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Horacio Rodríguez Larreta, el llanero solitario que se juega todo al balotaje en la Ciudad

El exalcalde apuesta a meterse en una segunda vuelta sin el peronismo. Tensión con Jorge Macri y contraste con Milei. Cálculo electoral y partido propio.

Horacio Rodríguez Larreta decidió achicar la cancha. Lejos de una candidatura presidencial, volvió al metro cuadrado porteño con un objetivo para 2027: entrar al balotaje en la ciudad de Buenos Aires con una opción propia, sin un acuerdo con el peronismo y enfrentado al rumbo que tomó el PRO.

La estrategia de cara al año que viene parte de un diagnóstico claro. En el larretismo consideran que la decisión de Jorge Macri de desarmar el viejo esquema de Juntos por el Cambio y acercarse a La Libertad Avanza espantó a sectores históricos del electorado amarillo. En esa pecera quieren pescar votantes que conocen a Larreta y ya lo eligieron alcalde porteño en 2015 y 2019.

A ese escenario le suman las críticas que arrastró la gestión jorgemacrista durante sus primeros años, en particular alrededor de la limpieza y el mantenimiento de la Ciudad. La consigna que Larreta viene utilizando para condensar ese contraste es sencilla: “falta gestión”.

En los últimos meses, además, endureció públicamente sus cuestionamientos a su sucesor, al que responsabilizó por la suciedad, la falta de obras y los problemas de infraestructura. En mayo pasado confirmó que su apuesta vuelve a ser la Ciudad y dijo que su antigua “obsesión presidencial” había quedado atrás. El camino de vuelta a Uspallata será entonces, un camino propio, sin la opción de una alianza con el peronismo.

El fin de la oposición responsable

La tensión con el alcalde porteño, que supo ser su jefe de Gabinete, empezará a notarse en los próximos días en la Legislatura. En el entorno de Larreta anticipan que el bloque que conduce Emmanuel Ferrario dejará atrás la lógica de “oposición responsable” que sostuvo durante buena parte del mandato de Macri. El primer escenario para evidenciar esa mutación será la discusión del Presupuesto 2027.

Ferrario conduce políticamente el bloque de Larreta, nucleado actualmente en Confianza y Desarrollo, una bancada de seis integrantes, un número nada despreciable en un escenario legislativo atomizado. Hasta ahora, ese sector combinó críticas a Jorge Macri con acompañamientos institucionales. En el larretismo sostienen que esa etapa llegó a su fin y que el debate presupuestario marcará un punto de inflexión.

La decisión tiene una dimensión electoral, pero también puede alterar la mecánica legislativa. Si el larretismo endurece su posición, el PRO necesitará reconstruir mayorías con otros sectores para aprobar leyes sensibles. El objetivo de Larreta es que la ruptura deje de ser discursiva y empiece a expresarse en el recinto.

Un proyecto de ciudad

La diferenciación tampoco quedará limitada a la gestión. El segundo movimiento es abrir una discusión ideológica sobre qué Ciudad debe construirse. Larreta quiere recuperar como banderas la educación pública, la cultura, el turismo, la integración urbana y la idea de Buenos Aires como centro educativo y cultural de la región. Y no pierde ocasión para hacerlo.

Una primera muestra apareció en el cruce que mantuvo días atrás con el desarrollador e influencer Beltrán Briones por el futuro de la Villa 31. Briones propuso compensar económicamente a las familias para liberar los terrenos y avanzar con desalojos sobre quienes no aceptaran. Larreta defendió la política de integración del barrio que impulsó durante su gestión y rechazó esa alternativa. La discusión se trasladó después a las redes sociales, donde el exalcalde se trenzó también con Pilar Ramírez y otras voces libertarias.

En el equipo del ex jefe de Gobierno aseguran que después de ese debate, las mediciones que maneja registraron un repunte de su imagen. Más allá de ese dato interno, el intercambio mostró una de las líneas que Larreta pretende explotar: transformar el recuerdo de su gestión en una discusión presente sobre el modelo de Ciudad.

El razonamiento tiene una dificultad evidente. Los últimos años de su gobierno, atravesados por la campaña presidencial, tampoco estuvieron exentos de desgaste. La apuesta, en todo caso, es volver a asociar sus ocho años de administración a una suerte de belle époque de la gestión macrista que transformó la Ciudad.

Eso también serviría como contraste frente a un Jorge Macri que busca explotar un fenómeno inverso. Aunque los números muestran una mejora en la aceptación pública de la administración del jefe de Gobierno, en el larretismo consideran que su imagen todavía está condicionada por las falencias que marcaron los primeros dos años.

Por eso, Larreta ya empezó a juntar afiliaciones para armar su propio partido. Necesita alcanzar un mínimo de 4000 adhesiones para conseguir el reconocimiento legal y, aunque todavía está lejos de ese número, este mismo fin de semana empezó el despliegue de mesas callejeras en distintos barrios de la Ciudad para sumar firmas.

Ni con Milei ni con el peronismo

La tercera pata es nacional. Si bien Larreta descarta de plano cualquier alineamiento a nivel nacional, tampoco quiere cederle al peronismo el monopolio de la oposición a Javier Milei. Su intención es disputar valores y políticas del gobierno libertario desde una visión porteña moderada y progresista en cuestiones sociales, educativas y urbanas, sin quedar incorporado a una oferta electoral encabezada por el PJ.

Ese equilibrio explica también su negativa, al menos por ahora, a sellar un acuerdo electoral con el peronismo. Cerca del exalcalde sostienen que una alianza de ese tipo podría desperfilarlo ante votantes de centro, antiguos electores del PRO y sectores decepcionados con Jorge Macri que difícilmente acompañarían una propuesta identificada con el PJ.

La reconstrucción que imagina tiene algo de paradoja. Larreta apuesta a reunir buena parte del universo político que integró Juntos por el Cambio y que podría resistir un entendimiento del PRO con LLA. En concreto, sectores de la UCR, la Coalición Cívica, el socialismo y dirigentes independientes. Sería, de alguna manera, una remake de Juntos por el Cambio sin el PRO, pero encabezada por uno de los hombres que durante dos décadas mejor expresó la construcción política del macrismo.

Larreta fue jefe de Gabinete de Mauricio Macri durante los ocho años de la gestión porteña del ingeniero y posteriormente gobernó la Ciudad durante dos períodos. En 2023 intentó proyectar ese recorrido hacia la Presidencia, pero perdió la interna frente a Patricia Bullrich. Tres años después, su estrategia transita el camino inverso: moderar la escala y recuperar el territorio en el que construyó su poder.

La cuenta para llegar al balotaje

En el larretismo trabajan sobre un escenario en el que una eventual alianza entre el PRO y LLA podría reunir alrededor de 40 puntos en la primera vuelta de 2027. Al peronismo le asignan una banda de entre poco más de 20 y cerca de 30 puntos, aunque creen que hoy se encuentra más cerca del piso, alrededor de los 22. Sobre todo porque todavía no aparece un candidato capaz de sintetizar a todas sus corrientes internas.

Son ecuaciones propias, no una proyección electoral concluyente, pero sobre ellas construye la estrategia. Larreta busca capturar una porción del electorado que quede por fuera de esos dos grandes espacios y alcanzar así el segundo puesto necesario para ingresar a la segunda vuelta.

Horacio Rodríguez Larreta quiere volver a sentarse en el sillón de Uspallata con el foco puesto en el ingreso al balotaje.

La hipótesis explica por qué un acuerdo con el peronismo es visto más como un problema que como una solución. En el larretismo creen que necesitan conservar disponible todo el arco que va desde antiguos votantes del PRO hasta radicales, progresistas no peronistas e independientes. Una alianza con el PJ podría ampliar por un lado, pero cerrar esa puerta por el otro.

El diagnóstico sobre la segunda vuelta es una parte central de la apuesta. Cerca de Larreta creen que, una vez dentro del balotaje, podría producirse un reordenamiento mucho más amplio del electorado porteño. Esa es la estación a la que quiere llegar. El problema, admiten incluso quienes trabajan con él, es atravesar primero la elección general.

El regreso al metro cuadrado

Por eso la campaña seguirá siendo estrictamente local. Larreta viene reconstruyendo presencia territorial con recorridas, reuniones con vecinos y encuentros con comerciantes. La Ciudad dejó de funcionar como plataforma de despegue para una ambición presidencial y volvió a ser el objetivo en sí mismo.

La paradoja atraviesa toda su estrategia. El dirigente que en 2023 hizo de la ampliación su principal bandera intenta ahora reconstruirse desde una posición mucho más solitaria. Ya no tiene detrás al PRO, tampoco busca aliarse con el peronismo y todavía debe conseguir que los antiguos socios de Juntos por el Cambio confluyan alrededor suyo.

Su apuesta es que la polarización entre violetas y peronistas no alcance para ordenar todo el tablero porteño y que una eventual alianza entre LLA y el PRO deje disponible justamente el espacio político que pretende ocupar.

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