En la madre de todas las batallas, la novedad más interesante de los cierres de listas fue la irrupción de un grupo de militantes digitales de La Libertad Avanza que reclamó participación efectiva en las candidaturas de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, el partido de gobierno optó por darles lugar a los dirigentes territoriales.
La era digital nos convirtió en seres anfibios: un rato en la vida real y otro en el celular. Es casi imposible mensurar cuántas horas habitamos en cada universo. Ya naturalizamos ir tanto al supermercado del barrio como comprar por Mercado Libre o Alibaba. Los jóvenes no saben lo que es ir físicamente a una sucursal bancaria: todo sucede desde el celular. Esta transformación cultural impacta de lleno en todos los planos, incluida la política.
El universo digital en la era Javier Milei
En esa arena, el universo digital se volvió un actor cada vez más relevante. Desde las redes sociales se posicionan candidatos, se mejoran perfiles, se actúa y se convive en la cloaca de X. Hay usuarios destacadísimos en cada plataforma, que acumulan millones de seguidores, “me gusta” y compartidos; generan noticias en medios tradicionales, canales de streaming y en las propias redes. Son actores políticos que crean opinión, debate, controversias y también apoyos.
Hasta este julio de 2025, ninguno de ellos había expresado, al menos de manera explícita, intenciones de integrar listas de candidatos en el mundo físico ni de participar activamente en líneas internas con reclamos territoriales. Eso cambió con Las Fuerzas del Cielo, un grupo de militantes digitales autoconvocados que pidieron lugares en las boletas de La Libertad Avanza.
Sin embargo, el resultado de las negociaciones en torno a las listas en la provincia de Buenos Aires fue claro: el oficialismo no consideró que esas postulaciones fueran relevantes y construyó sus nóminas de forma tradicional, privilegiando a dirigentes con peso y representación territorial. El partido, que llegó al poder desde el borde del sistema, eligió para competir en PBA a quienes están dentro del sistema.
Ante esta situación surgen dos preguntas: ¿estamos ante un fenómeno nuevo que llega para quedarse o es simplemente una disputa de egos entre dirigentes con códigos distintos?, ¿es un anticipo del futuro o una anécdota inflada por el algoritmo?
Territoriales vs. digitales: el dilema de La Libertad Avanza
Los armadores tradicionales son protagonistas del rechazo ciudadano hacia la política: son siempre los mismos, hacen siempre lo mismo, aparecen solo en elecciones, favorecen a familiares y amigos, etcétera. A su favor, tienen una sólida lealtad al partido y a sus dirigentes, y una cuota importante de presencia en el territorio que sigue siendo clave en cualquier elección.
Los activistas digitales, por su parte, construyen comunidades de apoyo -en este caso, al gobierno de LLA- intensas, veloces y omnipresentes. Operan sobre la inmediatez de la coyuntura, responden a cualquier mensaje opositor en segundos, generan memes que ridiculizan adversarios, mantienen viva la conversación política: esa es su forma de militancia. A diferencia de los tradicionales, son más individualistas, se rigen por sus propias convicciones y no dudan en criticar duramente a dirigentes propios si lo creen necesario.
Javier Milei y su alianza con la casta
El dilema de época es cómo sostener una identidad novedosa en la arena política sin caer en las lógicas que se pretendía romper. Milei llegó al poder canalizando el hartazgo con los “de siempre”. Pero para gobernar necesitó alianzas con esa misma “casta” tan vilipendiada: debe aprobar leyes, acordar políticas -como el Pacto de Mayo- con gobernadores, empresarios y sindicalistas. El Presidente hace equilibrio entre la gobernabilidad y la construcción de una identidad rupturista. Y esa tensión no es menor.
Mientras tanto, la militancia digital amplifica las decisiones del Presidente desde su cámara de eco, y los dirigentes territoriales construyen músculo político en pueblos y ciudades, organizando el partido, una herramienta indispensable para competir electoralmente. Ambas piezas son necesarias, aunque no siempre convivan con armonía. ¿Cambiaría el Gordo Dan su asistencia a la Derecha Fest por un plenario clásico en la Tercera sección electoral?
Entre el deseo y la realidad siempre hay un espacio grande: a veces es un abismo, a veces, apenas un bache. Lo cierto es que las elecciones ya están en marcha, y para integrar las listas en la provincia de Buenos Aires no alcanzó con miles de seguidores o millones de likes. La decisión del oficialismo fue clara: territorio mata algoritmo.
¿Estamos ante un fenómeno que despierta o ante un exceso de deseo y ego de un sector militante? ¿Es una disputa de formas o una puja generacional entre quienes dominan la calle y quienes dominan el feed?