Tierra prometida PRO: los dilemas de Jorge Macri para conservar el poder en la Ciudad
Tras el revés electoral de 2025, redefinió su estrategia. Reabrió negociaciones y, con agenda libertaria, busca recuperar la iniciativa frente al avance de LLA.
Tras la derrota electoral de mayo de 2025, el PRO debió reinventarse para recuperar iniciativa frente al avance libertario.
La derrota electoral de mayo de 2025 obligó al PRO y al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, a iniciar una reconstrucción política en la Ciudad de Buenos Aires. Entre la redefinición de su identidad y las negociaciones con La Libertad Avanza, el oficialismo porteño busca recuperar centralidad en su principal bastión electoral.
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Esa misma noche, entre funcionarios, legisladores y operadores, comenzó a instalarse una incógnita incómoda: si el resultado había sido apenas un traspié electoral o el síntoma de un problema más profundo. Lo que ocurrió después pudo leerse como una respuesta a ese diagnóstico.
El alcalde puso en marcha una reconstrucción en dos planos: uno narrativo y otro político. El objetivo era más ambicioso que mejorar una performance electoral o recuperar la iniciativa. Se trataba, y todavía se trata, de volver a poner de pie una estructura de poder que por primera vez aparecía a la defensiva en su propio territorio.
Después de la derrota de mayo de 2025, Jorge Macri modificó significativamente su posicionamiento. El cambio no fue solamente de gestión; fue, sobre todo, de narrativa y construcción de poder. Desde entonces, comenzó a jugar en varios tableros al mismo tiempo.
Por momentos, el jorgemacrismo recuperó elementos clásicos del PRO porteño: gestión, cercanía, espacio público, calidad urbana y la idea de una ciudad cosmopolita, abierta y moderna. La narrativa de "la Ciudad más linda del mundo" encajó dentro de esa tradición y tuvo al publicista Rodrigo Figueroa Reyes como uno de sus principales arquitectos.
Pero, al mismo tiempo, incorporó gestos orientados a seducir al electorado que había migrado hacia la opción libertaria: discurso de orden, auditorías sociales, cuestionamiento de determinadas políticas heredadas, endurecimiento en seguridad y una agenda de simplificación regulatoria que encontró expresiones concretas en iniciativas de corte libertario, como la Ley Hojarasca, la reforma de la VTV, el RIGI y el RIMI.
Antes que definir cuál sería su política de alianzas en 2027, puertas adentro del PRO la discusión parecía concentrarse en cómo recuperar la representación del amplio abanico político que supo expresar Juntos por el Cambio. La pregunta central era qué quería ser.
¿Una fuerza que convergiera con La Libertad Avanza para integrarse a una coalición conducida por los libertarios? ¿Un partido que buscara reconstruir una centroderecha propia y volver a liderarla? ¿O una síntesis capaz de contener simultáneamente parte de la agenda libertaria y parte de la tradición política que durante dos décadas definió la identidad porteña?
La reconstrucción política del PRO
La otra mitad de esa reconstrucción, vinculada con la renovación de acuerdos con sus antiguos socios, tuvo como protagonista al operador político Daniel Angelici.
La derrota encontró al PRO convertido en tercera minoría en la Legislatura y obligado a administrar una relación mucho más compleja con el resto del sistema político. El oficialismo necesitaba recuperar volumen político.
Por eso Angelici ganó centralidad. Su influencia atraviesa la relación con la Unión Cívica Radical (UCR), los vínculos institucionales, la negociación legislativa y buena parte de los canales de diálogo que el Gobierno porteño mantiene abiertos con distintos actores. El desembarco de dirigentes vinculados a su dispositivo en lugares de poder reforzó la percepción de que existía un ámbito de decisiones que excedía los organigramas formales. Esa dinámica se observó especialmente en la Legislatura, incluso entre los diputados del PRO.
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Un dirigente radical que participaba de esas conversaciones resumió el proceso con una frase que empezó a repetirse en los pasillos de la política porteña: “Después de la elección, volvió el Angelici de siempre”.
La relación de Jorge Macri con La Libertad Avanza también transitó inicialmente por ese circuito, primero a través de interlocutores y después de manera directa. El jefe de Gobierno comenzó a construir un vínculo propio con sectores libertarios al mismo tiempo que avanzaban coincidencias parlamentarias en temas vinculados con desregulación, simplificación administrativa e inversiones. La ley Hojarasca, la discusión sobre la VTV, el RIGI y el RIMI formaron parte de esa tendencia. Aunque se trató de proyectos diferentes, expresaron una lógica común: la incorporación de componentes de la agenda libertaria al repertorio político del PRO.
Esa orientación funcionó como un puente latente hacia una eventual convergencia con LLA. Sin embargo, no fue la única alternativa que permaneció abierta en la hoja de ruta macrista.
Los escenarios del PRO y La Libertad Avanza en la Ciudad
En el radicalismo porteño existía una convicción bastante extendida: la decisión del PRO de competir en soledad facilitó el crecimiento libertario y aceleró la fragmentación de un espacio que durante años funcionó como una coalición relativamente estable.
Por eso muchos dirigentes continuaban imaginando la reconstrucción de una opción de centro. No necesariamente de Juntos por el Cambio en los términos conocidos, pero sí de una mayoría política capaz de disputar el mismo electorado que expresaba Javier Milei, conteniendo al mismo tiempo a sectores medios no peronistas que históricamente encontraron representación en el radicalismo.
La discusión comenzaba después. Una parte del radicalismo y del larretismo observa con preocupación que el endurecimiento discursivo del Gobierno porteño termine alejando al PRO de la identidad pluralista y republicana que históricamente reivindicó aquella coalición.
No nos equivocamos cuando decimos que @JMilei es el presidente que más hizo por los porteños. Sino, miren a @JorgeMacri: aplica las políticas del Gobierno nacional y hasta escribe como libertario.
Ojalá también acompañe la Ley Bases, la adhesión al RIGI y al RIMI en la Ciudad.… https://t.co/SO3xswGPBf
Después de Costa Salguero, el PRO comenzó a reconstruirse como si estuviera a la defensiva. Pero un año más tarde el escenario mutó. La caída de Manuel Adorni alteró una de las certezas que dominaban la política porteña después de la derrota de 2025. La senadora Patricia Bullrich empezó a exhibir márgenes crecientes de autonomía en los que se intuye un juego nacional antes que porteño. Así, La Libertad Avanza conserva potencia electoral, aunque ya no aparece como una maquinaria homogénea.
En ese contexto, la pregunta dentro del PRO no es cómo sobrevivir, sino cómo conducir las expresiones heterogéneas que habitaban el ecosistema político porteño. En el macrismo pueden imaginar una convergencia con La Libertad Avanza, pero con la condición excluyente de la postulación de Jorge Macri para un nuevo mandato.
Esto, a futuro, genera una contradicción evidente. Si Milei continúa siendo dominante, difícilmente los libertarios aceptaran ceder la conducción política del principal distrito gobernado por el PRO. Pero si La Libertad Avanza llega debilitada a 2027, la ecuación es otra.
¿Hay PRO después de Milei?
Hoy la discusión no pasa por determinar si habrá acuerdo con La Libertad Avanza. La cuestión de fondo era quién conducirá el proceso político en la Ciudad de Buenos Aires, el último gran bastión del PRO.
Después de 20 años gobernando el distrito, el macrismo conserva la gestión, la estructura territorial y buena parte de los cuadros políticos que construidos durante dos décadas. Lo que perdió fue la certeza de que ese capital alcanza para ordenar por sí solo la política porteña.
Por eso, Jorge Macri mantiene abiertos todos los caminos. La diversidad de opciones que muestra el menú electoral conduce a una misma pregunta: cómo volver a construir una mayoría.
En el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, honramos el valor y la entrega de nuestros héroes en el homenaje junto al presidente Javier Milei en el Monumento a Malvinas. Con este acto de conmemoración, además, queremos mantener vivo el reclamo de soberanía de… pic.twitter.com/zHz5OIwPD1
La discusión excede la Ciudad de Buenos Aires; el dilema que atraviesa al alcalde es, en buena medida, el mismo que intentaba resolver su primo Mauricio Macri a través de la estrategia para construir "El Próximo Paso" y que también sobrevolaba a los gobernadores amarillos. ¿Qué lugar ocupa el PRO en la Argentina después de Milei?
La Ciudad de Buenos Aires funciona como el principal laboratorio donde el macrismo intentó responder esa pregunta. El problema era que todavía no está claro si cualquiera de las dos síntesis resulta electoralmente viable. Las elecciones nacionales de octubre de 2025 mostraron que la polarización entre libertarios y peronistas siguió funcionando como principal ordenador político. Lejos de moderarse, el sistema parece profundizar esa lógica binaria.
Por eso la gran incógnita para Jorge Macri no es solamente si podía reconstruir su identidad política. La verdadera pregunta es si sigue existiendo un electorado heterogéneo dispuesto a convivir en ese mismo espacio.
Mientras el jefe de Gobierno parece prepararse para disputar cualquiera de los escenarios posibles de 2027, todavía está por verse si el electorado porteño reclama una síntesis de centroderecha o vuelve a empujar a los actores políticos hacia una elección entre dos polos cada vez más nítidos.
Hace poco más de un año, Costa Salguero obligó al PRO a verse en un espejo donde apareció por primera vez la posibilidad cierta de perder la tierra prometida que gobierna desde hace casi dos décadas.
La activación política de Angelici y el giro narrativo impulsado por Figueroa Reyes son las dos caras del mismo desafío. El espacio en el que finalmente terminará jugando Jorge Macri es una incógnita que comenzará a despejarse en los próximos meses.
La reconstrucción del poder del PRO en la Ciudad de Buenos Aires es condición necesaria para dar esa discusión.