En una de sus más recientes diferenciaciones públicas de Javier Milei, que cada vez se vuelven más frecuentes, Patricia Bullrich apeló a una metáfora de la Segunda Guerra Mundial: le reprochó al Presidente que no ande diciendo que tiene una bazuka llena de reservas para enfrentar una corrida electoral porque le auguró el mismo destino de la línea Maginot, el sistema defensivo francés que no logró detener el avance nazi.
Continuando la analogía histórico militar, la senadora y el libertario libran su propia guerra fría, con una línea que ninguno puede cruzar por temor a las consecuencias, lo que los mantiene paralizados en un permanente status quo de tensión. Los minutos van y vienen en el Reloj del Apocalipsis de La Libertad Avanza: si llega a la medianoche, puede haber una mutua destrucción. En términos electorales eso implicaría el regreso del peronismo.
"Haciendo mileísmo crítico, Patricia contiene a los desencantados y Javier, cada vez más radicalizado, le habla a su núcleo duro", graficó un dirigente libertario, antes de acotar, apesadumbrado: "Si fuera una estrategia sería espectacular, lamentablemente no lo es". Es como se solía apenar el albertismo por no planificar jugadas que salían demasiado bien: "No somos tan inteligentes".
Un win-win momentáneo
La cumbre para sellar la pax armada en la Quinta de Olivos, a principios de mes, podría reforzar esa sensación de estrategia armada. Como contó Letra P, la senadora le avisó que seguiría contando a los medios sus diferencias con la gestión y el Presidente, según el bullrichismo y jamás no desmentido en Balcarce 50, la avaló para que continuara haciéndolo. "Le dijo que le divierte lo que hace", describen en el bullrichismo el permiso presidencial.
Quien no parece tomárselo con el mismo desdén es Karina Milei, quien infla a la contracara de la senadora en la cámara alta, Nadia Márquez, cuyo nombre figura en la tómbola de vicepresidenciables y que oficiará de anfitriona este sábado durante la visita del jefe de Estado a Neuquén para inaugurar una iglesia evangélica.
Ese juego de roles es un win-win para una sociedad sellada con un meme en la previa del balotaje 2023. Como si hubiera sido pergeñado en un laboratorio electoral, ella instala su figura para decidir en marzo a qué se candidatea (los rumores escalaron de jefa de Gobierno porteño a presidenta, pasando por compañera de fórmula presidencial) y Milei intenta instalar la sensación de permisibilidad de disenso y debate interno; así, pregona que no haya un "discurso único", como le achaca al kirchnerismo. Sin embargo, a la vez, es un equilibrio imposible de mantener en el tiempo sin generar desgastes.
Por un lado, los desafíos de la excandidata presidencial de Juntos por el Cambio pueden erosionar la jefatura presidencial. El propio Milei tuvo que salir a identificar que quienes auspician una boleta Bullrich 2027 son integrantes del Círculo Rojo que desean un "mileísmo sin Milei", que podría traducirse en "liberarismo de buenos modales".
La hipótesis de un sector del empresariado (no tanto el industrial, con el que se junta la senadora y le pide a Toto Caputo tenerlo en cuenta) es que el Presidente podría no llegar a las elecciones con números competitivos (en encuestas y en el INDEC, con inflación, pobreza y desempleo) como para garantizarse la reelección, por lo que buscaría a otra figura para garantizar el norte del rumbo económico. El candidato es el proyecto, diría el kirchnerismo.
Este viernes, la cuenta oficialista El Jefe difundió un fragmento de Martín Menem descartando el otro plan urdido por mentes afiebradas: una interna oficialista entre el Presidente y Bullrich. "No hay dos candidatos en La Libertad Avanza, el único candidato es Javier Milei", afirmó el presidente de Diputados y mano derecha de Karina Milei. El Presidente lo retuiteó.
Con o sin PASO, una suspensión que no todo libertario defiende puertas adentro; con o sin acuerdo con el PRO, una mancomunión que parece inevitable como una sociedad de socorros mutuos; la bajada política violeta a los territorios es la misma: en ningún lugar habrá una primaria oficialista. Más de un futuro candidato afirma en privado, encuestas en mano, que los Menem saben que se presentará sí o sí, incluso por afuera, sin el aval de El Jefe.
Toda Guerra Fría tiene un final
Con momentos de escalada de tensión, una espiral que tomó velocidad desde que la senadora le pidió la declaración jurada al renunciado Manuel Adorni, la relación Milei-Bullrich no puede romperse por decisión unilateral, según coinciden en ambos campamentos. "Ella sabe que no puede quedar como una traidora que permita que el kirchnerismo vuelva al poder", recitan en la Casa Rosada.
Algo similar admite el bullrichismo, que no esconde el extensísimo recorrido por variopintos partidos de su jefa. Un sector oficialista sospecha que ella busca que la echen. "Eso no va a ocurrir", avisan en Balcarce 50, donde temen que sus números actuales en la encuestas mejoren aún más con un despido.
En una de sus muestras de rebeldía, Bullrich le ofreció a Milei su renuncia a la jefatura de bloque del Senado. No se la aceptó, pero tampoco la encapsuló como a Victoria Villarruel porque en LLA reconocen que la exministra tiene, además de estructura y votos propios, una mayor capacidad de daño que la vicepresidenta. Como viene contando Mauricio Cantando en Letra P, lo está ejerciendo al negociar con los aliados retoques en los proyectos del oficialismo.
En público, al apurar a los Menem para sellar un entendimiento con el PRO y con gobernadores (otra diferencia y van...), Bullrich sentenció que no es momento de hablar de candidaturas. En privado, fija el mes de marzo como el momento de tomar una definición. ¿Podrá estirar hasta ese entonces su mileísmo crítico sin que sus diferencias comiencen a diluirse como parte del colorido paisaje libertario? En un despacho del Gobierno tienen claro ese matiz conveniente y mencionan de caso testigo su posicionamiento con respecto a lo sucedido en Brasil: "Ahora quedó a mitad de camino, cuando su electorado es de derecha. Salió a reconocer a Lula, pero lo cuestionó por perseguir a Bolsonaro".
El saludo a Luiz Inácio Lula da Silva, para variar, generó otra interna en LLA, ya que un sector del karinismo consideraba que lo mejor era reconocer su reelección para reencauzar aunque sea un poco las relaciones bilaterales. En esto ganó el sector de Santiago Caputo, que encabezó el operativo local para permitir la fuga de Flávio Bolsonaro a Estados Unidos. El implícito aval presidencial a esta visión (con retuits y silencio) dejó a varios integrantes de Las Fuerzas del Cielo como el japonés que siguió peleando una guerra terminada en Filipinas, hablando de un supuesto fraude del PT que ni el Partido Liberal denuncia.
Mala señal para Bullrich: su tuit para diferenciarse marca mil compartidos y cuatro mil respuestas. Su anterior marcada de cancha a Milei fue condenar la repudiable frase presidencial en la Fundación Faro sobre que algunos periodistas merecen ser quemados en la hoguera. No fue otra cosa que exteriorizar una queja por el trato presidencial a la prensa que la senadora esgrime en privado.
Ni lenta ni perezosa, entre las siete fotos que envió la Casa Rosada de esa cena, difundió una que muestra a Bullrich en un afectuoso saludo con el mandatario. Una maniobra de contrainteligencia sacada del libro de espionaje de la Guerra Fría. Muy acorde a los tiempos actuales.
La foto que difundió Presidencia de la cena en la que Milei llamó a quemar en la hoguera a periodistas.