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KICILLOF, UÑAC Y...

Gustavo Sáenz, el tercer hombre que junta gobernadores y mete ruido en el PJ

Lejos de los grandes bandos en pugna, el salteño empuja un armado antikirchnerista, federal, pragmático y con vínculo abierto con Milei. ¿Puede ser candidato?

En medio de la tensión entre los sectores identificados con Cristina Fernández de Kirchner y quienes se encolumnan detrás de una cantidatura de Axel Kicillof, el Congreso Nacional del PJ volverá a exponer el desbande interno del peronismo. Con el lanzamiento de Sergio Uñac como última novedad, el salteño Gustavo Sáenz asoma como un tercer actor determinante.

Afuera de los grandes bandos en pugna, el gobernador de Salta apuesta a consolidar una vía alternativa dentro del universo peronista, trabajando por un esquema federal, dialoguista y profundamente pragmático, donde las provincias negocian directamente con la Casa Rosada sin someterse a la conducción partidaria nacional, a la que Sáenz cuestiona de modo sistemático.

Con los debates sobre el futuro del partido a la orden del día, el mandatario del norte suma aliados y gana espacios en el NOA, dejando abiertas las posibilidades para que un armado electoral alternativo sacuda la modorra sobre las que descansa el escenario hiperpolarizado que la mayoría de los analistas prevé para 2027.

La paradoja de esa construcción es que Sáenz busca disputar el sentido del peronismo mientras insiste públicamente en despegarse del PJ orgánico. Si bien, en su momento, se definió como “gobernador”, “peronista”, “salteño”, “abogado” y “papá de 4 hijos”, ahora comenzó a moverse en otra dirección. “Siempre diferencié el peronismo del kirchnerismo”, repite cada vez que puede, mientras que alrededor suyo crece una definición que empieza a instalarse incluso entre sus aliados, la de convertirse en la cara de un nuevo peronismo sin estar plenamente identificado con el espacio.

La ambigüedad no es nueva. Sáenz militó durante años en el justicialismo salteño, fue concejal y senador provincial bajo ese sello y construyó parte de su carrera dentro del PJ. Pero después de la derrota electoral de 2013, donde perdió contra el Partido Obrero en la categoría senador provincial, rompió con la estructura tradicional, armó Identidad Salteña (PAIS) y comenzó a construir un espacio provincial transversal, donde convivieron peronistas, radicales, romeristas y sectores conservadores. Ese modelo hoy es el corazón del saencismo.

Gustavo Sáenz, un salteño hasta los bujes

Hay una frase que el gobernador viene repitiendo desde hace tiempo y que resume bastante bien su manera de pararse frente a las identidades nacionales. “Cuando a mí me preguntan ¿usted es kirchnerista, usted es libertario, usted es macrista? No, yo soy salteño hasta los bujes”, suele decir en actos públicos.

La frase no es solamente un recurso discursivo. Funciona como síntesis política de un modelo que intenta escapar de las grandes identidades nacionales para refugiarse en una lógica provincialista. Lo cierto es que Sáenz evita quedar atrapado en la grieta entre kirchnerismo y mileísmo y busca construir un perfil propio basado en la defensa de los intereses de Salta, aún cuando eso implique sostener vínculos simultáneos con sectores enfrentados entre sí.

Gustavo Sáenz y Osvaldo Jaldo Casa de Salta Obelisco de fondo

Gustavo Sáenz y Osvaldo Jaldo, el gobernador peronista de Tucumán.

Por eso el gobernador puede reivindicar una identidad peronista cultural mientras mantiene diálogo político con Javier Milei, o cuestionar a la conducción nacional del PJ mientras disputa el control territorial del partido en Salta.

La idea de federalismo aparece constantemente en ese discurso. Pero detrás de esa bandera también hay una discusión concreta sobre el poder partidario y el lugar que las provincias ocupan dentro del peronismo nacional. Ese es el anzuelo con el que sale a buscar aliados, principalmente, entre los gobernadores.

La pelea por las intervenciones de CFK

El Congreso que se realizará en la sede de la porteña calle Matheu pero también hibilitará participaciones de modo virtual tenía previsto ratificar la prórroga de las intervenciones del PJ de Salta y Jujuy, además de sostener el cronograma electoral interno para ambos distritos. Sin embargo, los procesos de ambas provincias terminaron judicializadas antes del encuentro partidario.

En Jujuy, el juez federal Esteban Eduardo Hansen desplazó a la intervención encabezada por Aníbal Fernández y Gustavo Menéndez para colocar al frente del PJ jujeño a sectores cercanos al armado de Sáenz. En Salta, la jueza federal con competencia electoral María Servini dispuso este viernes la intervención judicial del Partido Justicialista local y designó como interventor a José Luis Napoleón Gambetta, un dirigente con extensa trayectoria política y vínculos históricos con distintos sectores del poder provincial, incluido el armado saencista.

El fallo desarmó el esquema que el PJ nacional buscaba consolidar desde Buenos Aires y dejó expuesta otra discusión de fondo: quién controla el peronismo en las provincias y hasta dónde llega la autoridad de la conducción nacional sobre los distritos.

Este lunes, Sáenz volvió a pronunciarse públicamente sobre el tema y dejó una definición que en el PJ leyeron como un mensaje político directo hacia la conducción partidaria nacional. “Creo que es fundamental que, de una vez por todas, los afiliados puedan elegir en un proceso electoral como corresponde a su candidato. Y que una vez que sean elegidos, no venga alguien a nivel nacional que ni conoce la provincia a decir 'intervengo este partido'”, sostuvo el gobernador en abierto cuestionamiento a CFK a la intervención del partido en su provincia.

La declaración refuerza la línea discursiva que Sáenz viene trabajando desde hace tiempo y que busca presentar las intervenciones del PJ nacional como decisiones centralistas tomadas sin comprender las realidades provinciales.

El peronismo de los gobernadores

La discusión interna del PJ aceleró además otra articulación política en el norte argentino. Gobernadores como Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil y el propio Sáenz empezaron a compartir la lógica de tomar distancia de La Cámpora, preservar autonomía territorial y sostener canales de negociación abiertos con el gobierno de Milei. Desde hace tiempo, el Congreso es el escenario principal para ejecutar esos movimientos.

En ese esquema, Carolina Moisés aparece también como una pieza importante. La jujeña se fue alejando progresivamente del kirchnerismo duro y comenzó a construir vínculos con sectores dialoguistas del norte. Su articulación política en la reciente designación de Flavia Royón dentro de la Comisión Bicameral de Trámite Legislativo fue leída dentro del PJ como parte de esa ingeniería federal que busca sostener interlocución tanto con el Gobierno como con el peronismo no kirchnerista.

Carolina-Moises-Gustavo-Saenz-

Carolina Moises junto a Gustavo Sáenz.

Si bien el grupo todavía no tiene estructura formal ni conducción explícita, sí mantiene intereses comunes, como el rechazo a la centralización política del PJ nacional, la necesidad de negociación permanente con Nación y una mirada cada vez más crítica hacia la lógica de confrontación que dominó al peronismo en los últimos años. En Buenos Aires ya le pusieron nombre a ese fenómeno. Lo llaman el peronismo de los gobernadores, y dentro de ese espacio Sáenz aparece como uno de los dirigentes más activos.

La relación con Javier Milei

La otra característica central de este sector es su vínculo con el gobierno libertario. Porque si bien discursivamente intentan preservar cierta identidad peronista, en los hechos varios de esos gobernadores terminaron funcionando como socios parlamentarios fundamentales para el vance de la agenda mileísta.

El caso salteño es uno de los más evidentes. Los legisladores alineados con Sáenz acompañaron sistemáticamente las principales leyes impulsadas por el oficialismo nacional, incluida la Ley Bases. El propio gobernador evita confrontar con Milei incluso en los peores momentos del ajuste y defiende públicamente la necesidad de “dar gobernabilidad”.

Gustavo Sáenz frente a Casa Rosada

Sáenz, el día que fue a cantar al frente de la Casa Rosada para reclamar a Milei por obras para Salta. Meses después, bromeó al proponer un concierto conjunto en el Movistar Arena para "mostrar un federalismo real".

Ese posicionamiento le permitió conservar diálogo político con la Casa Rosada y sostener presencia dentro del nuevo mapa de poder nacional. Pero también abrió tensiones dentro del peronismo.

Desde el kirchnerismo directamente dejaron de considerar al saencismo parte del campo nacional y popular. El abogado Gregorio Dalbón llegó a sostener que Sáenz no actúa bajo las banderas históricas del PJ sino en función de “su propia supervivencia política”, y cuestionó que algunos gobernadores pretendan apropiarse del partido según conveniencias electorales.

En el entorno del gobernador responden con otra lógica y dicen que el peronismo debe volver a una identidad “de centro”, más federal y menos subordinada a la conducción metropolitana. Ahí aparece quizás la definición más profunda de la estrategia saencista, la de acompañar sin alinearse completamente y diferenciarse sin romper del todo.

El equilibrista del norte

La figura de Sáenz incomoda precisamente porque se mueve en todas las fronteras al mismo tiempo. Para la Casa Rosada es un aliado útil. Para parte del peronismo es un gobernador que ayudó a sostener el programa legislativo de Milei. Para sectores dialoguistas aparece como uno de los posibles articuladores de un nuevo armado federal. Y para el kirchnerismo representa directamente una amenaza sobre el control territorial del PJ en el norte argentino.

Esa lógica de “poner un huevo en cada canasta”, como describen incluso dirigentes de su propio espacio, fue durante años la principal fortaleza política del gobernador salteño. Pero el nuevo escenario nacional empieza a achicar el margen de ambigüedad.

Milei necesita gobernadores más alineados. El peronismo necesita redefinir liderazgos y la pelea interna entre Cristina y Kicillof también empieza a ordenar posicionamientos en las provincias. Mientras tanto, Sáenz intenta construir otro lugar: un peronismo provincialista, negociador y menos ideológico, donde los gobernadores recuperen centralidad frente a la conducción partidaria nacional. La duda que persiste en es si, en ese nuevo armado, no se empieza a colar la idea de un eventual proyecto de país que le discuta al PJ la exclusividad del voto opositor.

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