Villa María: Eduardo Accastello buscará la reelección, pero otros cuatro nombres ya se miden para 2027
El oficialismo del sudeste de Córdoba busca blindar el poder ante la falta de un sucesor competitivo. La UCR y el PJ díscolo presionan. El misterio de Capitani.
El intendente de Villa María, Eduardo Accastello, y el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora.
En Villa María, los nombres que ya se anotan en la carrera hacia 2027 dejaron de ser un secreto. Al menos, la mayoría. El intendente Eduardo Accastello, referente del PJ de Córdoba, tendría decidido ir por la reelección. En la oposición ya asoman el concejal radical Felipe Botta y el peronista Manuel Sosa.
Registrate para continuar leyendo y disfrutando de más contenidos de LETRA P.
Aunque falta más de un año para la elección, el oficialismo no pierde tiempo y la oposición, tampoco. La delgada línea que separa la gestión de la campaña electoral parece haberse borrado definitivamente.
Accastello, alineado políticamente con el gobernador Martín Llaryora, activó un despliegue territorial de alta intensidad en los barrios periféricos, en un movimiento que, en los pasillos del palacio municipal de la ciudad cabecera del departamento General San Martín, interpretan sin demasiadas vueltas.
Todo parece indicar el histórico dirigente local ya juega en modo reelección frente a un escenario que no le deja margen para el repliegue..
Eduardo Accastello y el amague del quinto mandato
Las intenciones de competir surgieron del propio jefe político. Hace pocos días, durante una jornada de trabajo con todo su equipo en la estancia rural Villa Fiusa, Accastello les planteó a sus funcionarios que iría por un quinto período no consecutivo. "Si ustedes quieren, yo me presento nuevamente". Nadie le dijo que no.
Sin embargo, en público elige mostrarse abocado a la gestión, con foco en la obra pública y en sintonía con el gobernador.
La necesidad de que el intendente juegue por la permanencia responde a una fragilidad estructural en el recambio porque "no hay otro que mida", según admiten dirigentes del oficialismo local. Lo cierto es que deben pensarse en plan B porque la estrategia provincial puede requerir al intendente peronista que, con anterioridad, probó suerte como candidato provincial.
Eduardo Accastello y su esposa, la legisladora Verónica Navarro Alegre
El problema de la sucesión ya ocurrió en la elección municipal de 2023, cuando nombres del riñón oficialista como Juan Pablo Inglese, presidente del Concejo Deliberante; y Marcos Bobo, secretario de Gobierno y hombre de confianza de Juan Schiaretti, no lograron perforar el techo electoral necesario y Accastello tuvo que salir con el traje de candidato a contrarreloj, en acuerdo con el entonces intendente Martín Gill.
La legisladora provincial Verónica Navarro Alegre, esposa del intendente y otro de los nombres que suenan dentro del oficialismo, tampoco lograría hoy aglutinar el consenso mayoritario para liderar una alternativa de recambio. Ante ese escenario, la centralidad volvió a quedar en manos de Accastello.
En el último informe de gestión, el intendente le pidió a su staff de gobierno "dejar el escritorio y salir a la calle". Actividades de gestión que, para propios y extraños, ya tienen clima de campaña.
Felipe Botta, el hombre de la UCR que quiere ser
La Unión Cívica Radical (UCR) intenta levantar cabeza con la proyección del concejal Felipe Botta, que ya se autopostula como precandidato y acompaña a Rodrigo de Loredo en su estrategia para disputar la Gobernación.
Heredero de un apellido de larga tradición en el radicalismo villamariense —su padre es Felipe Kililo Botta, histórico referente del partido con paso por el Concejo Deliberante—, construyó su recorrido desde la Juventud Radical con la mira puesta en la intendencia.
View this post on Instagram
Sin embargo, su postulación arrastra tensiones internas y viejos pases de factura que el accastellismo se encarga de agitar cada vez que puede. En la política local todavía persisten cuestionamientos vinculados a la impronta urbanística que tuvo su familia durante etapas anteriores del radicalismo.
El peronista díscolo Miguel Sosa activó la campaña
El radicalismo no la tiene fácil para sintetizar el voto opositor. Quien viene registrando un crecimiento sostenido por la avenida del descontento es Manuel Sosa. De matriz peronista, pero con sello propio, armó un búnker céntrico y sumó adeptos clave en los barrios periféricos.
View this post on Instagram
Su principal ariete está en el Tribunal de Cuentas, donde su espacio cuenta con un vocal de perfil combativo que no teme cruzarse con los históricos armadores del accastellismo.
El espacio viene de propinarle un duro golpe al oficialismo tras denunciar presuntos sobreprecios por más de $ 100 millones en la compra de un lote de las nuevas banderas oficiales de la ciudad, instalando una agenda de control que incomoda al Ejecutivo.
El misterio que encierra Darío Capitani
Para completar el tablero de fragmentación, en el centro de Villa María sigue activo el búnker de Darío Capitani, titular de la Agencia Córdoba Turismo y aliado extrapartidario de Llaryora.
El local de Capitani ya borró todo rastro de las marcas tradicionales de Juntos por el Cambio, camiseta con la que buscó la intendencia de Villa María en 2023, antes de dar un salto a las filas del cordobesismo.
La cartelería del local exhibe su nombre a secas. Funciona como un comando político permanente que mantiene abierto el interrogante: ¿jugará por dentro del cordobesismo o romperá el tablero con sello propio?
Eduardo Accastello y Darío Capitani, excontricantes, unidos en el Partido Cordobés.
En el Centro Cívico saben que el garante del territorio sigue siendo Accastello. El desafío para el llaryorismo será ordenar las distintas expresiones de sus aliados en el sur para evitar que la dispersión termine alimentando la sorpresa de un peronismo alternativo o reviviendo a la vieja estructura radical.