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Donald, no nos ayudes más

Dólar y riesgo país en alza, y bonos, acciones y reservas en baja: justo cuando Javier Milei y Toto Caputo acariciaban el mejor momento financiero que hayan conocido, el contexto internacional se les dio vuelta y el responsable tiene nombre y apellido: Donald Trump.

Sí, el amigo, el líder de las ultraderechas continentales y el garante de última instancia del proyecto de poder de la argentina volvió a las andadas y con un par de decisiones puso al mundo patas para arriba. Por un lado, incrementó la tensión bélica en el golfo Pérsico, dando lugar a un derrame de ese conflicto a nuevas zonas y disparando el precio del petróleo; por el otro, declarando una vez más la guerra comercial a nada menos que 80 países.

Con amigos así…

Cuando el Presidente y el ministro de Economía descontaban que el riesgo país perforaría esta semana por fin el piso de los 400 puntos básicos –cuatro puntos porcentuales por encima del rendimiento de los Bonos del Tesoro estadounidense a diez años– y que eso acercaría al país un paso más –uno importante– al mercado voluntario para refinanciar vencimientos de deuda que ascenderán a 27.000 millones de dólares el año que viene, la recargada tensión internacional aguó el optimismo generado por la mejora de la nota nacional por parte de la calificadora Moody’s y jugó una mala pasada.

Así, el riesgo soberano, que llegó a estar a apenas 4 puntos básicos –la nada misma– del umbral mencionado, se disparó al alza, cerró ayer a 437 y volvió a su nivel de hace un mes. El manejo de la deuda argentina es el Juego de la Oca.

Fuente: Ámbito Financiero.

Dicho indicador es el reverso de la cotización de los títulos de la deuda: cuando la cotización de estos sube, su rendimiento –y el riesgo– baja. Y viceversa.

El caso es que los momentos de tensión generan lo que se llama "vuelo a la calidad" de las inversiones financieras, y que la calidad se consigue en Estados Unidos, país que, por ser el dueño de la impresora de dólares, se supone que jamás va a defaultear. Por eso es riesgo cero.

Desde cualquier parte del mundo, para comprar activos estadounidenses hay que adquirir dólares. Para eso, hay que vender los de otros países: simplificando, divisas, títulos de deuda y acciones. Esa corriente valoriza la moneda estadounidense y el gran refugio: los Bonos del Tesoro.

Es por eso que ayer cayeron el real, el yuan, la rupia india… Y el peso argentino.

El dólar oficial cerró a 1510 pesos, el mayorista –para grandes operaciones financieras y comerciales– a 1489 y el blue a 1560.

Fuente: Rava Bursátil.

En tanto, los ADR –acciones de grandes compañías nacionales que cotizan en Wall Street– se derrumbaron hasta 9%.

Las reservas del Banco Central (BCRA) cortaron con la dulzura de cuatro ruedas seguidas al alza, bajaron 352 millones de dólares y se estacionaron en 48.684 millones. En este ítem, la expectativa era romper otra barrera, en este caso al alza: la de los 50.000 millones de dólares. Habrá que esperar.

La merma de los activos de la autoridad monetaria se explica por pagos realizados a organismos multilaterales de crédito y, claro, por la devaluación de activos de la entidad en la rueda.

La ola no está de fiesta

La clave, como surge de lo anterior, está en el mercado estadounidense. Como el refugio es la deuda del Tesoro norteamericano, todo lo demás sufre, y los principales índices accionarios de Wall Street no fueron la excepción.

Fuente: MarketWatch.

Con todo, lo más relevante ocurrió con el petróleo, que en vista de las renovadas tensiones bélicas en Medio Oriente se empezó a disparar otra vez.

El de Brent –Mar del Norte, principal referencia internacional– cerró por encima de los 101 dólares por barril.

Mientras que el estadounidense WTI, que orienta ese mercado y el humor de los votantes a través del precio de la nafta, voló 6,37% hasta más de 92 dólares. La situación se pone espesa.

La perspectiva de un recrudecimiento de la guerra contra Irán sin final a la vista hace que vuelva a ser un espectro el precio del crudo de 120 dólares que se conoció antes de que se anunciara la tregua malhadada –una en la que te recomendé nunca confiar demasiado–.

¿Hasta dónde llegará este desorden? La respuesta puede ser desalentadora: hasta donde digan los caprichos de Trump.

La paz, una quimera

Nada de lo que el republicano decía tener en el bolsillo fue real.

Tras dos meses de fuego cruzado y de un bloqueo del estrecho de Ormuz con el que la República Islámica sorprendió –insólitamente– al norteamericano, el 28 de mayo las partes anunciaron un ceses del fuego por 60 días, durante los cuales, supuestamente, iban a ponerse de acuerdo sobre los temas más densos.

Estos eran, por un lado, el desmantelamiento del plan nuclear militar de Teherán, la entrega o puesta bajo control internacional de los 440 kilos de uranio enriquecido al 60% que almacena en algún lado, la limitación de sus capacidades misilísticas y el fin del apoyo logístico y financiero a sus proxies regionales –el movimiento libanés Hizbulá, los palestinos de Hamás y los rebeldes hutíes de Yemen–. A cambio, el descongelamiento de fondos por 100.000 millones de dólares y un generoso programa de reconstrucción.

Era demasiado y no podía resultar porque, como te dije en su momento, las capitulaciones las firman países que se consideran derrotados. No era el caso, más cuando Irán descubrió el enorme poder de chantaje que le dio bloquear el paso por el que transita el 20% del petróleo del mundo.

Así, Irán no cedió, la negociación se rompió y Trump volvió a golpear con fuerza.

El Golfo arde de nuevo

La reanudación de las hostilidades va in crescendo y, con ella, los precios del crudo.

Para peor, Teherán activó a los hutíes de Yemen –chiitas como los iraníes–, quienes atacaron dos buques petroleros sauditas que pretendían salir por el mar Rojo, gracias al fluido transportado desde el Golfo por los oleoductos que cruzan la península Arábiga. Ni siquiera ese bypass relativo está ahora a salvo.

Así, Trump emitió dos posteos en su red social Truth ("verdad"), porque así se gobierna en estos tiempos.

En uno, el miércoles a la noche, avisó que "cada vez que la República Islámica de Irán dispare contra un barco en el estrecho de Ormuz (…), Estados Unidos bombardeará y destruirá un puente o una planta de energía, incluyendo aquellos ubicados en Teherán o junto a ella". Impúdica impunidad: al hablar de objetivos civiles, Trump le anuncia al mundo su decisión de cometer crímenes de guerra.

En otro, de ayer, hizo a Irán responsable de los ataques hutíes y prometió "un importante castigo militar" a ambos.

Las reverencias por venir

Como si no faltaran problemas, el hombre reaccionó con un nuevo arsenal de aranceles para restablecer la política proteccionista de abril del año pasado, frenada por la Corte Suprema en febrero último por considerar que se había excedido en sus facultades.

Las portadas de los medios norteamericanos fueron ayer de colección.

Con yeite nuevo –el combate al trabajo esclavo–, Trump volvió ayer a la carga: nuevas tarifas de 10% y 12,5% a 60 países, la mayoría de los cuales sufrirá la alícuota máxima –entre ellos China– y sólo 17 la mínima, por caso el Reino Unido, Canadá México y –¡qué buena suerte tenemos!– la Argentina.

¿Zafaremos de esos filos gracias a una nueva y extenuante negociación, en la que el Gobierno deberá dar todavía más pruebas de amor? Se verá, pero por lo pronto estamos hartos de triunfar.

¿Cómo será el "nuevo" Trump?

Las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre, que previsiblemente dejarán la Cámara de Representantes en manos demócratas y achicarían la ventaja republicana en el Senado, pintan mal para Trump, pero no puede saberse si este, prematuro "pato rengo" a dos años de dejar el poder para siempre, será domesticado por el establishment o acentuará sus rasgos autoritarios y agresivos.

Cabe recordar que una vez, el 6 de enero de 2021 –dos semanas antes de tener que entregarle el mando a Joe Biden– se retiró en medio de un intento golpe de Estado que se pretendió gatillar con el asalto violento al Congreso en Washington.

Ahora empuja en el legislativo la SAVE America Act, un proyecto destinado a documentar a los votantes y a probar la ciudadanía a quienes se empadronen, pero que además busca darle más injerencia al gobierno central en comicios que organizan los estados en un país celosamente federal. Es tal la desconfianza, incluso en las filas oficialistas, que la iniciativa parece empantanada. Así, el nunca probado grito de "fraude" parece destinado a repetirse.

¿Sería ese Trump –ya sea acotado o más agresivo, pero en cualquier caso imprevisible– el garante que Milei podría necesitar el año próximo, cuando se jugará la reelección y la posibilidad de establecer una hegemonía duradera de la extrema derecha?

Habría que ver si el esperado debilitamiento en el Congreso no pone al norteamericano contra las cuerdas de unos cuantos pedidos de juicio político, por ahora de improbable avance, pero suficientes para distraerlo de asuntos menores como los argentinos.

Mientras, los impulsos del inflamable republicano le hacen difícil la vida a Milei.

De extenderse, la suba del petróleo mejoraría el balance comercial, pero complicaría la desinflación, objetivo por ahora incompleto. No por nada YPF vuelve a contener los aumentos, exponiendo una vez más el rostro "anarcointervencionista" –perdón por el neologismo oximorónico– del Gobierno.

Además, la presión sobre el dólar podría forzar al Banco Central a esforzarse para sostener la estabilidad en una medida aun mayor que la prevista para el tenso 2027. Por ahora, a esperar y ver si Trump termina de desquiciar al mundo.

El drama de Milei

El problema del Presidente es que a su plan económico no le sobra nada, que la actividad no se asemeja ni en lo más mínimo al "pedo de buzo" del que solía hablar y que, en los hechos no crece.

Los ingresos populares no paran de caer, lo mismo que el consumo. Y todo eso se refleja en encuestas que no le pintan un panorama lúgubre sólo porque el peronismo parece ya no caminar, sino directamente correr hacia su fractura. ¿Sería el detonante de un cisma un adelantamiento de las señales presidenciales de Axel Kicillof?

En un escenario inverso, de competitividad opositora, ¿cómo reaccionarían el mercado financiero y, en general, el Círculo Rojo, si la mileinomía comenzara a mostrarse como una carta electoral potencialmente perdedora?

Ante semejantes zamarreos externos e internos, se equivoca de medio a medio quien dé por descontado el futuro nacional.

Que tengas un excelente fin de semana. Hasta el lunes.

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