TEMPORADA DE ROSCA

El credo del cura Molina: unidad del peronismo en Santa Cruz, penitencia para Vidal y una plegaria para 2027

Llegó a diputado por pedido de CFK. No levanta el perfil, pero no le corre el cuerpo a la pelea por la provincia. El factor Grasso y las críticas al gobernador.

La victoria de Juan Carlos Molina en las elecciones legislativas de 2025 modificó algunas piezas del tablero político de Santa Cruz. El dirigente encabezó Fuerza Santacruceña, la lista con la cual el peronismo logró ordenar parte de sus diferencias y terminó primero con el 32,10% de los votos, en una elección muy pareja con La Libertad Avanza.

El resultado le permitió ingresar a la Cámara de Diputados y, al mismo tiempo, convertirse en una referencia inevitable para la discusión que comienza a abrirse rumbo a 2027. Molina evita, por ahora, cualquier especulación sobre una eventual candidatura a gobernador, pero no la niega. Con todo, sabe que el peronismo de Santa Cruz deberá decidir si se acomoda detrás de la candidatura de Pablo Grasso o tendrá que resolver antes una discusión interna.

En diálogo con Letra P, asegura que su prioridad pasa exclusivamente por el Congreso y recuerda que fue elegido para ocupar esa banca hasta 2029. Sin embargo, alrededor de su figura aparece un dato que excede sus intenciones personales: en 2025 consiguió transformarse en uno de los puntos de encuentro de un peronismo santacruceño que necesitaba volver a competir unido después de haber perdido la provincia en 2023. Por eso, nadie descarta su nombre cuando se habla de las elecciones 2027.

Juan Carlos Molina candidato

El diputado insiste en despejar cualquier interpretación electoral sobre sus movimientos actuales. “Después, dejo que la vida vaya haciendo su trabajo”, dice cuando se le pregunta por su futuro político. La frase cierra una puerta en el presente, aunque evita clausurar definitivamente lo que pueda ocurrir cuando Santa Cruz vuelva a elegir gobernador.

Su recorrido tiene una particularidad dentro del peronismo provincial, porque Molina sostiene que nunca construyó una carrera política tradicional y que tampoco tenía previsto hacerlo cuando apareció su candidatura en 2025. Sacerdote, educador, fundador de la Fundación Valdocco y exsecretario de la Sedronar durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, llegó a encabezar la boleta después de ser elegido por la expresidenta como una figura capaz de sintetizar sectores que venían acumulando diferencias.

“Yo no estaba haciendo una carrera política y tampoco me interesa hacerlo, no soy un político de carrera. Me buscaron y me encontraron como un punto de unidad”, explica. Esa condición es justamente la que empieza a darle otra dimensión en el tablero santacruceño. Molina no se lanza explícitamente a la carrera 2027, pero tampoco puede quedar completamente afuera de una discusión en la que el peronismo necesitará resolver liderazgo, estrategia y candidato.

“El pueblo me pidió estar como diputado, me eligieron y no le voy a sacar el traste a la jeringa. No tengo otra proyección más que seguir siendo diputado estos cuatro años”, afirma a menos de un año de las definiciones electorales.

La unidad del peronismo de Santa Cruz

Molina utiliza una fórmula para explicar cómo imagina la reconstrucción del espacio: “Unidos, pero no revueltos”. No propone borrar las diferencias internas ni considera que las discusiones sean necesariamente un problema. Por el contrario, entiende al peronismo como un movimiento en el que las tensiones forman parte de su propia dinámica política.

“A mí no me preocupan las internas, ni en Santa Cruz ni en Buenos Aires. Nosotros somos un movimiento que discute, que pelea, que se dice cosas, que tiene idas y vueltas. Los melones se acomodan cuando el carro anda”, sostiene. Para Molina, el desafío no consiste en alcanzar una uniformidad artificial, sino en establecer un piso político común desde el cual enfrentar al gobierno de Javier Milei y disputar nuevamente el poder provincial. Sabe que su nombre sirvió para eso el año pasado, por eso elige la cautela.

Peronismo de Santa Cruz.

Peronismo de Santa Cruz.

Ese piso, asegura, pasa por “una vida con trabajo, con salud y con educación para la mayoría”, además de la defensa de trabajadores y jubilados. La experiencia electoral de 2025 funciona como antecedente. Fuerza Santacruceña reunió al PJ, Kolina, el Partido de la Victoria y Unidad Popular, entre otros sectores, y consiguió recuperar competitividad hasta imponerse en las legislativas nacionales. Fue una de las grandes sorpresas, en un mapa en el que La Libertad Avanza parecía enterrar al kirchnerismo.

Pablo Grasso y la carrera hacia la gobernación

En ese proceso aparece inevitablemente Pablo Grasso. El intendente de Río Gallegos ya compitió por la gobernación en 2023 y nunca escondió su intención de volver a disputar el Ejecutivo provincial. Molina reconoce esa aspiración, pero evita convertirla en una candidatura excluyente y advierte que el peronismo también tiene otros dirigentes en condiciones de entrar en la discusión.

“Grasso es un compañero, es el intendente de la ciudad más grande dentro del espacio santacruceño y ya se ha postulado como candidato a gobernador”, señala. Molina también destaca la situación que atraviesan los municipios frente al ajuste nacional y ubica al jefe comunal de Río Gallegos entre los intendentes que buscan sostener sus administraciones en un escenario de menor financiamiento y recesión.

Sin embargo, el diputado deja abierta la competencia. “Hay otros compañeros que tienen la intención. Hay muchos candidatos del peronismo que pueden ser buenos gobernadores, claro que sí”, afirma. La definición muestra cuál podría ser su posición en la discusión que viene: acompañar una construcción colectiva antes que anticipar un alineamiento definitivo detrás de un nombre.

La crítica de Juan Carlos Molina a Claudio Vidal

Donde Molina abandona cualquier ambigüedad es en su evaluación sobre el gobernador Claudio Vidal. El diputado considera que la administración provincial terminó alineándose con aspectos centrales del programa económico nacional y responsabiliza al mandatario por las consecuencias sociales y productivas que, según su diagnóstico, atraviesa Santa Cruz.

“Creo que está acertado en ejecutar las políticas de Milei”, ironiza Molina, antes de enumerar sus cuestionamientos. Habla de deterioro productivo, pérdida de empleo, salarios contenidos, dificultades para las pymes y problemas en sectores estratégicos de la economía provincial. “Para mí, cometió un grave error al aliarse a las políticas de Milei”, sostiene.

El petróleo ocupa un lugar central en esa crítica. La salida de YPF de áreas maduras obligó al gobierno de Vidal a diseñar un nuevo esquema para intentar recuperar producción y empleo, con incentivos para las operadoras. Para Molina, sin embargo, el balance continúa siendo negativo y la provincia todavía no consiguió reemplazar la actividad y los puestos de trabajo perdidos durante la reconfiguración del sector hidrocarburífero.

CFK como ordenadora del espacio

En la arquitectura política que imagina Molina existe otra referencia que permanece por encima de la discusión provincial: CFK. El diputado mantiene una relación política histórica con la expresidenta y considera que continúa teniendo capacidad para ordenar al peronismo, tanto en Santa Cruz como en el escenario nacional.

“Cristina es la política, la dirigente y la militante más importante que hoy tiene la Argentina. Es una pieza fundamental en el Partido Justicialista y en las decisiones orgánicas”, afirma. Molina sostiene además que la expresidenta está proscripta y cuestiona la situación judicial que le impide competir electoralmente.

Juan Carlos Molina, el cura candidato

Juan Carlos Molina, el cura candidato

Para el diputado, cualquier reorganización del peronismo deberá contemplar ese liderazgo, pero también ampliar la construcción hacia otros sectores. En Santa Cruz, donde el kirchnerismo perdió en 2023 una provincia que había controlado durante más de tres décadas, esa discusión adquiere un significado particular, porque recuperar el gobierno provincial exige reconstruir una mayoría que hoy no puede darse por descontada, más allá del resultado de 2025.

Molina, entre Diputados y el 2027 santacruceño

Por ahora, Molina insiste en colocar el Congreso en el centro de su agenda. Su mandato se extiende hasta diciembre de 2029 y su actividad parlamentaria comenzó a concentrarse en educación, niñez, minería, relaciones exteriores y diferentes iniciativas vinculadas con la política nacional. “Mi obligación es tratar de evitar que quede tierra arrasada después de Milei y sus socios. Tenemos que atrincherarnos para defender al pueblo y también ser propositivos”, dice.

Sin embargo, la política santacruceña ya empezó a mirar hacia 2027. Vidal buscará sostener el espacio que quebró la hegemonía peronista en 2023, Grasso vuelve a aparecer entre quienes pretenden disputar la gobernación y el justicialismo enfrenta el desafío de mantener la unidad que le permitió ganar las legislativas de 2025.

En ese escenario, Molina intenta ubicarse por fuera de la carrera por la gobernación, pero lo hace con una banca recién estrenada y una visibilidad nacional que, sabe, juega a su favor. Ser la cara del triunfo electoral y, sobre todo, su papel como punto de equilibrio entre sectores del peronismo le otorgaron un capital que difícilmente quede al margen cuando llegue el momento de definir la estrategia provincial. Hoy dice que no es candidato. De cara a 2027, ya es un jugador.

El gobernador de Santa Cruz Claudio Vidal no termina de cerrar el conflicto policial, que tampoco es el único.
Claudio Vidal, gobernador de Santa Cruz. 

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