Martín Llaryora empezó a pelear por su reelección y el último diseño de su gabinete refleja que no está conforme con el impacto de sus políticas de gestión en el electorado ni en el Círculo Rojo de Córdoba. Revela, adrmás, que esta etapa, que debiera terminar con un triunfo en el primer semestre de 2027, será más personalista que nunca.
Llaryora demostró que es una topadora en campaña, atributo que le reconocen sus más encarnizados rivales. Sin embargo, ese liderazgo caótico que ejerce, eficaz en un contexto de batalla electoral, solo le ha servido en estos casi tres años de gobierno para recuperar lo perdido de su imagen pública en los dos tiempos de enfrentamiento directo con Javier Milei: el primer trimestre de 2024 y las elecciones nacionales de 2025.
Los sondeos que viene publicando Letra P coinciden, moneda más, moneda menos, en que Llaryora está como al comienzo de su mandato, entre los 50 y 54 puntos de aprobación de su gestión, tres años mediante. Los 60 puntos que se fijó como objetivo a diciembre de 2026 son una respuesta directa a otra verdad electoral: en esta provincia, en rondas locales, se vota gestión.
Pasa en la provincia, pasa en los municipios. Un ejemplo fresco es Marcos Juárez. Su intendenta Sara Majorel declinó su candidatura, apabullada por la alta desaprobación de su gobierno y un alto deseo de cambio... en el kilómetro cero del cambio.
Es por esto que el último ajuste del team ministerial que sentó a Manuel Calvo como un jefe de Gabinete con responsabilidades políticas y de gestión debe leerse como una carta de salida de Llaryora para empezar la campaña territorial, hasta que duelan los huesos.
Manuel Calvo y un tejido para recomponer
Será responsabilidad de Calvo hacer que ese gabinete armado como un patchwork remendado y multicolor genere resultados rápidos. Pruebas de gestión que Llaryora venderá en el cara a cara que emprenderá con intendentes, vecinos e instituciones de toda la provincia en el próximo semestre.
Martín Llaryora delegó en Manuel Calvo el vínculo con la Casa Rosada
Una queja recurrente en los ministerios es que sus cabezas y cuadros técnicos no sabían qué hacer. Al menos así se atajaban momentos después de cada zaranda interna del gobernador. La llegada de Miguel Siciliano al creado Ministerio de Vinculación, tras la derrota de Provincias Unidas con Juan Schiaretti a la cabeza en octubre de 2025, perseguía ese objetivo coordinador que ya había sido detectado.
Si Calvo asumió con la promesa de aplicar látigo al funcionariado fue para cortar excusas que justifiquen inacciones. Volver a una consigna básica de cualquier gobierno – el hacer- deja heridos y renueva las presiones en un esquema que cree que con la estirpe basta.
La ilusión de la peronización perdida
Si ilusionó la peronización del gabinete que llegó de la mano de los intendentes en otro pelotón de recambio de febrero de este año, quedó demostrado que la ascendencia partidaria es lo de menos para los planes actuales de Llaryora, aún más en un posible marco de entendimiento con La Libertad Avanza en el ‘27. El mismo pedido corre para todos, justicialistas o extrapartidarios: hay que demostrar capacidades ejecutivas y cuidar los votos en el bastión de procedencia.
El ascenso de Gabriel Frizza como ministro de Cooperativas y Mutuales refleja que la primavera justicialista en el gabinete pasó. El exmacrista reemplazó a Gustavo Brandán en el cargo, que quedó a cargo del vínculo con las autoridades municipales, dentro del esquema coordinador de Calvo.
Martín Llaryora ajusta el eje de la ruta 9 norte con Myrian Prunotto, Gustavo Brandán y el ministro de Cooperativas, Gabriel Frizza
El amarillo hizo culto del perfil bajo y ocupará una cartera que se presentó como medular. Pasó el kirchnerista Martín Gill, siguió el peronista Brandán y ahora será el turno del macrismo arrepentido, que sigue sumando espacios. Hace poco, Ércole Felippa y Hernán Lacunza se sumaron al directorio del Banco de Córdoba.
El peronismo ministerial vació la sala en la jura del exintendente de Jesús María que, junto con Brandán y la vicegobernadora Myrian Prunotto, deberán consolidar el departamento Colón, el más populoso después de la ciudad de Córdoba.
La misma tarea le asignan a Marcos Torres, ministro de Desarrollo Social que dejó el gobierno de Alta Gracia para sumarse al staff llaryorista. El dirigente peronista ampliará su juego, más allá de su zona natural de influencia, aunque está claro que para Llaryora mantener afín el departamento Santa María es prioridad.
Un recambio con buen rebote interno
Como Torres, hay otros pares que miran con buenos ojos la llegada de Calvo al rol de coordinador del gabinete. El ministro de Economía, Guillermo Acosta, es uno que verá sus tareas aliviadas, porque sobre el varillense recaerán las negociaciones por fondos con Diego Santilli, que seguirá a cargo del vínculo con las provincias y el gobierno de Milei.
Esta semana se conoció el último ajuste para reforzar el lobby porteño con la designación de Gabriel Bermúdez a cargo de la Casa de Córdoba en la Ciudad de Buenos Aires. En la mesa chica de Llaryora afirman que su salida de la Agencia Córdoba Deportes se pensó para aprovechar sus vínculos políticos y empresariales en la difusión del “Modelo Córdoba”.
El Ministerio de Producción volverá a tener titular. Sonaron primero dos peronistas: el diputado Ignacio García Aresca y el exintendente de Río Cuarto, Juan Manuel Llamosas. El intendente de Villa María, Eduardo Accastello, tiene chances de ocuparlo si se cae la primera opción de Llaryora que quiere experiencia o procedencia en el sector productivo.
Daniel Passerini, Juan Manuel Llamosas, Damián Bernarte y Eduardo Accastelo.
El gobernador quiere una persona de la industria o el comercio a cargo de la cartera. Empezó el sondeo, donde encontró algunas reticencias. Letra P pudo saber que no hay muchos “valientes” para sumarse a una gestión que ya está transitando su última etapa. Para colmo, la electoral. Empresarios de renombre le sugirieron que siga Sergio Busso, el ministro de Bioagroindustria que tomó a su cargo la cartera tras la salida del exmacrista Pedro Dellarossa.
La decisión se conocerá en pocos días, prometen en el Panal, que juega a Calvo como el último cartucho, aunque todo este recorrido no lo viven como un fracaso. “Martín no le tiene miedo a los cambios cuando está convencido”, afirman para despejar hipótesis de barco sin timón.
Los últimos cambios conformaron el equipo de la campaña que deberá garantizar resultados en San Justo, Colón, Río Cuarto, Marcos Juárez, Punilla, Santa María, Unión y General San Martín. Este es el mapa de calor en la previa de la campaña que, con gestión y cercanía, aseguraría la elección. Llaryora ubica a sus jugadores, pero la cara que estará al frente será de él.
Calvo tendrá una responsabilidad enorme puertas adentro del Panal. Llaryora sale a la cancha para jugar en un terreno que domina: la campaña.