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Es el modelo

Córdoba: el boom de producción porcina entró en crisis y cruje un negocio con terminales en la política

La Mediterránea reveló que cayó 13% el margen real de ganancia. Picat, Gvozdenovich y Klinger apostaron y orbitan un rubro que enfrenta la sobreoferta.

Uno de los negocios que prometían transformar maíz en dólares atraviesa uno de sus peores momentos de rentabilidad. En Córdoba, donde el mapa porcino se cruza con dirigentes, legisladores y empresarios con peso propio, el informe del IERAL encendió alarmas.

Detrás de los márgenes en caída aparecen nombres que hace años orbitan el corazón del poder mediterráneo: Luis Picat, productor y diputado devenido libertario; Matías Gvozdenovich, radical del interior productivo y presidente del bloque de la UCR en la Legislatura; y Luis Klinger, el hombre del Círculo Rojo local que convirtió a Biofarma en un actor clave del negocio porcino.

El boom sigue vivo, pero el sector ya empezó a discutir otra cosa: cómo sostener ganancias en un mercado donde producir más dejó de ser garantía de rentabilidad.

Qué dice la Mediterránea desde Córdoba

Nunca se produjo tanta carne porcina en la Argentina como en el arranque de 2026. Y, paradójicamente, ese mismo boom empezó a devorarse su propia rentabilidad. El informe del IERAL de la Fundación Mediterránea lo resume con crudeza: el primer trimestre fue uno de los peores de la última década para las granjas porcinas, con márgenes netos que tocaron mínimos históricos en enero y apenas mostraron una recuperación parcial hacia marzo.

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Osvaldo Giordano, presidente del IERAL de la Fundación Mediterránea de Córdoba

Pero detrás de la frialdad de los números aparece otra trama: la del poder económico y político que Córdoba construyó alrededor del cerdo. Porque el negocio porcino dejó hace rato de ser apenas una actividad agroindustrial. Hoy también es territorio de empresarios con terminales partidarias, dirigentes rurales devenidos legisladores y compañías que orbitan el núcleo duro del establishment mediterráneo.

El dato que preocupa al sector es concreto. La oferta interna de carne porcina alcanzó 222 mil toneladas equivalentes res en el primer trimestre, el mayor volumen en dos décadas. La producción local creció 15,7% interanual y el exceso de oferta desplomó el precio del capón. El resultado: ingresos 13% más bajos en términos reales y márgenes que apenas promediaron $194 por kilo producido.

En el negocio saben leer entre líneas. Traducido al castellano: hay más cerdos, más jugadores y más escala, pero la rentabilidad ya no acompaña como antes.

Los “cerdos VIP” de Córdoba

En Córdoba, el mapa porcino tiene nombres propios. Uno de ellos es Luis Picat. El diputado alineado con La Libertad Avanza construyó buena parte de su capital político sobre una historia empresaria ligada al agregado de valor agroindustrial. Nacido en Jesús María en una familia vinculada históricamente a la agricultura, la ganadería y hasta la explotación de carbón vegetal, Picat entendió temprano que el negocio no estaba sólo en sembrar maíz sino en transformarlo en proteína animal.

La reconversión arrancó en los 2000. Primero con granjas avícolas y luego con el desembarco de lleno en el negocio porcino. La granja “El Cebil”, en San José de la Dormida, fue el punto de partida de un modelo integrado que más tarde derivó en el frigorífico Qualitá, especializado en carne de cerdo, exportaciones y comercialización de cortes.

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El proyecto fue creciendo al calor de una lógica que años después se transformaría casi en doctrina cordobesa: agregar valor en origen. Qualitá llegó a exportar a China, Hong Kong, Angola y Singapur, mientras el grupo familiar superaba los 200 empleados. Picat incluso apostó por biogás y generación energética a partir de efluentes porcinos, algo inusual para el sector en aquellos años.

Su salto político también estuvo ligado al agro. Fue presidente de la Sociedad Rural de Jesús María y uno de los rostros visibles del conflicto por la resolución 125. Más tarde llegó a la intendencia de Jesús María por la UCR, luego a Diputados y finalmente terminó migrando al mileísmo tras romper con el radicalismo.

La pata radical en el negocio porcino

El otro nombre es Matías Gvozdenovich —muchas veces mencionado erróneamente como “Bogdanovich”—, actual jefe de bloque de la UCR en la Legislatura cordobesa. Oriundo de Arias, en el sudeste provincial, representa a esa generación de dirigentes radicales moldeados en el interior productivo.

Aunque no aparece públicamente como empresario porcino, su trayectoria política está profundamente vinculada al ecosistema agroindustrial del sudeste cordobés, una de las zonas donde más creció el modelo de integración entre agricultura y producción porcina.

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Matías Gvozdenovich, presidente del bloque de la UCR en la Legislatura de Córdoba

Gvozdenovich construyó poder como intendente de Arias y luego como armador territorial del radicalismo. Su perfil encarna a un dirigente atravesado por el universo del campo, las economías regionales y las cadenas agroalimentarias.

El Círculo Rojo, presente

El tercer actor es Luis Klinger, presidente de Biofarma, una de las empresas más influyentes del país en nutrición y sanidad animal. Contador egresado de la UNC, Klinger conduce la firma desde 1987 y protagonizó una de las historias empresarias más emblemáticas del agro cordobés reciente.

Biofarma nació en 1976 como un pequeño centro técnico orientado a nutrición animal y estuvo cerca de quebrar durante la crisis de 2001. Con deudas dolarizadas y clientes sin capacidad de pago, la empresa atravesó un momento crítico. Pero desde mediados de los 2000 inició un proceso de expansión sostenida que terminó convirtiéndola en líder nacional en nutrición porcina.

Hoy la compañía produce alimentos y desarrollos para cerdos, aves y bovinos, exporta a distintos países de América Latina y Medio Oriente y posee una granja experimental en Carnerillo con 1.200 madres reproductoras, considerada una referencia regional para investigación aplicada.

Klinger además juega fuerte en el entramado institucional empresario y político. Integra espacios de la Cámara de Comercio Exterior de Córdoba junto a referentes de Arcor, AGD, FCA y otras compañías centrales del poder económico mediterráneo.

Córdoba gana donde Rosario pierde

El informe del IERAL deja además una curiosidad que en el interior productivo leen casi como revancha geográfica: estar lejos de Rosario hoy puede ser una ventaja.

¿Por qué? Porque en un mercado sobreofertado, el costo de los granos baja a medida que uno se aleja de los puertos. El maíz y la soja “descuentan flete”, y eso mejora el margen de las granjas del interior cordobés.

Según el estudio, una granja de eficiencia media ubicada a 450 kilómetros del puerto promedió márgenes de $ 194 por kilo, mientras que una emplazada en Rosario apenas llegó a $ 99.

No es un detalle menor. Ahí aparece otra vez la lógica cordobesa de agregado de valor en origen que durante años defendieron tanto el peronismo provincial como buena parte del empresariado agroindustrial.

El límite del modelo

El fenómeno abre una pregunta incómoda para un sector que venía acostumbrado a crecer casi sin pausa: ¿qué pasa cuando todos apuestan al mismo negocio?

La Argentina todavía consume más carne porcina año tras año. Pero el informe muestra que el crecimiento acelerado ya empezó a tensionar precios y márgenes. Y en un negocio donde la alimentación explica más del 60% de los costos, cualquier movimiento en granos o energía puede alterar la ecuación.

El boom porcino cordobés sigue vivo. Pero por primera vez en mucho tiempo, los dueños de las granjas empiezan a hablar menos de expansión y más de supervivencia eficiente.

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