Eso, con todo, sería anecdótico. Lo peor es que casi nada funciona en el programa económico: el crecimiento se demora demasiado, la desinflación va y viene y hasta el tan celebrado superávit fiscal luce cada vez más como un dibujo contable basado en el abuso del pedaleo de pagos y en el recurso de no contabilizar como gasto la toma de deuda capitalizable.
La fiebre del oro
El jefe del Palacio de Hacienda no derrocha fortaleza y polémicas como la generada por una supuesta pérdida por una operación con el oro del Banco Central lo complican más.
Según la Auditoría General de la Nación (AGN), "durante 2025, el BCRA realizó operaciones financieras especulando con una determinada trayectoria para el precio internacional del oro, erró el cálculo y perdió 1023 millones de dólares, según surge de las registraciones contables".
"Desde que se auditan los estados contables del Banco Central, nunca se había utilizado esta magnitud de reservas físicas (oro) para transacciones de riesgo, como las mencionadas operaciones de derivados que han generado esa pérdida para la entidad", dijo el titular del organismo de control, Juan Manuel Olmos.
La autoridad monetaria replicó con dureza, le atribuyó una finalidad política a la agencia dirigida por el peronista porteño y explicó que lo realizado fue una operación de cobertura sobre la totalidad de su posición en oro, cosa que necesariamente conlleva "un costo". Al revés de lo denunciado, afirmó que "obtuvo en 2025 un resultado neto positivo de 2505 millones de dólares por su posición" en ese metal.
Formalmente, Bausili es el responsable de esa maniobra, pero no es el presidente de una autoridad monetaria dotada de autonomía, sino un apéndice del Ministerio de Economía y un exsocio de Caputo. La responsabilidad última, entonces, recae en el Messi de las finanzas, justo cuando el crack acaba de retirarse de la Selección. Entonces, ¿el país ganó o perdió? ¿Hubo apuesta fallida o costo financiero? Chi lo sa...
Eduardo Bausilli y Toto Caputo, socios en el escándalo del oro.
Otro traspié de opinión pública que se le imputa al ministro trader es el de la venta de la ciudadanía argentina a cambio de inversiones, un fondo de olla en busca de dólares que no sólo resulta poco prometedor, desdoroso y devaluatorio del pasaporte nacional, sino una puerta entornada al ingreso de gente que convendría observar con lupa.
¿Quién aprovecharía la ganga de hacerse argentino pagando 350.000 dólares o comprando un bono a interés cero por 800.000?
¿Acaso serviría para que los extranjeros obsesionados con la compra de tierras y hasta de provincias enteras, como defendió Pablo Quirno, pudieran hacerlo sin dificultad?
Si así fuera, resultaría inocuo salvar el DNU 70/2023 en la Cámara de Diputados proponiendo medidas restrictivas para ese mercado que van en un sentido exactamente opuesto del que hasta hace pocas semanas el Gobierno defendía con ardor. Bastaría con que un extranjero pagara una bicoca por ser argentino para hacer lo que desee.
El jefe... y el Jefe
Sentado sobre un polvorín económico y político, Caputo gritó el miércoles a los cuatro vientos de las redes sociales —así, de la nada— su felicidad por tener un jefe político descomunal. El Jefe, para él, es Milei. Javier Milei.
Esas obsecuencias son muy necesarias, cada tanto, en todas las construcciones políticas populistas como La Libertad Avanza (LLA).
El hombre no la tiene fácil en la interna. Son conocidos sus ruegos de que el Gobierno ordene la política antes de que la incertidumbre electoral meta decididamente la cola.
Eso implicaría pactar con los gobernadores que hiciera falta y respetarles sus distritos para evitar que el Congreso le metiera ruido al ajuste del que depende la calma chicha financiera que evita que todo vuele por el aire.
Ese ordenamiento es resorte, claro, del otro Jefe, Karina Milei, quien melonea la cuestión y, en consecuencia, no termina de sellar a suspensión de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), ardid necesario para complicar la normalización de la oposición peronista.
Toto Caputo y Karina Milei, El Jefe.
¿Será que el "atrevimiento" de meterse en la estrategia política oficial —Caputo dixit— le viene ahora en forma de vuelto con estas versiones desestabilizadoras?
Un aporte constructivo
Al elevar su perfil, Ades dio pie a especulaciones sobre ambiciones que seguramente no merece. Sin embargo, los planteos que hizo en la reunión de gabinete del lunes y registró como preguntas constructivas en dos largos posteos de Twitter pegan bajo la línea de flotación de la política económica.
El primero de esos posteos es un elogio a la apertura económica y a la transformación productiva en curso.
"Es perfectamente posible, y hasta esperable, que algunas actividades se contraigan o desaparezcan, pero eso no significa necesariamente que la economía esté destruyendo riqueza", explicó. Luego, saludo uno, saludo dos. "El Gobierno de Milei, con Caputo, Bausili y su equipo económico, ha encarado una tarea verdaderamente titánica, con logros que me parecen ya notables, particularmente en materia de ordenamiento fiscal, desinflación y reducción de la pobreza", escribió.
"¿Cómo se pueden moderar esos costos de transición y darles a las empresas potencialmente viables una oportunidad de adaptarse, sin comprometer el equilibrio fiscal ni los objetivos de desinflación?", se preguntó. "No es una pregunta sencilla", concedió, pero afirmó: "No tengo dudas de que el Gobierno está trabajando en varias de estas cuestiones y explorando otras alternativas".
En el segundo posteo, Ades apeló al "espíritu constructivo" de su aporte y problematizó tres asuntos. Se pregunta:
1. "¿Es demasiado restrictiva la política monetaria? Sin abandonar los objetivos de inflación, ¿hay margen para una calibración que alivie las condiciones financieras, facilite la inversión y permita que empresas potencialmente viables atraviesen la transición? ¿O los riesgos para la desinflación y la estabilidad cambiaria siguen siendo demasiado grandes?".
2. "¿Cómo movilizar el enorme ahorro privado en dólares? Los argentinos mantienen un volumen de moneda y depósitos fuera del sistema bancario local del orden de USD 300.000 millones. ¿Qué condiciones, además de la Inocencia Fiscal, permitirían que una mayor parte de esos recursos se canalizara hacia los bancos o el mercado de capitales, ampliando la oferta de crédito bancario y no bancario?".
3. "Last, but not least, ¿ayudaría un tipo de cambio real más alto?".
Casi nada.
Pateando un cable pelado
Según una reconstrucción de la reunión de gabinete del lunes hecha por el periodista Juan Manuel Barca en Clarín, Ades hizo eje en el atraso cambiario. Un verdadero cable pelado.
"El cálculo de Ades es que el dólar está 29% abajo del promedio de 23 años", señaló la nota. "En ese contexto, el inversor de Vector Alpha planteó ante el gabinete un 'dilema cambiario' y tres alternativas frente a la fortaleza del peso", añadió.
La primera pasa por reforzar el ajuste fiscal como compensación no inflacionaria a una política más agresiva de compra de dólares del Tesoro. En ese caso, los pesos que se volcarían al mercado en esas operaciones, serían retirados por el recorte continuo del gasto. Con todo, el riesgo de un enfriamiento todavía mayor de la actividad en una previa electoral sería demasiado grande.
La segunda alternativa, siempre según Clarín, sería una "devaluación discrecional", la que impactaría pronto en la inflación y en la credibilidad del Gobierno.
La tercera pasaría por acelerar las "reformas de productividad", objetivo compatible con el largo plazo e inútil para la transición.
Como en sus posteos, Ades plantea preguntas sobre asuntos que Caputo presenta como hechos consumados.
Una posible muestra de esto habría sido la referencia del ministro sobre el compromiso de Donald Trump y Scott Bessent para volver sacarle del fuego la papa caliente del dólar en caso de necesidad en la campaña del año que viene.
"Si vos tenés un país que te ayudó en una elección de medio término, después de todo lo que le dio Milei a Estados Unidos con relación a esta región que tiñó de azul, ¿ahora, en una presidencial, te van a soltar la mano? (…). No hay que saber de mercados o de economía, hay que tener un poquito de sentido común", disparó en diálogo con Parisini en otro rapto de atrevimiento.
A principios del mes pasado, Esteban Rafele contó en Letra E, a propósito de la participación de Caputo en la Reunión de Ministros de Finanzas y Gobernadores de Bancos Centrales del G-20 celebrada en Asheville, Carolina del Norte, algo que hoy luce más interesante que en su momento.
En ese contexto, Ades dijo que "Trump fue importante, pero Bessent tomó un interés personal en ayudar a Argentina". El problema, añadió, es que no sabe "si Bessent se va a quedar después de las elecciones de medio término" del 3 de noviembre.
De hecho, el secretario del Tesoro hizo suyos los argumentos de Caputo en una entrevista y aseguró que, llegado el caso, volvería a hacer con el "patio trasero" argentino lo mismo que en 2025. El tema es si va a estar…
Para Caputo, no se trata de Bessent, sino de Trump. Y les pide a los aportantes voluntarios de ideas "un poquito de sentido común".
¿Es Toto Caputo o es Javier Milei?
Como todo ministro, Caputo siempre será un fusible potencial, pero cabe dudar de que, en este momento, el Presidente esté dispuesto a apretar el botón de eyección.
Hacerlo implicaría un daño reputacional para el Gobierno en un momento en el que se aferra a la narrativa fantasiosa de que todo va bien; que el consumo es récord; que la economía crece en lugar de asomarse a la recesión; que, bien medida, la inflación es cero; que los empleos no se destruyen, sino que se crean, y que hasta la industria crece más allá de shocks coyunturales.
Además, semejante paso le metería más ruido a la situación financiera cuandio abundan las preguntas de los inversores sobre la sustentabilidad del tipo de cambio y sobre la existencia de dólares para pagar los vencimientos de deuda de 2027.
Más de fondo, una eventual salida de Caputo tocaría sin remedio a Milei. ¿Alguien cree que le pertenecen al ministro y no al Presidente el dogma monetarista, el fanatismo por el ajuste perpetuo y la confianza en que la desinflación se producirá achicando el circulante de pesos hasta un paso antes de la extinción? ¿O, contracaras como una desindustrialización tan radical que abre la posibilidad concreta de que Peugeot y FIAT se dejen de producir en el país?
¿Piensa algún distraído que esto no es, antes que un plan económico, todo un modelo destinado a dar vuelta a la Argentina como una media y a jibarizar su Estado al extremo para hacerlo más barato para los ricos?
No se trata de Toto Caputo, sino de Javier Milei. El ministro podría salir por una ventana, pero ¿qué recurso quedaría después de eso?