Javier Milei asumió en diciembre de 2023 con la promesa de erradicar los medios públicos, a los que calificó de “mecanismo de propaganda kirchnerista”. Sin embargo, no hubo cierres formales ni despolitización: optaron por vaciarlos de contenido, ejercer censura -según denuncian sus trabajadores-, y usarlos como herramienta de difusión gubernamental.
“Saluden a Télam que se va”, fue el tuit que escribió el vocero presidencial, Manuel Adorni, tras el anuncio de Milei de cerrar la agencia nacional de noticias.
A través del decreto 548/2024, el Poder Ejecutivo anunció la conversión de Télam en Agencia de Publicidad del Estado Sociedad Anónima Unipersonal (Apesau), dispensó de actividades a sus trabajadores y valló sus tres edificios.
Milei intervino todos los medios del Estado, restando control cruzado de la oposición que tenía espacio en sus directorios. Los vaivenes de la gestión libertaria afectan a las audiencias, cada vez más escuálidas, y a los trabajadores.
El show de Javier Milei en el Movistar Arena
La producción se redujo al mínimo y la TV Pública y Radio Nacional concentraron su programación casi exclusivamente en la Ciudad de Buenos Aires, en detrimento de su rasgo federal. Proliferaron transmisiones de corte faccioso.
Algunas respondieron a hechos de interés público, como la apertura de sesiones en el Congreso -donde sólo se mostró a legisladores oficialistas-; otras, directamente, a actos partidarios, como la presentación completa del libro y el show de Milei en el Movistar Arena, que derivó en un reclamo público del Sindicato de Prensa, SiPreBA.
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Sipreba repudió la transmisión partidaria del recital de Javier Milei en el Movistar Arena.
Las redes sociales de los medios estatales (que manejaban los trabajadores), fueron suspendidas y luego modificadas. La mayoría de los sitios web está caído o “en construcción”, lo que impide el acceso a la información y a los contenidos en general, y obstruye la interacción con las audiencias.
Canal 7 libertario
Tras la intervención de la emisora creada en 1951, la pantalla fue reconfigurada, reduciendo las cuatro ediciones de noticias a dos, transmitiendo contenidos enlatados y una grilla orientada al entretenimiento.
Mientras se eliminaban programas emblemáticos como Cocineros Argentinos y espacios históricos, como el dedicado a las Madres de Plaza de Mayo, la exmodelo y actual candidata a diputada por LLA, Karen Reichardt, obtuvo un lugar en la programación.
Los trabajadores están bajo una constante presión política. Así lo expresaron en su última declaración, en la que denunciaron “el uso de propaganda partidaria en el marco de la campaña por las elecciones legislativas de octubre”. También advirtieron sobre casos concretos de censura y control editorial.
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Algunos ejemplos ilustran el clima interno: “No podemos darle espacio a ningún dirigente social o gremial”, relata una delegada sindical. Tampoco se autoriza entrevistar a manifestantes (solo mostrar el operativo policial y la voz de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich), ni mencionar el hambre en Gaza, por ejemplo.
Lo mismo ocurre con los casos que involucran denuncias de corrupción al oficialismo, como el escándalo que forzó la renuncia de José Luis Espert a su candidatura por sus vínculos con el narcotráfico. “Lo único que se permitió poner al aire fue el descargo leído por el propio Espert”, detalla el informe público del SiPreBA.
Télam, la agencia desmantelada
El caso de Télam es emblemático. De las 794 personas que trabajaban en la agencia nacional hasta diciembre de 2023, cerca de la mitad aceptó el retiro voluntario. A esto se sumó el desmantelamiento de su estructura periodística ya que se discontinuó el servicio de cable y se dio de baja el sitio web, lo que redujo la actividad de unas 230 personas a envíos internos dentro del propio Gobierno o para otros medios estatales, como Radio Nacional, la TV Pública o DeporTV.
Con esas decisiones, la agencia perdió el corazón de su organización productiva: ser proveedora de información para el ecosistema mediático a lo largo del país. Télam cubría lugares donde otros medios no llegan. También se desplomaron sus ingresos, ya que el 80% de los servicios pagos provenía de clientes del sector periodístico, mientras que desde el Gobierno vociferaban que harían sostenibles a los medios estatales.
Hoy, parte del personal fue reasignado a tareas de publicidad oficial y otro sector permanece sin funciones definidas, “No tenemos actividad y es involuntario”, denuncian.
Los canales temáticos pierden su identidad
Los canales Encuentro y Paka Paka mudaron sus estudios hechos a nuevo que se ubicaban en la Ex-ESMA, y vieron reducida su programación federal cultural y educativa por el desfinanciamiento a la producción y la compra de enlatados extranjeros con ideología libertaria.
El abandono de la cobertura federal, el uso propagandístico, el reemplazo de contenidos de interés cultural, la ausencia de controles cruzados en la gestión institucional y el vaciamiento de cuadros técnicos capacitados son, a casi dos años de gobierno de Milei, las marcas de la gestión libertaria en los medios del Estado.