Después de meses de bajo perfil, Sergio Massa decidió mostrarse. El líder del Frente Renovador habilitó la difusión de sus reuniones políticas con intendentes y dirigentes en sus oficinas de Avenida Libertador, una señal que se lee como el arranque de una nueva etapa para el exministro, que no descarta volver a ser candidato a presidente.
La última aparición pública del tigrense había sido el 24 de marzo, en el acto por el Día de la Memoria. Desde entonces, las reuniones políticas nunca pararon, pero tampoco trascendían. Esta semana empezaron a circular fotos de sus encuentros con el intendente de Roque Pérez, Maximiliano Sciaini, y con concejales de Lincoln junto al diputado bonaerense Alexis Guerrera. El visto bueno para difundirlas fue del propio Massa.
La nueva etapa de Sergio Massa
En el espacio saben que esas imágenes tienen una función doble. Marcan una nueva etapa pública del tigrense y les dan volumen político a los propios candidatos que el FR está empezando a plantar en muchos distritos bonaerenses para dar la pelea en 2027. La dirigencia local pide esas instantáneas porque hacen ruido: el candidato que aparece junto a Massa gana visibilidad en su municipio de un día para el otro.
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Lo que mueve a Massa a salir a la superficie es, en parte, su mirada sobre la coyuntura. En los encuentros con dirigentes de todo el espacio repite una convicción que viene elaborando desde que terminó el ballotage de 2023: el gobierno de Javier Milei quizás sea capaz de sostener la macro, pero la micro va a estar cada vez peor. La economía de la calle, la de las familias endeudadas como cara visible, sigue deteriorándose.
El Frente Renovador viene monitoreando ese proceso activamente: en sus cuentas de redes sociales publicó en los últimos días un relevamiento sobre el nivel de endeudamiento que están acumulando los hogares argentinos, con cada vez más familias pagando solo el mínimo de la tarjeta de crédito y entrando a una bicicleta financiera sin salida a la vista. En ese escenario, el peronismo cree tener chances reales de volver al poder.
En los encuentros con dirigentes que lo visitan en sus oficinas de la avenida Libertador se habla de la posibilidad de unas gran PASO peronista, una interna que en la visión del exministro podría tener tres patas. Por un lado, Axel Kicillof, que avanza con el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) con el motor prendido. Por otro, Juan Grabois, que, entienden en el massismo, va a querer jugar. Y un tercero que todavía no tiene nombre claro. Massa no habla de candidatura propia, aunque en el espacio admiten que las ganas de volver a competir por el sillón de la Casa Rosada nunca desaparecieron del todo.
La pelea en Buenos Aires
Para la carrera por la sucesión de Kicillof en la provincia, el FR tiene dos fichas: el intendente de San Fernando, Juan Andreotti, imposibilitado de ir por otra reelección y alguien que combina gestión, juventud y experiencia; y el diputado Sebastián Galmarini. Ninguno arrancó una campaña formal, pero el espacio los sostiene como nombres propios en una interna que todavía no tiene forma.
En ese reordenamiento, Massa también sale a desmentir versiones que le incomodan. En los últimos días circuló la idea de que había propuesto al exministro de Seguridad Sergio Berni como candidato a gobernador bonaerense. Desde el entorno del líder del FR lo desmintieron de plano.
El armado territorial del Frente Renovador
La relación que el massismo tiene con Kicillof sigue siendo de socios. Se ven con cierta periodicidad y comparten una lectura sobre el desgaste del gobierno nacional. Hay un piso acordado: la pelea por la provincia tiene que ser ordenada. Massa se corrió de cualquier aspiración bonaerense y en ese esquema aspira a funcionar como articulador en la pelea del axelismo con Máximo Kirchner, el mismo rol que cumplió durante los seis años y medio que el mandatario lleva de gestión.
El armado territorial es el respaldo concreto de esa jugada. Como contó Letra P en abril, el FR desplegó candidatos en municipios de toda la provincia con una directiva clara: retener los distritos propios y avanzar sobre ajenos. Hoy gobierna 17 municipios, pero ocho de sus jefes comunales llegan a 2027 sin poder competir para retener el cargo. El perfil que buscan está bien definido: profesionales jóvenes con arraigo local, capaces de hablar con sectores que el peronismo tradicional perdió.
En ese armado, Alexis Guerrera ocupa un lugar de peso. La confianza política que Massa le tiene es de construcción larga: lo llevó a conducir empresas del Estado, lo puso como ministro de Transporte de la Nación y lo ubicó en la conducción de la Cámara de Diputados bonaerense. Hoy, Massa le delega la articulación del interior. Guerrera volverá a presidir la Cámara de Diputados bonaerense en 2027 -en el marco del acuerdo de rotación con el kirchnerismo- y el FR lo avisa con anticipación para que no queden dudas de que esa silla tiene dueño.
Rosca en la Legislatura bonaerense
La ley de reelecciones es otra palanca que el FR maneja con cuidado. El espacio ya dejó en claro que no acompañará modificaciones a la norma que limita la cantidad de mandatos consecutivos que pueden tener los intendentes, algo que varios jefes comunales del kicillofismo reclaman con insistencia. Cualquier cambio necesita del massismo para prosperar, y Massa lo hace notar.
Esa misma lógica explica el movimiento de su armado en el Senado bonaerense. La senadora Malena Galmarini, casada con Massa, se quedó con la comisión de Reforma Política y María Valeria Arata, con Presupuesto. Son las dos con más peso de cara al ciclo electoral. El acuerdo para cerrar el reparto, que había generado tensiones internas durante semanas entre el FR, el MDF y el kirchnerismo, se selló con Galmarini y Massa negociando de punta a punta.
El massismo se consolida así como un actor que la gobernabilidad bonaerense no puede ignorar: tiene los votos que otros necesitan y los administra con criterio político. Galmarini además negocia con la presidenta del Senado, Verónica Magario, la vicepresidencia segunda de la cámara, hoy en manos de la kicillofista Ayelén Durán, en una movida que deberá materializarse en una sesión que todavía no tiene fecha.