PASO 2023

Sprint final: las últimas zancadas de Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y Sergio Massa

La campaña entró en su etapa agónica. El alcalde apuesta todo al centro. La candidata halcón quema las naves. El ministro-candidato pelea con la economía.

La campaña hacia las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del domingo 13 entró en su etapa agónica y casi no queda ya tiempo para grandes novedades… ¿o sí? En ese camino, el hasta hace poco errático Horacio Rodríguez Larreta se vuelve a mostrar enfocado en lo que ha sido su estrategia de siempre: hacer descansar su armado político en acuerdos cupulares, esto es su forma de entender la construcción de gobernabilidad para el caso de que le toque llegar a la Casa Rosada. Mientras, Patricia Bullrich parece haber perdido momentumy, puesta a hablar de cosas que no son su fuerte, acumula errores no forzados. Al otro lado del escenario, Sergio Massa suma buenas y malas, mientras busca transfundirle al peronismo un espíritu militante del que, a grandes rasgos, hasta ahora ha carecido.

El tiempo se acaba.

Adelante, radicales

En busca del "acuerdo del 70%" del sistema político para darle sustentabilidad al ajuste de "100 horas" que prepara, el jefe de Gobierno porteño no deja de asir cuanto jirón de radicalismo encuentra en su camino.

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Es cierto que el neurocientífico tiene su valor en el interior de la provincia, pero cabe consignar que, varias semanas después de su doble declinación, ha desaparecido de las menciones en las encuestas. Esto, de seguro, llevó a que la intención de voto que pudo haber tenido ya esté metabolizada en otras opciones realmente existentes, por lo que su adhesión tardía al larretismo acaso valga poco. No importa: sumar, rodearse de moderados –para disimular también algunos halcones que ha manoteado– aporta al perfil que gusta cultivar el alcalde, quien vuelve a las fuentes y a su vieja convicción de que la próxima elección se gana desde el centro y no desde un rincón.

Quemar las naves

La referente de la derecha radical del PRO está decidida a ganar o perder en la suya, es decir reforzando un discurso al que parecen quedarle pocas novedades de cuño ultra. Igual, siempre se las arregla para arrancar un conejo de la galera.

También convencida de su libreto –que, al revés del de Larreta, consiste en pegar y pegar con la espalda contra las cuerdas de la derecha del ring–, Bullrich trató de mostrarse dura prometiendo que uno de los actos fundacionales de su eventual gobierno sería "entrar con una cámara de televisión al Banco Central para mostrar a la gente qué dejan". Una vez más, dio un tropezón al hablar de economía, materia de la que ignora demasiado. No escarmentó de lo caro que le salió usar una palabra, "blindaje", que no puede formar parte de ningún diccionario que le arrimen en la campaña.

Es insólito que la precandidata piense que cualquier banco central del mundo tiene dólares o euros físicos apilados en sus bóvedas o pasillos… Eso, claro, está colocado y figura de modo contable, y solo el oro –y algún cash– está guardado, cosa que –como aficionada a las series como es– de seguro habrá visto en La casa de papel.

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Así se lo hicieron notar Martín Lousteau y hasta Javier Milei, quien salió a disputarle tardíamente los votos del nicho común. Igual, nada le impediría entrar con cámaras, aunque el vacío que va a encontrar solo se corresponde de casualidad con lo que quiere exponer.

Recargada, se metió con un tema sensible. Según cita y explica Página|12, militares que participaron en la Guerra de Malvinas "'terminaron injustamente presos, sin el reconocimiento de haber estado luchando por la patria'. No hubo militares detenidos por las torturas a los conscriptos en las islas, por lo que la precandidata presidencial de Juntos por el Cambio estaba aludiendo a quienes actuaron en los centros clandestinos de la dictadura". No hay remate.

Lo anterior es interesante porque sugiere que Bullrich está jugando todo a salir airosa de las PASO, como si no hubiera vida política para ella más allá del 13-A. En efecto, si ganara, como no pocas encuestas auguran, ¿cómo haría luego para buscar, de algún modo, el centro político y disputar con Massa en ese terreno adverso?

A eso cabe sumar lo revelado hace poco por el periodista Leandro Renou: su idea de "eliminar los planes sociales y dejar a los beneficiarios que se nieguen a perder la asistencia dentro de un sistema de 'servicio civil obligatorio', en el que estaría vinculada la Gendarmería". ¿Le quedará algo más en la manga?

La referente halconada sufrió un escrache en una visita a San Luis, nuevo territorio de Juntos por el Cambio. La ocasión, en la que una joven que intentó leerle una carta de la madre de Santiago Maldonado antes de que la apartaran, le sirvió para ratificar sus prejucios: al revés de lo que piensa Rodríguez Larreta, no hay en el peronismo –su casa de antaño– con quién dialogar.

Buenas y malas son

A Massa –que pasó por Mendoza– le toca un baile bravo, se sabe, pero no se resigna a que las dificultades del momento le impriman un tono gris a una campaña en la que se juega, en las PASO, el "primer tiempo" de un partido difícil. Para eso, el gurú catalán Antoni Gutiérrez Rubí juntó en el búnker del centro porteño a numerosas referencias de Unión por la Patria (UP), de todas las facciones. El mensaje fue claro: "ampliar la difusión y una campaña centrada en el encuentro y la proximidad", como cuenta Gabriela Pepe en Letra P. Y, de paso, confrontar –sostener– a Milei.

Ante presagios negativos que se escuchan en la propia UP, Massa se obsesiona con salir de las primarias como el precandidato individual más votado y con un piso del 30% en la sumatoria con Juan Grabois.

Esas pretensiones, por naturaleza efímeras, requieren que logre aplacar un frente financiero indómito. Eso intenta.

Aunque prometa más inflación futura –sí: vía emisión–, el dólar agro le sigue dando resultados en lo inmediato. El pago de un premio extra a productores y cerealeras ha resultado en la compra por parte del Banco Central de más de 1.000 millones de dólares desde el debut del esquema el 24 de julio –este martes, 74 millones–. Eso es maná del cielo para las agotadas arcas de la autoridad monetaria que Bullrich pretende exponer en tele en un cuidado desnudo.

El drama sin solución aparente es el dólar blue, que tras un efímero descanso se ha dado nuevamente a la suba, contribuyendo a que las expectativas de inflación y los nervios de la sociedad crezcan en paralelo al avance de la campaña.

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Así las cosas, es razonable que se le exija al ministro-candidato que explique cómo haría para cumplir, desde el 10 de diciembre, su promesa de terminar con la inflación, cosa que no logra, ni por asomo, hoy instalado en el Palacio de Hacienda. Sin embargo, parece un tanto excesivo que Florencio Randazzo le haya achacado que nos tome a todos por "pelotudos", según declaró, rotundo, en una entrevista con Letra P.

Ya que de explicar se trata, sería bueno que él mismo detallara cómo es que ha pasado de enfurecerse con Cristina Fernández de Kirchner por no haber sido bendecido en 2015 como presidenciable de la ortodoxia K a ser el número dos de un aliado inminente de Rodríguez Larreta como Juan Schiaretti.

"El límite –asegura ahora– son los extremos que exacerban la grieta (…): el kirchnerismo y Cambiemos"… salvo el jefe de Gobierno, aclara.

Corta la bocha: si no entendés, es porque no querés.

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