Un reality show de Cambiemos

El capítulo más logrado del relato político mediático “La lucha contra las mafias”

Un arrepentido del juego clandestino. Un testimonio revelador. Un ministro implacable. Una coproducción del gobierno bonaerense y el Grupo Clarín digna de la época dorada de Nuevediario y Mauro Viale.

La ventaja –o la trampa- del lenguaje audiovisual le ha permitido al periodismo de televisión entregar, a lo largo de su riquísima historia, páginas memorables en las que ficción y realidad se han –estratégicamente- fundido para hacer las delicias del público ávido más de entretenimiento que de información. El cronista de Nuevediario José De Zer y su camarógrafo inseparable Chango –que no era siempre el mismo- pusieron, en los ochentas, la piedra basal del subgénero con piezas de culto que fueron la génesis –acaso nunca reconocida- de lo que después terminaron siendo los reality shows. En los noventas, Mauro Viale fue el maestro de ceremonias de un circo dislocado protagonizado por la troupe de las Samantas, las Natalias, los Jacobos, las Momias y los Conejos Tarantinis. Después, ya en el siglo XXI, concretamente en el año 2002, el cura pedófilo Julio César Grassi protagonizaría una escena de película al escapar de los estudios de Canal 9 justo antes de que la Policía llegara para detenerlo –se entregaría la mañana siguiente en Morón, hasta donde viajaría ofreciendo una entrevista, adentro del auto que lo trasladaría, justamente a Mauro Viale. Y Maradona sería entrevistado por Daniel Hadad volando los dos en el helicóptero del fundador de C5N. En la noche de este miércoles, la señal Todo Noticias, del Grupo Clarin, en coproducción con el gobierno de la provincia de Buenos Aires, hizo méritos para entrar al salón de la fama: entregó el más esmerado capítulo del relato político mediático “La lucha contra las mafias”, de la productora Cambiemos.

 

“Yo estoy obligado, como funcionario público, ante un ilícito a hacer la denuncia. Por eso me levanté e hice la denuncia, porque estaba reconociendo que había participado de acciones en las que había pagado a policías. (…) Son declaraciones que son muy valiosas para nosotros para todas las investigaciones que estamos haciendo. Por eso hablé y entiendo que la nueva Policía de la Ciudad está viniendo a esta zona para detenerlo”.

 

Así habló, en el arranque de su participación en el programa A dos voces -que se produjo horas después de que se anunciara, en medio de una situación crítica de la seguridad en la Provincia, el envío de 6.200 efectivos de fuerzas federales a territorio bonaerense-, el ministro de Seguridad provincial, Cristian Ritondo. Tenía el gesto adusto y la voz grave –grave por su registro habitual y grave por la gravedad que expresaba. Lo escuchaban con mismo rictus, después de explicar que instantes antes el funcionario los había sorprendido, los conductores Edgardo Alfano y Marcelo Bonelli. Ritondo se refería a Pedro, el alias de un presunto arrepentido del juego clandestino que en el bloque anterior, de espaldas a cámara y delante del jefe político de la Policía bonaerense, que esperaba a un costado para entrar a escena, había ofrecido un testimonio revelador sobre la connivencia de los caciques de la quiniela ilegal, su ejército de pasadores y los popes de las fuerzas de seguridad –había ayudado, el tal Pedro, a descubrir la pólvora.

 

 

A su turno, Ritondo –con su gesto adusto y su voz grave- había relatado su reacción inmediata, nacida de su sentido de la responsabilidad como servidor público. (Raro: la participación de Ritondo había sido anunciada insistentemente durante toda la tarde en las promociones del programa y a través de las redes sociales del canal. Cuesta entender, por tanto, la decisión del tal Pedro, un hombre que supuestamente se mueve al margen de la ley, de compartir set de TV con el funcionario del gobierno que vino a luchar contra las mafias y que cuenta, para eso, con un ejército de casi cien mil soldados).

 

 

El sheriff bonaerense aprovecharía, después, los veinte minutos y treinta y cuatro segundos de entrevista –cortados por un insert de testimonios dramáticos de gente que vive “aterrada” por la inseguridad- para ametrallar la cámara con una ráfaga de declaraciones tomadas prolijamente del manual de estilo escrito por el jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña, para esta hora decisiva del proyecto PRO. A saber:

 

“El que mancha el uniforme se va.”

 

“… en esta lucha que tenemos contra las mafias.”

 

“La decisión desde el día uno es no pactar.”

 

“Es una decisión del Presidente y de la gobernadora.”

 

“El garantismo en la Argentina se terminó convirtiendo en puerta giratoria.”

 

“La sensación fue hasta el 10 de diciembre. A partir de ese día, dijimos que había inseguridad en la provincia de Buenos Aires y no pusimos a trabajar.”

 

“Hay 186 policías presos por distintos delitos.”

 

“Tenemos una gobernadora que tiene cabeza para pensar y corazón para saber lo que siente la gente.”

 

“No guardamos nada debajo de la alfombra.”

 

“Los jueces actúan con la ley más benévola.”

 

Y una larga lista de etcéteras.

 

Al episodio, no obstante, le faltó remate. El público, a esa altura, esperaba la detención del tal Pedro. En vivo y en directo.

 

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