FORO DE DAVOS

Javier Milei cantó su rap conocido ante una audiencia extrañada

Abordó a la flor y nata del capitalismo global como a un grupo de socialistas. Lección de un profeta incomprendido y arenga al estilo Serafín Dengra.

Javier Milei aleccionó este miércoles a los asistentes al Foro Económico Mundial que se celebra, como todos los años, en Davos –Suiza– sobre los efectos benéficos del capitalismo y lo pernicioso que resulta un socialismo que la audiencia sabe sepultado. El final fue una arenga propia de Serafín Dengra, una que derivó en un aplauso helado, producto de lo que muchos de los presentes definieron ante la prensa argentina que siguió el evento como "delirante" o, de modo más benigno, "pintoresco".

"Empresarios: no se dejen amedrentar; no se entreguen a una clase política que lo único que quiere es perpetuarse en el poder. Ustedes son benefactores sociales. Ustedes son héroes. Ustedes son los creadores del periodo de prosperidad más extraordinario que jamás hayamos vivido", azuzó. "Que nadie les diga que su ambición es inmoral. El Estado no es la solución, el Estado es el problema mismo. Ustedes son los verdaderos protagonistas de esta historia y sepan que a partir de hoy cuentan con Argentina como un aliado incondicional. ¡Viva la libertad, carajo!", cerró, aclarando cosas que no eran necesarias en ese lugar y poniendo al final en aprietos al traductor oficial. Purasangres…

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El presidente había anticipado en su viaje, en declaraciones y a través de su aparato de comunicación, que se proponía evangelizar sobre la superioridad del capitalismo a un foro que imaginó "contaminado con la agenda socialista 2030 que solo traerá miseria al mundo". La misma, cabe recordar, es apenas una hoja de ruta votada por la Asamblea General de la ONU en pos de un desarrollo global sustentable.

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La pretensión fue curiosa y, acaso, un poco insultante: Davos pretende reunir –aunque sin la convocatoria de los buenos viejos tiempos– a la flor y nata del mundo financiero global.

"Hoy estoy acá para decirles que Occidente está en peligro. Está en peligro porque aquellos que supuestamente deben defender los valores de Occidente se encuentran cooptados por una visión del mundo que inexorablemente conduce al socialismo y, en consecuencia, a la pobreza", les avisó de modo un tanto impertinente.

"Estamos acá para decirles que los experimentos colectivistas nunca solucionan los problemas que aquejan a los ciudadanos del mundo si no que, por el contrario, son su causa. Nadie mejor que nosotros los argentinos para dar testimonio de estas dos cuestiones", insistió al explicar la misión que lo llevó a los Alpes.

Con sus admirados Donald Trump –ya en carrera en las primarias republicanas, pero en ascuas en la Corte Suprema– y Jair Bolsonaro –excluido por sus tropelías hasta 2030– por ahora en el llano, Milei se asume como un cruzado que pelea por los valores occidentales apenas acompañado por Giorgia Meloni, Víktor Orban y algún ultraderechista más. Ni Davos le resulta un aliado confiable para su batalla cultural.

Sin embargo, lo que para él fue una apología del capitalismo, para muchas de las personas que lo escucharon –algunas afines, otras no tanto– fue el mismo rap ultraderechista al que están acostumbrados en sus países.

"Comunistas, fascistas, nazis, socialistas, socialdemócratas, nacionalsocialistas, democratacristianos, keynesianos, neokeynesianos, progresistas, populistas, nacionalistas o globalistas", se afiebró al aludir sus bestias negras, alguna de las cuales probablemente estaba representada en las butacas. Da igual: todos zurdos.

La canción siguió con la Argentina potencia del siglo XIX, el fantasmal "mayor PBI per capita del mundo", la superioridad moral del afán de lucro, el despojo que representan los impuestos, la perfección atribuida a los mecanismos de mercado –aunque se trate de uno monopólico–, el macartismo anticolectivista, el ninguneo del cambio climático, la denostación de "la agenda sangrienta del aborto" y el rechazo a "la ridícula pelea entre el hombre y la mujer" propuesta por el "feminismo radical". Llama la atención que no logre memorizar de una vez ese acotado haz de ideas y lo siga leyendo en sus presentaciones.

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Profeta offshore 2.0, el anarcocapitalista busca en el mundo, al igual que todos sus antecesores, las palabras de aliento que escasean en casa, pero lo hace a su modo: como un profeta incomprendido, cuya misión no se sabe si es gobernar un país y sacarlo de sus problemas o predicar un dogma supuestamente redentor.

A su regreso lo esperan la inflación rampante –la heredada y la autoinfligida–, la protesta social, la huelga que prepara el sindicalismo, las idas y vueltas de su proyecto de ley de plenos poderes, los tropiezos de su decreto sin necesidad ni urgencia, la primavera en ciernes de las cuasimonedas provinciales, el peligro de disolución de la autoridad del Estado federal y, sobre todo, una realidad social que hace temer estallidos en todos los grandes conurbanos del país.

En esas barriadas, más que rap, se escucha mucha cumbia. Pero ese género, el que hoy más llega al sentir popular, no es de dominio del Presidente de la Nación.

Lo que viene aquí es un tiempo de mutua incomprensión.

Javier Milei en Davos (Foto: NA)
Martín Lousteau complica a Javier Milei. 

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