La reforma electoral en Santa Fe sumó un nuevo capítulo dentro de la coalición oficialista Unidos. Mientras la UCR y el socialismo exhibieron diferencias sobre aspectos centrales de la iniciativa, el PRO avanzó en la redacción de su proyecto con un objetivo definido: instalar el debate sobre los aportes privados a las campañas electorales.
Lejos de tener la letra fina cerrada, el partido que preside la diputada y exvicegobernadora Gisela Scaglia se fijó como objetivo terminar el texto antes de fin de mes.
La elaboración fue delegada a un grupo integrado por legisladores provinciales y referentes partidarios, con la intención de llegar a la discusión legislativa con una propuesta propia, aunque sin romper la lógica de construcción común que sostiene Unidos.
El PRO y un debate incómodo
El financiamiento de la política es un punto que dentro del PRO genera especial interés. Aunque reconocen que se trata de un tema incómodo, consideran que es una discusión que debe llevarse a cabo.
"Es una idea que tenemos que presentar. Somos los más liberales de Unidos", sintetiza una fuente con participación en la elaboración del proyecto.
El PRO Santa Fe diagrama su proyecto de reforma electoral.
La mirada que empieza a tomar forma en el proyecto del PRO parte de la premisa de que los aportes privados ya existen en las campañas electorales. El desafío, plantea su dirigencia, pasa por transparentar y fortalecer los mecanismos de control.
"Estamos hablando de algo que ya existe, pero que hay que sincerar con control sobre el origen de esos fondos", resumen.
"El 100% de las campañas deben ser financiadas por el privado", sostiene una de las voces consultadas, aunque en el partido amarillo admiten que esa definición todavía forma parte del intercambio interno, con un texto aún no cerrado.
Dirigentes como el secretario de Cooperación de Santa Fe, Cristian Cunha, y el diputado José Nuñez son los que empujan principalmente el aspecto vinculado a los aportes.
Un proyecto todavía abierto
Más allá de esa definición conceptual, el resto de la iniciativa sigue en elaboración. En el partido reconocen que todavía no existe una posición cerrada sobre dos de los temas centrales de la reforma: la cantidad de boletas que debería haber en cada elección y los pisos electorales para acceder a las generales o a la distribución de bancas.
Esos dos puntos aparecen atravesados por la negociación interna de Unidos, donde la UCR ya presentó su iniciativa, el socialismo marcó diferencias defendiendo las cinco boletas que marca la ley vigente -para las categorías de gobernador y vice, senadores, diputados, intendentes y concejos municipales- y otros sectores también comenzaron a fijar posición.
Por eso, dentro del PRO asumen que su propuesta terminará dialogando con el texto que impulse el oficialismo provincial y que difícilmente rompa la arquitectura general que termine construyéndose entre los socios del frente.
"Nadie quiere quedar pegado, como pasa con la ley de lobby en Estados Unidos", advierte otra fuente partidaria al explicar por qué el debate sobre los aportes privados requiere especial cuidado político.
En esa misma línea, agregan que también siguen de cerca la discusión nacional sobre financiamiento político para evaluar qué herramientas podrían adaptarse a la legislación santafesina.
"Hay interés de incluir esa mirada, pero primero hay que cerrar el proyecto", resumen.
La lógica de Unidos y el peso del radicalismo
En el PRO no desconocen que el margen para imponer modificaciones de fondo será limitado. El diagnóstico interno es que la columna vertebral de la reforma terminará siendo la propuesta elaborada por el radicalismo, sobre la cual el resto de los partidos de Unidos buscará incorporar matices y aportes propios.
Ese escenario explica también el tono con el que el partido viene transitando la discusión. A diferencia de otros socios de la coalición, el PRO evita fijar posiciones definitivas, mientras continúa el trabajo técnico y político sobre el articulado.
La estrategia apunta a llegar con un texto que permita instalar una agenda propia -especialmente el tema del financiamiento privado- sin tensionar la convivencia dentro del oficialismo provincial.
En ese contexto, el sinceramiento de los aportes privados aparece como la bandera distintiva que el PRO pretende llevar a la mesa de negociación.
La resolución final todavía deberá atravesar el filtro de la conducción partidaria y de las conversaciones con los socios de Unidos. Mientras la discusión por las boletas y los pisos electorales sigue abierta, el PRO busca reservarse un sello propio dentro de la reforma: poner sobre la mesa un debate que la mayoría de la política suele esquivar.