CIUDAD DE BUENOS AIRES

Jorge Macri 2027: el desafío de demostrar que el PRO puede ser mayoría

Es candidato puesto para buscar retener el bastión amarillo. Por qué LLA es, al mismo tiempo, un problema y una oportunidad para el alcalde. El factor Larreta.

El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, administra el principal activo que conserva el PRO después de la irrupción libertaria y cuenta con una estructura política y de gestión que ningún otro dirigente posee. Sin embargo, también carga con una responsabilidad inédita: demostrar que el macrismo todavía puede representar una mayoría electoral propia en la Ciudad de Buenos Aires.

A diferencia de otros dirigentes del partido amarillo que construyeron liderazgo desde la comunicación, la identidad o la confrontación política, Jorge Macri llegó a la política porteña en un movimiento de piezas impulsado por su primo, el expresidente Mauricio Macri, que terminó ubicándolo en la sucesión del poder porteño que ganó cómodo hace tres años, después de imponerse en las elecciones primarias y las generales.

Desde la intendencia de Vicente López desembarcó primero en el gabinete de Horacio Rodríguez Larreta y después llegó a la Jefatura de Gobierno. Su principal activo político fue garantizar la continuidad del proyecto amarillo en su distrito fundacional, justo cuando el partido atravesaba el momento más complejo de su historia reciente y empezó a enfrentar la competencia de una nueva expresión de derecha que disputa parte de su electorado histórico.

El poder del Estado en la Ciudad de Buenos Aires

De cara a las elecciones porteñas de 2027, Jorge Macri cuenta con una ventaja que ninguno de sus potenciales competidores posee: el manejo del Poder Ejecutivo local. La Jefatura de Gobierno le otorga visibilidad permanente, capacidad de agenda, recursos institucionales y posibilidad de mostrar resultados.

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Además, dentro del PRO no enfrenta ninguna discusión relevante sobre su candidatura. Al contrario. Su reelección aparece como una condición excluyente para cualquier conversación futura sobre alianzas, acuerdos o coaliciones. Esa situación le permite llegar a la carrera electoral con el respaldo pleno de su propia fuerza política.

La discusión, por lo tanto, no pasa por su liderazgo interno. El PRO porteño está alineado detrás de su candidatura. La incógnita es otra: si esa fortaleza partidaria podrá traducirse nuevamente en una mayoría electoral en una ciudad donde el sistema político se muestra más fragmentado, más competitivo y más agitado por el desembarco de los libertarios, que acechan como una renovación por derecha.

La Libertad Avanza y la amenaza para el PRO

La Libertad Avanza (LLA) es, al mismo tiempo, un problema y una posibilidad para Jorge Macri. Es un problema porque ya demostró capacidad para perforar la base electoral del PRO, disputar su agenda y poner en crisis la idea de que el macrismo conserva un vínculo natural con el electorado porteño.

Pero también es una posibilidad porque la propia dinámica política empuja al PRO y a LLA a explorar zonas de entendimiento. En la Legislatura porteña, esa convergencia empezó a expresarse en una agenda compartida que acerca la idea de un acuerdo entre el oficialismo porteño y el mileísmo.

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Ese ensayo de acuerdo legislativo funcionó como un laboratorio de convivencia. El PRO aporta gestión, estructura institucional y control del Ejecutivo. LLA suma volumen parlamentario, presión ideológica y capacidad de condicionar la agenda pública. El resultado es una incipiente mayoría de nuevo tipo, todavía inestable, pero suficiente para ordenar la dispersión de la Legislatura e ilusionar con una réplica electoral.

La herencia de Horacio Rodríguez Larreta

Uno de los aspectos más controvertidos del capital electoral de Macri es la relación con el legado del partido amarillo y, en particular, con el exjefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, su antecesor, que hoy juega como opositor.

En el entorno del jefe de Gobierno buscan disipar la imagen de una administración deficiente y señalan que el deterioro de la percepción sobre la gestión porteña no es nuevo. Según esta lectura, Jorge Macri está revirtiendo la degradación que se inició durante el último tramo del gobierno de Larreta, cuando la construcción de la candidatura presidencial del exalcalde pasó a ocupar el centro de la escena política.

Así, el desgaste de algunos servicios urbanos, la pérdida de cercanía con la agenda cotidiana de los vecinos y el agotamiento de una etapa de administración comenzaron antes del cambio de mando y terminaron impactando sobre la gestión que se inició en 2023.

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Bajo esa interpretación, Jorge Macri recibió una ciudad que ya mostraba signos de desgaste y absorbió durante sus primeros años los costos políticos de problemas que no se originaron en su gobierno. Los sondeos que manejan en la sede de Uspallata aseguran que hay un cambio de tendencia y un mayor reconocimiento a la administración respecto de un año atrás.

Más allá de cuánto tenga de diagnóstico político y cuánto de explicación interesada, la hipótesis resulta útil para entender cómo llegará a 2027 el oficialismo. El dispositivo de Jorge Macri no se presenta como una continuidad lineal del último Larreta. Al revés, se muestra como una administración que primero tuvo que corregir problemas acumulados y después empezar a construir una identidad propia.

Esa diferenciación no apunta sólo hacia atrás. También mira hacia adelante. El alcalde necesita despegarse del desgaste del ciclo larretista, pero sin romper con la marca PRO. Debe recuperar atributos históricos de gestión, eficiencia y orden, pero al mismo tiempo responder a un electorado que en 2025 encontró en los libertarios una oferta más disruptiva, más ideológica y más agresiva contra la política tradicional.

La derrota de 2025 y el desafío electoral

La principal mochila política que carga Jorge Macri sigue siendo la elección local de 2025. La decisión de desdoblar los comicios fue impulsada por el jefe de Gobierno y terminó asociada a una derrota histórica para el PRO, que quedó relegado al tercer lugar en el distrito que gobierna desde hace casi dos décadas.

Aunque el resultado fue multicausal y difícilmente pueda explicarse sólo por el calendario electoral, la percepción predominante en la política terminó vinculando aquella estrategia con el desenlace de la elección. Esa asociación constituye una de sus principales vulnerabilidades porque afecta directamente una dimensión central de cualquier candidato: la capacidad de lectura política.

La derrota de 2025 no puso en discusión su liderazgo interno ni su control sobre el oficialismo porteño. Lo que dejó abierto fue un interrogante sobre la estrategia electoral más adecuada para enfrentar un escenario en el que el PRO ya no compite en soledad dentro del espacio de centroderecha.

Ahí aparece la pregunta que ordena buena parte de la estrategia hacia 2027: si Jorge Macri debe enfrentar a los libertarios, integrarlos a una coalición, forzar una negociación desde el poder territorial o construir una síntesis que le permita contener a ese votante sin quedar subordinado a la marca de Javier Milei.

Jorge Macri y la búsqueda de una nueva mayoría

Después de aquella derrota comenzó a consolidarse una identidad más definida de la administración. El eje de ley y orden busca reforzar atributos históricos del PRO vinculados a la seguridad, el control del espacio público y la autoridad estatal. En paralelo, la narrativa de la ciudad más linda del mundo intenta recuperar elementos tradicionales de la experiencia porteña asociados a la calidad urbana, la cercanía y la gestión.

Los dos conceptos funcionan como pilares sobre los que Jorge Macri intenta construir su perfil político de cara a 2027. No son necesariamente consignas de campaña, sino el esbozo de una estrategia desde donde buscar diferenciarse de Larreta, ordenar al PRO y disputar a los votantes que migraron hacia La Libertad Avanza.

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La agenda legislativa de los últimos meses también puede leerse en esa clave. La reforma de la VTV, la Ley Hojarasca y la limitación de los trapitos apuntan a construir una idea de Estado más liviano, más ordenador y menos burocrático. Son iniciativas que dialogan con el universo libertario, pero que Jorge Macri intenta presentar desde una gramática propia: menos como ruptura antisistema y más como gestión eficiente de la ciudad.

La condición de candidato excluyente

Jorge Macri no enfrenta una discusión sobre quién es dentro del PRO. Tampoco sobre si será candidato. Ambas cuestiones parecen resueltas. Su centralidad surge de una combinación de factores: controla el Ejecutivo, ordena al oficialismo porteño, no tiene un competidor interno con volumen equivalente y conserva el respaldo de una estructura que necesita defender su último gran bastión.

La pregunta es cómo construir una mayoría. La irrupción libertaria modificó las reglas de juego de la Ciudad y obligó al PRO a moverse en un terreno más inestable.

El ensayo de acuerdo legislativo con La Libertad Avanza mostró un camino posible: convivencia parlamentaria, acuerdos programáticos y reparto de costos políticos. Pero también deja abierta la incógnita para los próximos meses. Los libertarios pueden ser aliados para gobernar, pero siguen siendo la principal amenaza electoral para un PRO cada vez más lejos de reeditar Juntos por el Cambio.

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