"Yo lo suspendí porque no tenía sentido hacerlo venir para que lo tengan (sic) ocho horas castigándolo en público. Además, los senadores no quieren recibirlo como jefe de Gabinete", señaló.
El aludido, con todo, la desmintió y se declaró plenamente dispuesto a acudir, por fin, adonde nadie lo quiere recibir.
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El desorden del Gobierno es clamoroso y el Presidente no quiere, no puede o no sabe hacerse cargo de eso.
Los sentidos de un símbolo
La imagen de las bancas vacías expresa varios sentidos a la vez.
- Habla de la imposibilidad de la extrema derecha gobernante de alegar algo, cualquier cosa, en defensa de un hombre indefendible.
- Da cuenta de la vocación casi suicida del centro –más nítidamente geográfico que ideológico– de extender en el tiempo su pegoteo con un gobierno del que, tal vez, más adelante –acaso ya tardíamente– necesite diferenciarse.
- Muestra el predominio kirchnerista dentro de una oposición hoy imposible de concebir como un universo unificable.
- Expone la enésima defección ética de la política, causa suficiente de un desapego ciudadano que no debería hacer más que crecer ni sorprender.
El kirchnerismo como excusa
A lo que merece llamarse oposición le faltaron 12 diputados para forzar el cuórum. Las 140 complicidades con Adorni pudieron más.
Asistieron las representaciones de Unión por la Patria, la izquierda y la Coalición Cívica, Miguel Pichetto y "diez de los 18 miembros de Provincias Unidas, donde dejaron sus bancas vacías emisarios de mandatarios enfrentados a Milei como Martín Llaryora (Córdoba), Maximiliano Pullaro (Santa Fe) e Ignacio Torres (Chubut)", precisó este martes Letra P.
También hay que destacar a la libertaria arrepentida Marcela Pagano (Coherencia), al socialismo, al radicalismo que responde a Martín Lousteau (Karina Banfi y Pablo Juliano) y al team jujeño de Carlos Sadir.
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En el operativo "Salven a Manuel" se anotaron La Libertad Avanza (LLA), el PRO, la UCR "oficial" y el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID).
También lo hicieron quienes responden a los gobernadores Alfredo Cornejo (Mendoza), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Raúl Jalil (Catamarca), Gustavo Sáenz (Salta), Hugo Passalacqua (Misiones), Marcelo Orrego (San Juan), Rolando Figueroa (Neuquén), Juan Pablo Valdés (Corrientes) y Leandro Zdero (Chaco).
A esta altura, la excusa de "no votar nada junto al kirchnerismo" no se la creen ni quienes la repiten. Mejor dicho, es un vicio grave: el temor al contagio de no se sabe qué enfermedad inhibe el pensamiento propio en el "centro" y lo habilita a auxiliar a un evasor confeso. ¿Hasta qué punto pretenderá llevar ese argumento?
De seguro, la venalidad expuesta tiene otras explicaciones, algunas de las cuales deberían detectarse en envíos de fondos a determinados distritos. Otras no se conocerán nunca.
La república perdida
Tampoco se sostiene el argumento de que es el Presidente quien debe lidiar con el mentiroso y ladrón de fondos públicos, un hombre ampliamente repudiado en la sociedad, incluso en el electorado que vota por Milei. Como Milei se declara dispuesto a proteger a Adorni a como dé lugar –una vez más, vaya a saberse por qué–, la abstención implica connivencia con la corrupción. No hay grandilocuencia sobre la república y las instituciones que compense semejante conducta ni artilugio que disimule tanta hipocresía.
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Manuel Adorni y Javier Milei son lo mismo, decía el eslogan de la campaña porteña de 2025.
El tema ahora pasará al biribiri de las comisiones, aliciente para la esperanza oficial de que el avance de la Selección en el Mundial distraiga a la gente del escándalo que no logra sacudirse hace ya más de tres meses, una ilusión que las encuestas revelan ingenua.
En tanto, la citación a declaración indagatoria de José Luis Espert –precuela de un previsible procesamiento– por los 200.000 dólares que recibió de Fred Machado refresca la memoria sobre la altura de la vara ética del "gobierno de la moral", como se autopercibe la administración libertaria. La reciente reivindicación hecha por Milei del economista sospechado –contumaz, falaz y promotora de la violencia– apunta en el mismo sentido.
La Argentina es una república sin republicanos.
El "próximo paso" de Mauricio Macri: ¿hacia dónde?
El centro, que a la hora de la verdad tolera todos los excesos de la ultraderecha– se vacía de contenido.
Así, es probable que al PRO de Mauricio Macri no le alcance con esgrimir el aliento de actores relevantes del Círculo Rojo, presentar logo nuevo, anaranjar su identidad amarilla y proclamar eslóganes como "el próximo paso" para recuperar la personalidad extraviada. ¿En qué consistiría "el próximo paso" si no en dotar al modelo económico en curso de un piso de cordura política y, al menos en el plano de los discursos, de respeto por la ética?
En medio de críticas generalizadas que calaron hondo, el partido salió este martes por la noche con una explicación abstrusa que ratificó su voluntad de censurar a Adorni, pero que explicó que con el acuerdo –¡con LLA!– para que el tema fuera tratado en comisión "el quorum ya no era necesario para garantizar que el tema siguiera su curso institucional". Todo, desde ya, para no "hacerles el juego a los kirchneristas". El manual de las excusas tiene una sola página.
Es Milei quien perpetra "el ajuste más grande de la historia de la humanidad", por lo cual, quien desee seguir su huella económica con un poco más de tino político ni siquiera debería reivindicar semejante desmesura. Aun así, el opoficialismo lo hace. Si encima el centro se despoja de toda responsabilidad republicana, ¿qué le queda?
Lo mismo cabe decir de un radicalismo que, más allá de las excepciones mencionadas, solo reacciona cuando se le tocan sus feudos. Ese partido, sin embargo, parece haber perdido hace ya mucho cualquier pretensión de propósito histórico.
A los gobernadores, columnas vertebrales residuales de partidos gelatinosos como los mencionados, les queda la esperanza de que Karina Milei decida no correrlos con listas propias en las elecciones locales del año próximo y, aun en los casos en los que haya reelección, quedaría el autorreproche de haber contribuido tanto a un proyecto de continuidad en la Casa Rosada que no les auguraría ningún alivio presupuestario.
El pecado de la deserción
El suicidio del centro político es un problema, no porque ese sector tenga o no tenga posibilidades de victoria o, incluso, porque las merezca o no. El inconveniente mayor es la deserción, la que deja a una franja de la ciudadanía –básicamente compuesto por clase media castigada– huérfana de representación y forzada al expediente corrosivo de la opción por lo que entienda el año que viene como un "mal menor".
Aunque no sea para ganar, competir permite, cuanto menos, imponer temas de preocupación en la agenda e incidir, política y alianzas mediante, en el curso de los acontecimientos.
Con la excusa zonza del rechazo al kirchnerismo, el centro geográfico no hace más que favorecer la chance electoral de los dos polos de la política nacional, incluido ese –el kirchnerista– que tanto detesta, pero al que auxilia cuando atraviesa un trance de crisis existencial.
La convocatoria de María Eugenia Vidal a trabajar para sacar al kirchnerismo del próximo ballotage se convierte, así, en una quimera. "No nos hubiese pasado lo de Adorni en el PRO", se golpeó el pecho hace apenas 20 días la vocera de la derecha autoproclamada republicanista. Offside, le marcó este martes el VAR.
Las recientes segundas vueltas presidenciales celebradas en Perú y en Colombia expusieron una misma postal, hecha de polarización extrema, sociedades partidas por mitades irreconciliables, legitimidad recortada para los mandatarios electos y horizonte de inestabilidad.
En el primero de esos países, el izquierdista Roberto Sánchez ya se resigna al veredicto del apretadísimo escrutinio oficial, pero este martes desconoció el triunfo de Keiko Fujimori y lanzó una campaña de "resistencia democrática" que tendrá este mismo sábado su bautismo en las calles.
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En el segundo, todo apunta a una ratificación de la victoria del outsider ultra, misógino y macartista Abelardo de la Espriella y, de igual modo, a una política convulsionada.
Si el bolsonarismo, que sufre en las encuestas el escándalo de los aportes en negro del banquero preso Daniel Vorcaro, consiguiera explotar la novedad de que esas esquirlas también impactan en el Partido de los Trabajadores, no sería imposible que ese estado de cosas se extendiera a Brasil en octubre próximo.
¿Será ese también el destino de la Argentina?