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ELECCIONES | 26 DE OCTUBRE

Santa Fe: el socialismo duda y decidirá sobre la hora si juega en la alianza de Maximiliano Pullaro

Tras una jornada de reuniones, el congreso partidario se frenó con un cuarto intermedio. No se conforma con un tercer lugar en la lista de Provincias Unidas.

Tras una intensa jornada de reuniones seguidas por toda la política de Santa Fe, el socialismo estiró su definición y pausó su congreso, vía cuarto intermedio, al jueves, al filo del cierre de alianzas. ¿El objetivo? mejorar el acuerdo ofrecido por Maximiliano Pullaro y obtener algo más que un tercer lugar en la lista de Provincias Unidas.

El miércoles frenético del socialismo

La decisión del partido de la rosa es la última gran definición que queda para que el frente armado por Pullaro y otros cinco gobernadores termine de tomar forma en Santa Fe. Una larga charla en las oficinas de la presidencia de la Cámara de Diputados y Diputadas fue el principio de un miércoles intenso. Allí, los popes del sector que responde a Clara García-el más duro en las negociaciones- se reunieron para intentar cincelar un consenso interno. Los esperaba un encuentro con el resto del partido para, finalmente, ponerse de acuerdo.

Por esa razón es que la cumbre del socialismo se demoró más de dos horas. Convocada para las cinco de la tarde, empezó pasadas las siete. Se pisó con una reunión de Unidos en el Comité de la UCR que estaba pautada para charlar sobre la nueva alianza, a la que el PS no fue. A eso de las ocho de la noche se conoció la definición del congreso: un cuarto intermedio para mejorar el acuerdo ofrecido por Pullaro, que consistía en firmar la alianza a cambio de un tercer lugar en la lista.

Las posturas internas

Más allá de los matices que había dentro del socialismo, en ninguna línea interna había caído del todo bien la oferta de Pullaro: ser terceros detrás de una candidata del PRO y un radical de centroderecha no parece comulgar con ciertas posturas progresistas del PS. Sin embargo, pueden identificarse dos posturas dentro del partido de la rosa. Por un lado, el espacio que lideran García y el convencional Joaquin Blanco, más propensos a endurecerse e incluso manejando la posibilidad de jugar en soledad. Tiene sentido: la banca que el socialismo pone en juego es la de Mónica Fein, una de las figuras más importantes de ese sector.

Por otro lado, está el llamado bonfattismo, una tribu que supo responder al exgobernador y que hoy atraviesa un recambio generacional de la mano de la diputada Varinia Drisun y al convencional Gino Svegliati. Ese espacio tampoco termina de abrazar la propuesta, pero entiende que hay pocas alternativas. De hecho, elevaron ciertos reparos a la Casa Gris en torno al discurso de derecha de Gisela Scaglia -por ejemplo, con respecto al aborto-. Les respondieron que no hablarán de eso en la campaña y que, por eso, no debería ser un problema.

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El socialismo aceptó la oferta de Maximiliano Pullaro.

La oferta de Maximiliano Pullaro

El socialismo viene estirando al máximo su definición. Enfocado en la Convención constituyente, esperó a que mueva el gobernador para definir su estrategia de cara a las elecciones de octubre. Querían saber qué haría Pullaro: si propondría la conformación de Unidos como alianza nacional, si jugaría a fondo con una figura propia, si intentaría pasar desapercibido. Sin conocer cuál sería la propuesta del gobierno no querían avanzar.

El anuncio de Pullaro acerca de la conformación de Provincias Unidas desorientó al partido de la rosa. En un solo movimiento, el gobernador le copó la avenida del medio y le sacó un socio clave como lo supo ser el cordobesismo. Vale recordar: en 2023, el PS había cerrado un acuerdo con Juan Schiaretti y pegó su boleta de diputados a la candidatura presidencial del cordobés. Encima, la línea discursiva elegida por los gobernadores -una especie de oposición tímida a Javier Milei- no maridaba con el tono duro que adoptó el socialismo contra la Casa Rosada.

Un día antes de lanzar oficialmente el espacio, Pullaro encabezó una bilateral con el socialismo. Ahí les adelantó cuál sería la movida y avisó que jugaría a fondo, con un candidato o candidata de su riñón. Una semana después, en otra reunión, avisó que su vicegobernadora encabezaría la boleta y que el segundo sería para un radical. Allí fue que les ofreció el tercer lugar de la lista, una oferta que en principio no satisfizo al PS que, dado que ponía una banca en juego, pretendía uno de los dos primeros lugares.

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