Trump e Irán: ¿retrocede la ola ultra?

Sólo el tiempo –tal vez los años– determinará si el cierre apenas provisorio de la guerra en el golfo Pérsico es el anticipo de una nueva era, en la que Estados Unidos ya no podrá actuar como gendarme global e hiperpotencia capaz de moldear la historia a su antojo. Más modestamente, puede señalarse la probabilidad de que la salida sin honra de Donald Trump del entuerto que se generó a sí mismo en Irán representa un momento sugestivo de bajamar para la ola de extrema derecha que arrasó a buena parte de Occidente en la pospandemia.

El presidente de los Estados Unidos –e impulsor de las derechas hemisféricas, desde la bolsonarista hasta la de Javier Milei– salió magullado de esa guerra, en la que había prometido de entrada músculo militar irresistible, brevedad, caída de la teocracia persa, desmantelamiento de las capacidades militares del enemigo y, sobre todo, desactivación del programa nuclear.

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Javier Milei, grupie número uno de Donald Trump en América Latina. ¿Cuánto lo afectaría una derrota del estadounidense en las legislativas de noviembre?

Javier Milei, grupie número uno de Donald Trump en América Latina. ¿Cuánto lo afectaría una derrota del estadounidense en las legislativas de noviembre?

Salvo lo último, que es lo más importante pero que resulta una verdadera martingala, nada de lo demás forma parte de su haber, al punto que el Memorándum de Entendimiento de Islamabad (MoU, según su sigla en inglés) generó un escándalo en la política doméstica, de modo interesante en especial en el Partido Republicano.

Sus penurias se convertirían en algo más si lo ocurrido –y, atención, lo que aún puede ocurrir en esta saga– derivaran en una derrota en las elecciones del 3 de noviembre: si los demócratas pasaran a controlar las dos cámaras del Congreso –una posibilidad para nada desdeñable– y sin chances constitucionales de reelección, se convertiría en un pato rengo nada menos que dos años antes de abandonar el poder.

El garante de última instancia de la extrema derecha que rigorea a la Argentina podría tener que concentrarse en urgencias mayores, como su propia subsistencia política.

¿Cuarto menguante también en la región?

Si a eso se suman los tropiezos del bolsonarismo de Brasil –con papá Jair preso por golpista, con el hijo menor Eduardo condenado por coacción al Poder Judicial y refugiado en Washington y con el candidato presidencial Flávio en caída libre en las encuestas por un escándalo de presunta financiación ilegal de su campaña–, la idea de una bajamar de la ola ultra toma forma.

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Eduardo, Jair, Flávio y Carlos Bolsonaro: el clan ultraderechista de Brasil.

Eduardo, Jair, Flávio y Carlos Bolsonaro: el clan ultraderechista de Brasil.

Keiko Fujimori espera superar las impugnaciones del escrutinio definitivo y este domingo Colombia elegirá entre el ultra desaforado Abelardo de la Espriella y el petrista Iván Cepeda.

El año próximo, Milei irá por la aventura de su reelección, para la que por ahora luce claramente competitivo aunque esté urgido de soltar el lastre inútil de Manuel Adorni, superar los incesantes escándalos de corrupción en su entorno, gestionar mejor una interna destructiva y hacer algo con las penurias del día a día en una economía que luce mejor cuanto más de lejos se la observa. ¿Pero qué sería de todos esos peones –y de otros en la región– sin el poder, la influencia, el financiamiento y la inspiración de Estados Unidos y Brasil?

Por ahora, tiempo al tiempo.

El problema de los entornos y los adulones

Movido por el susurro insidioso de Benjamín Netanyahu, envalentonado por la agresión impune a la soberanía de Venezuela, encerrado en su mundo de redes sociales y rodeado por un elenco que, más que un gabinete de gente solvente, es un conjunto de adulones, Trump se lanzó a la guerra contra Irán. Es curioso como la extrema derecha repite ciertos patrones en todos lados.

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Benjamín Netanyahu y Donald Trump: ¿de salida?

Benjamín Netanyahu y Donald Trump: ¿de salida?

No reparó en que sus antecesores Barack Obama y Joe Biden no optaron por el expediente bélico para resolver el peligro que efectivamente supone el plan nuclear de la teocracia no por demócratas, timoratos o "zurdos", sino por haber ponderado mejor los peligros. Es más, el primero de ellos firmó con Irán un pacto que imponía controles internacionales a ese proyecto sensible, pero Trump lo consideró "un desastre total" y lo revocó al volver al poder.

Bastó con que la República Islámica resistiera el embate de los bombardeos y la decapitación de su régimen –empezando por el líder supremo Alí Jameneí y siguiendo por muchos otros jerarcas políticos y militares–, y que pusiera en marcha un plan largamente urdido al bloquear el tráfico petrolero por el estrecho de Ormuz para que a Trump se le quemaran los papeles.

Con el paso por el que transita el 20% del petróleo mundial obturado, el republicano se desesperó, pidió ayuda a los países europeos de la OTAN, a China, a Corea del Sur y al mismísimo Plutón, pero todas esas partes le dijeron que saliera solo del desastre que había creado. Trump, claro, había sembrado vientos con palabras ofensivas y con aranceles insólitos.

Con este, un presidente aislacionista en su primer mandato y uno crudamente imperial aunque sin los instrumentos suficientemente en el segundo, los Estados Unidos jamás estuvieron tan aislados.

China observa, espera y gana

La guerra en el Golfo fue un error tan garrafal que, con ella, Trump borró todo lo escrito en su Estrategia de Seguridad Nacional, esto es su grandilocuente "doctrina Donroe".

Si esta decía que Estados Unidos se replegaría de los grandes escenarios globales de conflicto para hacerse fuerte en su hegemonía imperial sobre América Latina, de modo de evitar el acceso de China a los recursos estratégicos que la región posee en abundancia, la aventura iraní significó todo lo contrario.

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Donald Trump y Xi Jinping, durante su reciente encuentro en Pekín. (Fuente: Evan Vucci, AFP)

Donald Trump y Xi Jinping, durante su reciente encuentro en Pekín. (Fuente: Evan Vucci, AFP)

Milenariamente paciente, China no se desesperó por el daño de una cotización internacional del petróleo que llegó a saltar de los 73 dólares previos al ataque del 28 de febrero a unos 120. El régimen iraní, su aliado regional y miembro del grupo BRICS, superó el desafío.

Furia en el Red Circle

Así lo demuestra un análisis somero de memorándum de 14 puntos alcanzado por mediación de Pakistán.

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Qué curioso… ¿por qué será que los memorandos que se firman con Teherán siempre traen cola?

El Círculo Rojo estadounidense está escandalizado por lo que se considera ampliamente una derrota diplomática, producto de un error de cálculo y de la urgencia que supone la proximidad de las midterms.

El senador republicano por Lousiana Bill Cassidy fue el más gráfico dentro de un abrumador fuego amigo. "Este es el peor error de política exterior en décadas", dijo, indignado.

La estrategia de "vamos viendo"

El MoU prolonga por 60 días el cese del fuego, período durante el cual se desarrollarán negociaciones sobre los temas más sensibles, en especial el futuro del plan atómico persa.

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El estrecho de Ormuz se reabrirá al tráfico petrolero, Estados Unidos levantará su bloqueo y alejará sus fuerzas militares, e Irán y Omán –los países ribereños– negociarán un estatuto final para esa vía navegable. ¿Washington aceptaría que, a diferencia de lo que ocurría antes de la guerra, Teherán empiece a cobrar peajes?

La idea de ponerle fin a la amenaza de los misiles y drones de Irán a Israel, las monarquías del Golfo, la infraestructura petrolera de la región y las bases estadounidenses apostadas allí derivó en algo bien diferente.

"Me dije: '¿qué voy a hacer? ¿Voy a permitir que Arabia Saudita tenga misiles, pero que Irán no pueden tenerlos?'. Y me respondí: 'Eso no funciona así. Los misiles no son el problema porque dañan una pequeña ubicación, pero no hacen explotar el planeta'", definió, con rara lógica, el jefe de la Casa Blanca.

Siga, siga.

Un enigma nuclear

Por si lo anterior contuviera pocas concesiones, luego viene una serie de endulzantes. Permisos para que Irán reanude exportaciones de petróleo –lo que le daría al menos 60.000 millones de dólares en un año– y, conforme las negociaciones de fondo arriben a buen puerto, el levantamiento de todas las sanciones, la restitución de los 100.000 millones de dólares en activos congelados y hasta acceso a un fondo de reconstrucción y desarrollo de "al menos 300.000 millones de dólares" aportados por Estados Unidos y los vecinos árabes del Golfo.

Según los críticos de Trump, eso sería una montaña de dinero para que la teocracia alivie sus dramas económicos, reponga velozmente sus stocks de misiles y drones, y recree su programa nuclear.

Sobre esto último, el MoU establece, cómo no, negociaciones y un compromiso de Irán de "no adquirir ni desarrollar armas nucleares". Nada que no constara en el acuerdo roto de 2015.

Vale recordar que tras la llamada "Guerra de los Doce Días" de junio del año pasado, en la que Estados Unidos e Israel ya habían atacado las centrales iraníes, el magnate inmobiliario había dicho que las mismas habían sido "completamente destruidas". Parece que no fue así.

En medio de tantas concesiones que hacen imposible validar su retórica de triunfo, tal vez lo más concreto que haya sacado Trump sea el compromiso persa de aceptar la "dilución in situ" de los 440 kilos de uranio enriquecido al 60% que almacena en locaciones desconocidas.

"In situ" significa que el material no saldrá del país, como pretendía Estados Unidos, y la dilución, que se reducirá su nivel de enriquecimiento para alejarlo del umbral crítico –y cercano– del 90% necesario para construir un arma nuclear.

¿Fin?

Trump y Netanyahu: una ruptura impensada

El cese del fuego debe regir en todos los frentes, incluido el Líbano, cuya integridad territorial y soberanía deberán ser respetados.

Esto tiene un problema: Estados Unidos garantiza el cumplimiento de esa y otras obligaciones, pero que eso ocurra depende de Israel, cuyo gobierno –otro de extrema derecha– ya dijo que no se atará al texto, que no dejará de atacar a la milicia chiita Hizbulá, que no retirará a sus tropas de la "franja de seguridad" del sur de ese país y que no permitirá el regreso de los libaneses refugiados a sus hogares.

El fin del respaldo iraní a sus proxies regionales –Hizbulá, Hamás, los hutíes de Yemen– era una de los objetivos primordiales de la ofensiva, pero eso quedó desdibujado en el texto.

Aun ante lo que Israel siente como una traición, Trump zamarreó a Netanyahu, a quien trató de "buen hombre que a veces se emociona un poco" y de "socio chico". Y siguió: "Le digo, '¿podés tener un poco más de tacto, Bibi? No tenés que derribar un edificio cada vez que alguien que es de Hizbolá entra en él’".

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Por si fuera poca humillación, una herida sangrante para el orgullo nacional israelí, el presidente le recomendó al premier en conferencia de prensa que "deje que Siria se encargue de Hizbulá. Para ser honesto, creo que haría un mejor trabajo".

¿Un pato rengo, garante de Milei?

¿Cómo seguirá esta historia?

Al inicio de la saga, este periodista especuló con que la ofensiva en el Golfo terminaría como otra "guerra inconclusa", al estilo de lo ocurrido tras la carnicería en Gaza. Así será, parece.

Si Trump le puso fin a la campaña que, en su momento inicial de megalomanía, llegó a describir como "una excursión", fue, según sus propias palabras, por el daño que le estaba generando a los mercados y a la economía internacionales.

Le faltó hablar del castigo a la propia economía estadounidense y, en especial, a los hombres y mujeres de a pie que lo votaron, especialmente, para que redujera el costo de vida. Sin embargo, su aventura mal calculada disparó los precios de la nafta común de menos de tres dólares por galón (3,78 litros) a cinco. Con eso, la inflación saltó en mayo a un impactante 4,2% interanual, y la tasa de interés básica de la Reserva Federal a un 4,5% que encareció las hipotecas de millones de familias.

Ahora se espera que la espuma baje y, de hecho, el crudo ayer se desplomó.

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Fuente: Investing.

Fuente: Investing.

Buena señal. ¿Pero qué pasaría si las negociaciones no prosperaran, si Netanyahu percibiera que este fiasco puede arrastrarlo en las elecciones Israelíes previstas para octubre, si su gobierno cumpliera sus amenazas de cortarse solo y si Irán entendiera que está en sus manos patear el tablero, volver a encender un fuego que –sabe– lo quema pero no lo mata y convertir a Trump en un pato rengo sin esperanza en la previa de las midterms?

Es demasiado lo que todavía puede ocurrir y enormes también sus implicancias para América Latina. Por lo pronto, ¿que sería de Milei sin su patovica?

Que tengas un excelente fin de semana. Hasta el lunes.

adorni y milei, mariscales de una derrota cultural
Gianni Infantino le entregó a Donald Trump el primer Premio FIFA de la Paz.

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