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Cordobesismo open mind

Ley de Glaciares: Martín Llaryora dividió su bloque en otro gesto de equilibrismo con la Casa Rosada

La votación en Diputados expuso el plan del gobernador de Córdoba. No bloquea las reformas, achica su costo político y mantiene el canal abierto en la crisis.

Tres votaciones clave para Javier Milei en el Congreso, un mismo patrón. El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, encontró en la consigna de “libertad de acción” que dio a su bloque en la Cámara de Diputados un mecanismo que admite la convivencia entre la gobernabilidad y la identidad opositora del cordobesismo.

Esta presunta ausencia de conducción de su bancada, que se autoimpuso el mandatario provincial —y que exasperó al schiarettismo en su momento— confirma lo que Letra P advirtió: el juego de roles, el policía malo y el policía bueno, sería la estrategia marco para mantener una relación acorde con la Casa Rosada, sostener abiertos los canales de negociación que debieran impactar en buenos resultados para la gestión provincial y quedar alejado del lote de “gobernadores dialoguistas” o amigos del poder.

El equilibrio milimétrico de Martín Llaryora

El ala schiarettista mostró su rostro duro a Milei con el rechazo anticipado de la Ley de Glaciares, aprobada este miércoles. Juan Schiaretti anticipó en sus redes el argumento de su voto negativo, al que se plegaron sus alfiles Carlos Gutiérrez y Carolina Basualdo. También el aliado de la Democracia Cristiana, Juan Brügge. La senadora Alejandra Vigo ya había marcado esta línea crítica.

En ese núcleo del peronismo cordobés no quisieron responder por las actuaciones en contrario de sus pares de bancada, Alejandra Torres e Ignacio García Aresca, este último integrante de la mesa chica de Llaryora. “Pregúntenles a ellos, se lo habrá pedido el gobernador”, soltaron, con cara de pocos amigos.

En el Panal, como se conoce a la casa de gobierno cordobesa, insisten con la postura del voto a conciencia y personal de cada representante en el recinto. Sin embargo, el “hermano de la vida” de Llaryora estaba apuntado en el borrador de LLA con el voto positivo a la Ley de Glaciares. Fue clave para lograr el cuórum, pero cuando constató que su voto no era necesario, se ausentó de la sesión.

Torres, dirigente llaryorista ligada al Círculo Rojo provincial, apoyó la ley pese a que se había mostrado algunas observaciones al proyecto en la previa y a que su voto no era necesario para el objetivo libertario.

La diputada explicó a Letra P que pasó de tener objeciones técnicas a respaldar la ley tras analizar su impacto judicial. Entendió que hacían falta definiciones más claras para dar seguridad jurídica, sin cambiar el objetivo de proteger los glaciares. Señaló que el nuevo texto mejora los controles, exige estudios técnicos más precisos y refuerza la participación federal, por lo que terminó acompañando la sanción tras discutirlo con el gobernador.

Voto y acuerdo con Javier Milei

Estos movimientos gaseosos del cordobesismo, bajo la conducción de Llaryora, encajan perfectamente en el objetivo inicial de la gestión en tiempos libertarios: mantener las formas, no entorpecer la agenda de reformas que se propone Milei y sostener abiertos los canales de negociación.

Por caso, el Ejecutivo provincial ya obtuvo avales de Toto Caputo para la última toma de crédito internacional por US$800 millones en la víspera de las sesiones extraordinarias de febrero; y logró la duplicación de los envíos de la ANSES a la Caja de Jubilaciones de Córdoba inmediatamente después de la sanción de la ley de modernización laboral.

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El bloque de Martín Llaryora jugó dividido en dos de tres votaciones clave para Javier Milei

En ese debate también hubo desbande. Schiaretti, Aresca y Torres estuvieron ausentes. El exgobernador alegó que no pudo llegar por el paro, mientras que sus pares se excusaron por viajes personales impostergables. Brügge votó en contra y los schiarettistas Gutiérrez y Basualdo, a favor.

En la ley penal juvenil no hubo fisuras cordobesistas y el apoyo fue cerrado. En materia de seguridad, el giro hacia la derecha del oficialismo provincial marca un punto de coherencia con la línea de acción local que se viene implementando. La única observación del momento vino del lado de los fondos para blindar las partidas carcelarias y los planes de reinserción social.

La crisis que aumenta, el trasfondo

Llaryora divide el bloque para no pagar el costo político de los gestos velados a LLA, pero garantiza los votos o las ausencias necesarias para que el oficialismo avance. Se trata de una oposición a medida, con coartada simple para quedar cerca, pero lo suficientemente alejada del modelo violeta, que no compra y empieza a tronar en las finanzas provinciales.

La caída sostenida de la coparticipación es un punto que el gobierno cordobés sigue de cerca. Cuando pueden, reprochan que adaptaron el Presupuesto a las proyecciones optimistas de Toto Caputo que no se verifican y que, incluso, pusieron a algunas provincias a pedir adelantos de recursos al poder central.

En el caso cordobés no se solicitó y se tomaron recaudos internos de control del gasto. No obstante, es una puerta que no puede cerrarse y una excusa más para mantener una relación institucional correcta con Milei, más allá de las diferencias insalvables entre modelos.

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