La última audacia de Donald Trump, ¿otro salvavidas para Javier Milei?
El presidente de Estados Unidos renueva la Fed y le cambia el contexto al mandatario argentino. Urgencias electorales, varios pros y una contra sensible.
Más allá de los problemas económicos y políticos que implica el alineamiento automático de Javier Milei con Donald Trump, la última movida del republicano puede suponer otro auxilio para el gobierno argentino: la nominación como próximo titular de la Reserva Federal (el banco central de Estados Unidos) de un promotor de una baja más veloz de la tasa de interés.
Si hubiera que elegir un indicador internacional y sólo uno para anticipar las tendencias económicas de los países emergentes, sería la tasa de interés de los Bonos del Tesoro norteamericano, definida por la Fed. Eso es particularmente cierto para la vulnerable y voluntariamente dependienteArgentina de Milei y Toto Caputo.
El jefe de la Casa Blanca ya está resignado a esperar los tiempos institucionales para que Jerome Powell abandone, en mayo, la silla desde la que definió un sendero de reducción de tasas a su gusto demasiado lento. Es más, la Reserva Federal acaba de ratificar el nivel actual en abierto desafío a las presiones destituyentes del mandatario de extrema derecha. Para cambiar eso, espera Trump, podrá contar, desde mediados de año, con Kevin Warsh.
Un cambio a pedir de Javier Milei
Ese proceso resulta crucial, para la Argentina en general y para la política económica en particular, por varios factores, según indica la teoría:
Dado que el riesgo país representa la sobretasa que pagan los diferentes Estados respecto del rendimiento de los Treasuries –considerados riesgo cero– para tomar deuda en el mercado voluntario, un premio menor de los papeles estadounidenses reduce la base de ese cálculo.
Más relevante, ese desincentivo lleva al capital financiero a buscar mayores retornos en el mundo emergente, aun a costa de asumir mayores riesgos. Esto reorienta los flujos de capital, estimula la compra de bonos y acciones argentinos –entre otros–, eleva su cotización y, por ende, reduce sus rendimientos. También esto comprime, desde arriba, el riesgo soberano.
Asimismo, tasas menores en Estados Unidos implicarían un dólar más depreciado, incluso más que en la actualidad. Como el peso orbita en el área del dólar, a Caputo le resultaría más sencillo mantener pisada la relación entre el peso y el billete verde, cosa que ha sido el leitmotiv de su política para imponerle un ancla pesada a la inflación.
En ese sentido, de mantenerse constante en una suerte de cuasiconvertibilidad –o convertibilidad de hecho–, la moneda nacional podría apreciarse y encarecer al país frente a los Estados Unidos, pero se devaluaría frente a otras como el yuan, el euro y el yen, entre otras, contribuyendo a mejorar o a reducir el deterioro de la competitividad de la producción nacional.
Por último, un dólar más barato en el mundo implicaría mejores precios de todos los bienes que cotizan en esa moneda, en particular commodities como los que exporta la Argentina, desde la soja hasta la carne, pasando por la nueva estrella: la energía. De hecho, dada la caída reciente del billete verde, ese proceso ya comienza a registrarse.
Sin embargo, entre tantas ventajas, que podrían ayudar a relanzar una economía estancada, hay un riesgo. Con un gobierno como el paleolibertario, tan dado a que las grandes empresas maximicen sus tasas de retorno incluso cuando eso resulta desorbitado y lesivo para los consumidores, luz y combustibles más caros podrían impactar sobre una inflación amesetada ya demasiado largamente en el nivel del "dos y pico" por ciento mensual. Sin dudas, habría allí un dilema para el Palacio de Hacienda.
Ventajas, urgencias y riesgos para Donald Trump
Tasas bajas y dólar barato significarían, también para Estados Unidos, varios beneficios y un riesgo.
La ventaja principal radica en que ese cambio de política monetaria supondría un complemento de la estrategia proteccionista de Trump, que con esas herramientas sumaría incentivos para exportar y desincentivos para importar.
Además de ayudar a reducir el déficit comercial más que lo ya hecho por los superaranceles, un menor costo del dinero achicaría la cuenta del roll over de la deuda del Tesoro norteamericano, disminuyendo el desequilibrio fiscal financiero.
El riesgo para Trump sería un repunte de la inflación, lo que explica la reticencia de Powell a acelerar el camino descendente de la tasa.
La Reserva Federal, cuyos presidentes tienen autonomía del poder político y, para eso, cuentan con estabilidad y mandatos más largos, de cinco años, lo que los desfasa de lo que ocurre en la Casa Blanca, tiene como misión mantener a raya la inflación, además de objetivos como el sostenimiento de los niveles de empleo y actividad. Pero los precios mandan.
Donald Trump y las elecciones: es la economía
La inflación estadounidense corre a menos del 3% anual, un nivel bajo. Pese a eso, las urgencias políticas de forzar la máquina aumentan la impaciencia de Trump con el chairman saliente, a quien hasta hace pocos días pretendía echar a fuerza de presiones y de la apertura de una investigación del Departamento de Justicia (fiscalía general) por el destino que dio a un presupuesto de 2500 millones de dólares para la remodelación de la sede central de la Fed.
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Evolución de la inflación interanual en Estados Unidos, desde el efecto de la pandemia a la actualidad. (Fuente: U.S. Bureau of Labor Statistics).
En tanto, el desempleo se mantiene relativamente bajo (4,6% en noviembre), pero con tensiones en mercados sensibles y, sobre todo, sin permitir una recuperación de los salarios.
El costo de vida, que quedó alto tras el cimbronazo de los precios generado por el Gran Confinamiento, sobre todo en vivienda, energía y alimentos, es uno de los principales motivos de inquietud de la población en general y de la base trabajadora que votó a Trump en particular. Y se vienen los cruciales comicios de mitad de mandato de noviembre.
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Donald Trump comienza el año con un nivel de aprobación que no le augura buenas noticias en las elecciones intermedias y con los demócratas liderando en la medición de las preocupaciones económicas. (Fuente: Fox News).
Sin embargo, Powell, bancado por Wall Street, tiene también argumentos para su cautela monetaria: Trump representa en sí mismo un riesgo geopolítico que complica la proyección de las variables financieras y económicas.
Un día lleva al cielo los aranceles de casi todos los países, al siguiente baja algunos sin que se entienda bien por qué, otro bombardea un país petrolero como Venezuela y secuestra a su dictador y más tarde aposta una impresionante flota en el Golfo Pérsico entre amenazas de atacar Irán. Sí, otra dictadura –un totalitarismo teocrático– y otra nación petrolera que, a diferencia de Venezuela, tiene avanzado un plan nuclear y, realmente disponible, una gran capacidad de daño regional en lo militar y en la movilización de proxies de inclinaciones terroristas.
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Donald Trump ha movilizado fuerzas al Golfo Pérsico con miras a un ataque a Irán. (Infografía: The New York Times).
Esa capacidad del republicano de poner el mundo patas para arriba con un posteo en Truth, su red social, explica, además de la desdolarización de activos de bancos centrales importantes como los de China, Rusia e India, los valores récord del oro y la plata, así como pronósticos encontrados acerca de una continuidad o una interrupción brusca de su auge.
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La cotización del oro se disparó en los últimos meses al calor de las políticas de Donald Trump y las tensiones geopolíticas. (Fuente: CNBC).
Kevin Warsh, una certeza y un enigma
Así es que el viernes Trump decidió que esperar hasta mayo era, a esa altura, más prudente que seguir sacudiendo el árbol de la Fed. Para eso, anunció que su candidato a esa silla es Warsh, quien no debería tener problemas para ser confirmado por el Senado.
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Kevin Warsh, el candidato de Donald Trump para presidir la Reserva Federal.
El nominado ha defendido recientemente la conveniencia de bajar más agresivamente la tasa, lo que lo muestra como otro converso al trumpismo, dado que antes pensaba muy diferente y no se sabe cómo actuaría a largo plazo, después de satisfacer las urgencias del presidente.
Eso y su condición de hombre de consulta de Trump generan dudas sobre la independencia futura de la Fed –uno de los pilares del capitalismo estadounidense–, pero el mercado, cuyos grandes fondos financian a los senadores que deben votar sí o no, lo considera un profesional respetable.
En ese sentido, rescatan su paso por Morgan Stanley y por grandes empresas, pero sobre todo su rol como miembro de la Reserva Federal, con sólo 38 años, bajo la conducción de Ben Bernanke, cuando contribuyó a capear el temporal de la crisis de las hipotecas subprime, en 2008.
Consultado el viernes sobre Warsh, Powell le recomendó "que se mantenga al margen de la política electoral, que responda democráticamente ante el Congreso y que respete a los profesionales" de la entidad y sus opiniones técnicas.
Esos desafíos, un abecé para Estados Unidos en tiempos normales, pueden ser escollos enormes en la era de Donald I.