Y que eso ocurrió, encima, en buena medida por los fracasos del propio peronismo. ¿Cómo contarle que el General murió justo antes de su caída en la inconsciencia, que su viuda fue un desastre de proporciones históricas, que fue derribada por la dictadura más sangrienta que se haya conocido, que el renacimiento democrático vino de la mano de un radical, que después el peronismo se hizo neoliberal, que la crisis que siguió a ese experimento estalló en manos de otro radical, que el peronismo encontró un nuevo cauce con Néstor Kirchnery Cristina Fernández de Kirchner, que esa experiencia se agotó por sus propios excesos y dogmatismos, que hubo una nueva –¿última?– oportunidad con un " Frente de (casi) Todos" los segmentos del movimiento y que la frustración social por sus peleas personales y su incapacidad política fue tan pero tan grande que lleva hoy a lo impensable?
El Frente Renovador, se supone que parte del panperonismo, ya avisó que no irá para "no ser rehén de ningún tironeo interno" que lo descoloque del "camino alternativo" que propone al Gobierno.
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Quiso el calendario que el medio siglo de desaparición de Perón cayera un lunes, pero la organización de los actos en un día hábil es una decisión de quienes manejan lo que queda de su capital político. Esto desnuda la realidad de que la identidad peronista es hoy más cosa de cuadros y militantes duros –¿una "casta"?– que de pueblo trabajador, su "único heredero".
Es inevitable que lo hecho y lo no hecho por el peronismo explique en buena medida el destino actual de la Argentina, dados su relevancia histórica y su rol de gobierno durante 27 de los 40 años de democracia recuperada.
Esa situación es consecuencia de causas inmediatas y mediatas.
Ensimismado en sus dogmas y reyertas, el peronismo no logra adaptarse a una realidad que no supo manejar.
En ese trayecto –por sus incapacidades, sí, pero también por la acción de los gobiernos tanto dictatoriales como civiles que abrieron y desregularon desaprensivamente–, la Argentina mutó. Lo hizo porque lo hizo el mundo, con una crisis petrolera a comienzos de los años 70 que fue el ring raje de los Estados benefactores y de los modelos de industrialización orientados por el Estado; con el Consenso de Washington, que cayó como una condena sobre lo que entonces se conocía como Tercer Mundo; con una globalización financiera imparable y con el cambio de patrón tecnológico más veloz y radical que haya conocido el capitalismo.
Todo se ha roto en los tejidos sociales globales y el ascenso de la ultraderecha en la Argentina no es más que un capítulo extravagante de lo que ha ocurrido –y de lo que está por ocurrir– en muchos otros países.
Si algo expresa esa tendencia en el país es lo verificado en el mercado de trabajo, con un empinamiento de la informalidad y con la irrupción impactante de un sector de posición ambigua: los monotributistas.
El empleo privado desde 2012 solo creció un +4% (YoY sube 0,5%). El empleo público creció +36% (YoY metió +1,6%). Los inscriptos en el monotributo, un +82% (YoY anota +7,1%).
Una acotación relevante: los equipos técnicos del INDEC trabajan para dar a conocer en los próximos días un empalme del coeficiente de Gini previo y posterior a 2016. Hay que recordar que ese año el organismo fue normalizado –tal vez el mayor mérito de Macri– después de la intervención que destrozó el sistema nacional de estadísticas desde el final de Néstor Kirchner y durante toda la era de CFK. Lo más curioso es que el exfuncionario para quien los fiscales federales Diego Luciani y José Ipohorski acaban de pedir cuatro años de prisión y diez años de inhabilitación por su supuesto rol en esa trama, Guillermo Moreno, sea hoy uno de los peronistas de más alto perfil en medios tradicionales y streaming, eje, además, de una curiosa cumbre de referentes económicos para pergeñar una propuesta de futuro.
Como todo indicador, el coeficiente de Gini sólo muestra lo que pretende mostrar: cómo se distribuye la riqueza que se genera, no si esta es mucha o poca.
El deterioro de la identidad peronista que explicó la debacle del ballotage de noviembre de 2023 dista de frenarse. Desde entonces, el porcentaje de la población que se siente representada por Unión por la Patria (UP) cayó unos diez puntos hasta dar cuenta, en la actualidad, de alrededor de un cuarto del electorado. El último estudio de Clima Sociopolítico: ¿qué tienen los argentinos en la cabeza?, elaborado por las consultoras trespuntozero y Grupo de Opinión Pública, resulta revelador al respecto.
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Fuente: Clima Sociopolítico: ¿qué tienen los argentinos en la cabeza? / trespuntozero y Grupo de Opinión Pública.
En tanto, cuando se pregunta por pertenencias menos cortoplacistas, menos del 21% se declara peronista y –un dato fuerte– poco más del 9%, kirchnerista.
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Fuente: Clima Sociopolítico: ¿qué tienen los argentinos en la cabeza? / trespuntozero y Grupo de Opinión Pública.
La pelea por lo que queda del alma del peronismo se vincula con lo económico: cómo conciliar la misión de justicia social con una dinámica económica que asegure generación de riqueza. En otras palabras, cómo se hace para crecer de modo sostenido cuando la macro acumula desequilibrios fiscales enormes y de larga data.
El ciclo de crecimiento vía consumo y expansión del gasto público que se interrumpió en el segundo mandato de CFK nunca fue abordado en clave de un ajuste equitativo que permitiera ponerle un piso a la sangría de reservas y un techo a la inflación.
Juan Perón, quien será recordado este lunes, sí enfrentó ese cuello de botella en 1952. ¿Se lo reprocharían algunos de sus continuadores de hoy, pluscuamkeynesianos y defensores de subsidios prorrico que, en forma de inflación, terminaron pagando especialmente los sectores más pobres?