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SANTO SUFRAGIO

Iglesia y elecciones: la campaña para vencer la apatía y defender el voto

En un contexto de ausentismo y desinformación, obispos y una organización laica impulsan una iniciativa para alentar la participación. Distancia del cura candidato.

Las elecciones legislativas del 7-S y del 26-O llegan atravesadas por apatía y descreimiento. La Iglesia lo resume en un vocabulario de “tedio” y “hartazgo” que refleja la fatiga democrática en amplios sectores sociales. Para contrarrestarlo, obispos y una organización laica activaron la campaña “¡Votá, tu voto vale!”, una exhortación a participar con conciencia, más allá de lealtades partidarias.

La iniciativa, lanzada por la Acción Católica Argentina, busca contrarrestar un fenómeno que preocupa en los despachos episcopales y en las encuestas: el ausentismo electoral.

Según sondeos recientes, apenas la mitad de quienes viven en la provincia de Buenos Aires tiene decidido ir a votar en los próximos comicios; el resto se reparte entre la duda, la resignación y la indiferencia.

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Un botón de muestra del ausentismo como tendencia en la era de Javier Milei: en Misiones, este año votó el 55,3% del padrón.

El dato se monta sobre una tendencia más amplia: este año, dos de cada cinco electores faltaron a las urnas en distintas provincias, configurando la participación más baja desde el regreso de la democracia.

Una ciudadanía en retroceso

La Iglesia interpreta el fenómeno como parte de un proceso de desgaste político y social. A la crisis económica y la inflación persistente, que Javier Milei y Toto Caputo intentan domar, se suma la desconfianza hacia los partidos y alianzas electorales, que ya no logran movilizar con promesas de cambio y aparecen salpicadas por hechos de corrupción.

En este contexto, la apelación eclesial se propone como un recordatorio de que la democracia necesita del acto individual del voto para sostenerse como sistema colectivo.

“Lo que decidan los candidatos impactará en tu vida y en la de los más vulnerables”, advierte el material difundido por la Acción Católica, que circula en redes sociales y parroquias.

La campaña incluye talleres, charlas comunitarias y documentos para trabajar con jóvenes, el sector en el que el desapego con la política se hace más evidente.

El mensaje episcopal

Las reflexiones de las autoridades episcopales refuerzan la idea de que votar no es un trámite burocrático, sino un acto moral. El obispo Sergio Buenanueva, de San Francisco (Córdoba), sostuvo que el sufragio involucra “la conciencia y la libertad” de cada ciudadano, y pidió elegir representantes con honestidad y preparación.

El diocesano cordobés también instó a pensar el voto desde “la mirada de los más frágiles”, una forma de reorientar la política hacia los sectores marginados.

El obispo Adolfo Canecín, de Goya (Corrientes), fue más allá y reclamó a la dirigencia un compromiso con una “democracia inclusiva y participativa”.

Con un tono pastoral, pero con trasfondo político, convocó a fortalecer políticas contra la pobreza, las adicciones y la exclusión, y pidió consensos que trasciendan la grieta.

El límite político: el kura candidato

El llamado a la participación llega, sin embargo, con la necesidad de marcar fronteras. La postulación del sacerdote Juan Carlos Molina como candidato del peronismo en Santa Cruz reavivó la tensión entre fe y política partidaria.

El Obispado de Río Gallegos se apresuró a aclarar que se trata de una decisión personal del cura y que la diócesis no acompaña su candidatura. Además, informó que Molina quedará inhabilitado para ejercer funciones sacerdotales durante la campaña y, eventualmente, en caso de asumir una banca.

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Juan Carlos Molina, el cura candidato

El mensaje fue claro: la Iglesia pretende alentar el compromiso electoral sin que su voz se confunda con la de un partido. Se trata de mantener un equilibrio delicado entre la exhortación moral y la neutralidad política, en un país donde la tentación de apropiarse de símbolos religiosos nunca está del todo ausente.

Democracia fatigada, democracia necesaria

La estrategia pastoral apunta, entonces, a sacudir la apatía social con un recordatorio que mezcla fe y civismo: el voto no es sólo un derecho, sino también una responsabilidad con el prójimo y con el futuro colectivo.

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La Iglesia hace campaña para que la ciudadanía acuda a las urnas

El trasfondo es evidente: sin participación ciudadana, la democracia se vacía, y con ella se resquebraja la posibilidad de recomponer el contrato social.

En tiempos de descreimiento, la Iglesia busca, al menos, garantizar que el acto más básico de la vida política -introducir una boleta en la urna- siga siendo un puente entre la desazón y la esperanza.

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