Como siempre, el presidente de Brasil abrió ayer con su discurso la 81ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas y el de los Estados Unidos pronunció la alocución más esperada de la primera jornada. Sin embargo, como nunca, los dichos de Luiz Inácio Lula da Silva y los de Donald Trump expresaron un contrapunto agónico que anticipó el mes existencial de América Latina, el que dirimirá si el futuro le impone alguna limitación al renacido apetito neocolonialista de los Estados Unidos sobre la región.
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"Que causa terror", reza la primera acepción de la palabra "terrible" en el diccionario de la Real Academia Española. Bueno, en apenas once días, cuando se realice la primera vuelta de las presidenciales brasileñas, se abrirá el año terrible de la región, que pasará en noviembre por la escala de las midterms estadounidenses y terminará en octubre del año que viene en Argentina con un virtual referendo sobre el experimento de Javier Milei.
Dentro de ese ciclo, lo que se concentrará solamente en un mes será trascendente.
Entre los domingos 4 y 25 de octubre, Brasil definirá un nuevo round de una disputa entre izquierda y extrema derecha que mantiene a ese país irreconciliablemente dividido en mitades y que no se logra zanjar desde hace al menos cuatro años.
Cuando se conozca ese resultado o –que el destino no lo quiera– cuando acaso se esté discutiendo cada voto de un modo que podría poner en tensión la democracia, Estados Unidos irá a las urnas el 3 de noviembre para establecer el reparto de poder entre republicanos y demócratas en el Congreso, uno que se anuncia adverso para Trump y con el que este deberá lidiar en su bienio final.
¿Será Brasil, el hermano mayor de Sudamérica, el último escollo para el neocolonialismo estadounidense? ¿Será el propio electorado norteamericano el que le ponga un freno a ese poder desatado?
Apenas 30 días. Una enormidad de consecuencias.
Un contrapunto en toda la línea
No se mencionaron directamente, pero no hizo falta: Lula da Silva y Trump abrieron un abismo en sus discursos.
El brasileño enarboló la resistencia ante la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos y su Doctrina Donroe, mientras que el norteamericano se arrogó un liderazgo basado en la fuerza, uno que en realidad no es tal cosa sino mera imposición por temor. Es Donald Trump contra el mundo, y Latinoamérica ha quedado en la primera línea de ese fuego.
Multilateralismo o unilateralismo crudo.
Guerra en el golfo Pérsico, desquicio del mercado petrolero y posibilidad de que el pueblo palestino siga existiendo bajo el sol.
Cambio climático o negacionismo.
Comercio internacional estable o arbitraria guerra arancelaria.
Regulación o laissez-faire en inteligencia artificial, a la que el jefe de la Casa Blanca decidió rebautizar como "superinteligencia".
Elecciones libres y soberanía popular en América Latina, o injerencia lesiva para las democracias.
En todo eso y más ambos libraron un duelo desde el estrado.
Pax Trumpi
Al cuestionar la composición del Consejo de Seguridad –un clásico de Brasil, que reclama un lugar entre los grandes–, Lula da Silva denunció que "las concesiones a la ley del más fuerte ya han pasado los límites (…). Estamos llamados a elegir entre multilateralismo y unilateralismo, entre democracia y extremismo, entre soberanía y subordinación".
Según Trump, en cambio, "Estados Unidos ha vuelto y hoy es más fuerte que nunca. Nuestra economía es la envidia del mundo, nuestro ejército es el más poderoso de la Tierra, nuestra tecnología no tiene rival y estamos liderando en prácticamente todo".
La guerra en el Golfo es uno de los temas del momento, ya que, como dijo el mandatario brasileño, el estrecho de Ormuz se transformó en "una trinchera de guerra cuando debería permanecer como un paso vital para el comercio internacional. Familias en todo el mundo pagan por el aumento de los precios de los combustibles, los fertilizantes y los alimentos".
Para Trump, ese es simplemente el precio para terminar con la amenaza nuclear de Irán. Para eso, dijo, "Estados Unidos sepultó su programa atómico bajo una montaña de escombros" e hizo desaparecer las capacidades defensivas del enemigo.
"Su economía ha desaparecido, salvo la inflación, que está destruyendo el país y ya supera con creces el 300%", añadió, sin explicar, así las cosas, cómo es que Teherán aún resiste, lo desafía y le desquicia a él la economía y las chances electorales.
La delegación persa se retiró del recinto cuando comenzó a hablar.
Mientras Lula da Silva aseveró que "amenazar a civilizaciones con la extinción no traerá estabilidad a Oriente Medio", Trump –brutal– se preguntó: "¿Se hará un acuerdo con Irán que les permita reconstruir y crear un país mucho mayor de lo que fue antes (…) o aniquilo a la República Islámica rápidamente, sin darles jamás la oportunidad de volver a matar y destruir personas y países? ¿Los arrastro al infierno sin posibilidad de supervivencia y sin esperanza de grandeza futura o para las próximas generaciones?".
Las elecciones de mitad de mandato no lo van a limitar, explicó, porque él no es candidato y lo que ocurra será cosa de los competidores republicanos. "El Partido Republicano está en campaña y yo lo ayudaré, pero no soy candidato. No le di absolutamente ninguna credibilidad a la elección ni se la daré", sentenció a lo Fernando de la Rúa en 2001. Interesante.
Sobre el conflicto israelo-palestino, Lula da Silva denunció tanto "el genocidio practicado por el gobierno de (Benjamín) Netanyahu contra mujeres y niños en Gaza" y la colonización de Cisjordania como "los actos terroristas de Hamás".
Para su némesis, sólo mereció condena el ataque despreciable del Movimiento de Resistencia Islámica del 7 de octubre de 2023, "en el que terroristas financiados por Irán torturaron, mutilaron y mataron a 1200 civiles totalmente inocentes, entre ellos decenas de estadounidenses y muchos bebés, bebés pequeñitos, hermosos bebés".
¿No somos nada?
Si Lula da Silva encarna la visión de un mundo multipolar y Trump la de una hegemonía estadounidense más dura que nunca, parece no haber espacio para una tercera opción.
Milei, por su parte, no tiene dudas sobre cuál es su lugar y el de la Argentina en el mundo. Hoy le tocará exponer y expresarla, se supone con Malvinas como un tema mucho destacado que en ocasiones anteriores. Vendrá bien: el premier británico Andy Burnham tuvo ayer la posibilidad de explicarle a Trump, mano a mano, la posición de su gobierno.
"Masterclass", posteó el argentino al elogiar un tramo del discurso del estadounidense en el que este se arrogó la facultad de impedir "que los peligros crezcan un día más" en su rol de "presidente de la nación más extraordinaria de la historia".
Lamentablemente, no pudo felicitarlo en persona y sólo consiguió saludarlo en el breve besamanos del Escudo de las Américas, según consignó La Nación.
No somos nada.
Donroe, entre nosotros
La Estrategia de Seguridad Nacional difundida en diciembre último reivindica la Doctrina Monroe de 1823, que se resume en la premisa "América para los americanos"… de Estados Unidos. En tanto, remoza el Corolario Roosevelt de 1904, por el que ese país se arrogaba el derecho de intervenir con la fuerza en la región para despejarla de influencias extracontinentales. Lo que entonces se refería a Europa hoy remite a China. Ese es el llamado Corolario (Donald) Trump de la Doctrina Monroe o, más llanamente, la Doctrina Donroe.
Esto resume lo fundamental del mes existencial de América Latina.
"En América Latina y el Caribe, la proximidad geográfica con la mayor potencia militar del mundo es inescapable, sobre todo en un contexto de recrudecimiento de tentaciones hegemónicas. Brasil no cabe en el patio trasero de nadie", dijo Lula da Silva, desatando aplausos.
Como lo que se juega en la Estrategia… trumpista es el acceso neocolonial a los recursos naturales estratégicos que, se supone, pertenecen a los países de la región, advirtió que en Brasil "tenemos los minerales críticos y las tierras raras que el mundo necesita para realizar la transición energética, pero nuestras riquezas naturales pertenecen al pueblo brasileño y es en su beneficio que serán explotadas".
En referencia a aranceles punitivos recientes que apuntaron al sistema de pagos electrónico de su país, dependiente del Banco Central de Brasil, aseguró que "no vamos a ceder a las presiones de multinacionales que quieren privatizar nuestro Pix, una infraestructura de pagos pública y gratuita que hizo de la inclusión financiera una realidad para millones de brasileños". En todo estuvo Trump.
Por su parte, el nuevo hegemón reivindicó como un éxito "la operación militar masiva que penetró en lo profundo de la capital venezolana, Caracas" para "arrestar al dictador fugitivo Nicolás Maduro, un verdadero criminal".
Otro hito que citó fue la firma del "acuerdo petrolero más grande de la historia, que abarca 65.000 millones de barriles de petróleo (…). Cuando se suma a Estados Unidos y Venezuela, tenemos más del 60% del petróleo del mundo", calculó, posesivo.
Ese es un caso testigo. "Nuestras acciones en Venezuela son la prueba de que los Estados Unidos ya no permitirán que las amenazas se afiancen en ninguna parte del hemisferio occidental. Y si es necesario, usaremos nuestro poderío militar sin igual para asegurar los intereses vitales de los Estados Unidos".
"Mi administración también está buscando un cambio fundamental en la situación de Cuba (…). Es un Estado absolutamente fallido, que está fallando como nunca antes y caerá", prometió.
México fue otro foco del interés de Trump, país que designó como "epicentro de la violencia de los carteles" de las drogas, aunque puso un matiz al hablar de una "muy buena relación" con Claudia Sheinbaum.
Lula da Silva no omitió esos temas calientes.
"La división del mundo en zonas de influencia y las embestidas neocoloniales por recursos estratégicos constituyen gestos anacrónicos. El pueblo venezolano merece definir su propio destino (…). En Cuba, el mundo asiste consternado a la sanción colectiva impuesta a diez millones de personas por un embargo económico y un cerco energético ilegales", voceó.
Sabe que al hablar de narcotráfico, el norteamericano también puede poner en la mira a Brasil. Por eso aseguró que su gobierno "no subestima el desafío que representa el crimen organizado y estamos preparados para enfrentar a las organizaciones criminales que aterrorizan a nuestras comunidades". Sin embargo, "no vamos a tercerizar la responsabilidad de defender nuestras fronteras y (…) no necesitamos portaaviones vigilando nuestras aguas. Necesitamos cooperación para frenar el flujo de armas y de dinero que abastece al crimen. Ese es el espíritu de la propuesta que entregué personalmente al presidente de los Estados Unidos".
Una prueba de fuego para la democracia
Dado el modo en que Trump ha jugado, incluso con aranceles y sanciones a favor del clan Bolsonaro, Lula da Silva teme por la democracia, que la extrema derecha pretendió vulnerar tras perder las elecciones de octubre de 2022 con manifestaciones frente a los cuarteles, incitaciones directas a una rebelión militar por parte de Jair Bolsonaro y, finalmente, con el dramático asalto del 8 de enero de 2023 a las sedes de los tres poderes en Brasilia.
Ahora "volvemos a presenciar injerencia externa en procesos electorales", le dijo a quien quisiera ponerse el sayo. "Recorrimos un largo camino para restaurar la voluntad popular, pero la democracia está nuevamente en jaque", aseveró.
Allí llegó el corazón de su mensaje.
"El 4 de octubre, millones de brasileñas y brasileños irán a las urnas para definir su destino (…). Van a decidir entre democracia y negacionismo (…). Tendremos una contienda transparente y competitiva, en la que todos los candidatos gozan de la más amplia libertad de expresión (…). Poseemos un sistema electoral moderno y robusto, y no permitiremos que los enemigos de la democracia, internos y externos, atenten contra la voluntad popular", avisó urbi et orbi.
"La democracia brasileña les pertenece a los brasileños. Brasil seguirá siendo un país soberano. ¡Nadie, nadie nos apartará de ese camino!", cerró.
Trump está avisado y, como se ve, Lula da Silva también.
El mes existencial de América Latina, inicio del año terrible de la región, es inminente.