, el experto en felicidad que le habló este miércoles, en el Centro Cultural Kirchner, al gabinete del presidente Mauricio Macri.

 

En sintonía con la matriz liberal del gobierno que lo adoptó para estimular las fibras de la sensibilidad de sus miembros, Cerezo propone, fundamentalmente, una salida individual a la exclusión, con la voluntad personal como motor de la superación y sin esperar nada del Estado, porque, en definitiiva, la responsabilidad de la pobreza o, mejor dicho, de la permanencia en la pobreza, es, basicamente, del pobre.

 

 

Cerezo construye sus charlas motivacionales, como la que acompaña esta nota, brindada en el ciclo TEDx, sobre su historia personal. Cuenta el progreso de un chico del interior radicado en una villa porteña que, a partir de su inquietud por la música, termina ocupando puestos gerenciales de primera línea en el mundo corporativo, en una saga en la que van cayendo las barreras de las distintas formas de la pobreza que identifica: cultural, de la dignidad y de los prejuicios sobre las capacidades de los miembros de colectivos de alta vulnerabilidad, como los habitantes de barrios marginales y las personas privadas de la libertad.

 

En esa historia personal que Cerezo propone como inspiración, la salida de aquellos tipos de pobreza, que no incluyen a la pobreza material, se produce siempre al margen del Estado, que no aparece nunca, en el relato, como responsable de limar desigualdades y garantizar justicia social.

 

Cerezo propone también una salida colectiva comunitaria a la pobreza a partir de la organización social de base y de las instituciones de la sociedad civil. Aunque, al cabo, siempre aparece la voluntad –el combustible del Súperhombre de Nietzsche- como plataforma para la superación. “Cualquiera puede dedicarle un día a la semana a alguien para que transforme su vida”, convoca el experto en felicidad luego de contar su experiencia en talleres barriales de cocina basados en su convicción de que es un prejuicio la creencia de que los habitantes de las villas sólo pueden ser changarines, y otros en cárceles destinados a estimular a los internos a trazar y “liderar sus proyectos de vida” en el regreso al medio libre.

 

Otra vez, lo colectivo anclado en lo individual sin participación del Estado, que solo aparece en el discurso de Cerezo cuando cuenta su última iniciativa, el proyecto CreerHacer, en el que tiende un puente entre “el sector privado, el sector público y el sector social para mejorar la vida de las personas”.

 

Pero cierra, Cerezo, con una arenga que retoma el concepto –muy new age y muy bíblico, también- de la pobreza desligada de lo material. “A pesar de su pobreza económica, o a pesar de su riqueza económica, no hagan que su vida sea una vida pobre”.

 

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