ARDE EL PRO

Fiebre amarilla: Mauricio Macri y Patricia Bullrich protagonizan la remake de una guerra a todo o nada

El divorcio sin papeles tiene los condimentos de un thriller espectacular. Convivencia forzada bajo un techo que se derrumba. La cizaña del Topo. Final abierto.

Con menos charme que Michael Douglas y Kathleen Turner, pero con la misma pasión, Mauricio Macri y Patricia Bullrich inauguraron la versión argentina de La guerra de los Roses: fatalmente enemistados, estarán condenados a convivir bajo un mismo techo, el PRO, hasta que uno de los contendientes sea capaz de terminar con el otro o hasta que ya no quede nada.

Como se esperaba, el exmandatario le cerró el paso a la ministra de Seguridad hacia la presidencia de la Asamblea Nacional de la agrupación, imponiendo en su lugar al diputado, exintendente de Pinamar y guardaespaldas ad hoc de la ortodoxia amarilla Martín Yeza. Por si eso fuera poco, el cuerpo –responsable de la política de alianzas– estableció que la agrupación "no se fusionará con otros partidos", una alusión que tenía como única referencia al ultraderechista La Libertad Avanza (LLA).

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No hizo falta que los protagonistas de la pelea estuvieran presentes cuando se votó: los gritos y reproches fueron parte del escandaloso orden del día, que se encargaron de animar los respectivos fandom de Oliver y Barbara Rose.

Embed - La guerra de los Rose (1989) - Tráiler V.O.

Para Macri, el PRO se salvó de ser deglutido por su hermano menor, que en apenas un año pegó un estirón impresionante, al punto de sacarle varias cabezas; cosas que pasan con los adolescentes. Para Bullrich, en cambio, el ingeniero eligió quedarse al frente de "un partido chiquito", ideológicamente vaciado de contenido por LLA y electoralmente destinado a un desastre en las legislativas del año que viene. La queja se entiende: ya convertido en titular del partido, El Gato desconoció alevosamente el acuerdo previo de reparto del poder para quedarse con todo.

Más allá del negocio político personal que hubiese podido hacer, la Mujer Halcón le ofreció a Macri dos vasos para que eligiera de cuál beber: en uno había cicuta y en el otro, también.

¿Divorcio? No… al menos no con papeles. En vez de explotar, el PRO implosiona.

De ese modo, a lo Barbara Rose, Bullrich declaró su intención de permanecer en el partido: "Ni loca me voy; nos quedamos", se le escuchó decir. Así, tensará pero no romperá la bancada de la Cámara de Diputados y seguirá empujando hacia el norte –siempre va hacia allí– que se ha fijado como una obsesión: la mimetización con la noción mileísta de la libertad.

De repente, la Argentina se llenó de topos.

Javier Milei, tercero en discordia

Así las cosas, no se dará la fusión que deseaba Bullrich, posibilidad que, pícaro, había anticipado hace un par de días el protagonista invisible de la trama: Javier Milei. Sí, en cambio, podría haber alianza, cosa que obliga a imaginar –con una dosis enorme de capricho– qué podría ser del país y del proyecto de gobierno dentro de un año, cuando esas cuestiones se diriman.

  • ¿La derecha dura que lleva a la Argentina hacia un destino por ahora incierto seguirá constituyendo un proyecto político atractivo para una mayoría social y, en tanto tal, un aliado –como socio mayor– irresistible?
  • ¿Los indicios de agotamiento del programa económico que hoy se perciben justificarán las especulaciones actuales sobre una crisis hecha de nueva devaluación y recaída en la megainflación y la hiperrecesión, lo que convertiría a LLA en el compañerito de escuela al que nadie quiere ni siquiera para jugar a la mancha venenosa?

En este último sentido, las encuestas comienzan a dar señales incipientes de fatiga: no sólo el desempleo, sino ahora también la pobreza desplaza ya a la inflación como preocupación primordial.

¿Será así porque sobra la confianza en que la suba de los precios va camino a resolverse o porque una parte creciente de los votantes de Milei comienza a descubrir qué cosas entregó a cambio, como quien le vende su alma al Diablo, para resolver, desinteresándose por los medios, lo que creía que era el peor de los infiernos? ¿Será que a esas personas les inquietan la desocupación y la pobreza por puro altruismo, en tanto posibles destinos ajenos, o por el temor a caer ellas mismas a esos abismos?

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Si no fuera fusión, pero sí alianza –con paso previo de interbloques legislativos–, cabría hacerse, todavía, una pregunta más: para esa instancia, ¿quién reuniría para el Gobierno las mejores condiciones para negociar con Karina Milei? ¿Sería Bullrich, alguien propio, o Macri, alguien definitivamente ajeno?

Las acciones –políticas, claro– de Sociedades Macri parecen entrar en una era bearish.

Dos anotados en la lista de víctimas

Es notable el modo en que el Presidente, con casi nada, se ha llevado a la rastra a buena parte del sistema político.

El PRO no ha podido –ni siquiera se molestó en intentar– plantarse como una oposición constructiva, pero más moderada, republicana y democrática. La UCR ha incurrido –sin cesar ni por un día en ese empeño– en idéntico pecado.

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Si la política de hoy eludiera los nubarrones económicos y se pareciera a la del año que viene, LLA estaría destinada a quedarse con la parte del león de ese electorado liberal-conservador –el más duro ya lo tenía– y llevaría a los partidos a los que abrazó como un oso al límite de la extinción.

Sería, con todo, un triunfo de pago chico: si ese electorado seguiría siendo, digamos, el 56% del ballotage, los comicios serán una suerte de interna abierta de las derechas en las que la cosecha agregada sería la misma, solo que con un ganador, LLA, y dos derrotados, el PRO y la UCR. El bloque Ultras&Asociados difícilmente saldría de sus fronteras actuales y el tercio legislativo, potencialmente salvador en tantos sentidos, probablemente un mojón difícil de superar.

El otro escenario, como se dijo, es el de una crisis que desacredite las recetas paleolibertarias. En tal caso, ¿les sería tan fácil a amarillos y radicales mantener lo mucho que pondrán en juego en términos de bancas después de haber sido tan corresponsables de ese desenlace?

Hoy, tras tanta colaboración "desinteresada", Macri no tiene ni la narrativa ni el acompañamiento social como para irse a dormir y despertarse mañana como un opositor autopercibido.

Por eso no sorprende que, por ahora, deje enterrada el hacha de guerra y se prepare para ser parte del Pacto de Mayo que Milei se regalará el lunes a última hora en Tucumán.

El Gobierno le hace un poco de bullying, le atribuye frustración por no poder morder cargos y hasta lo chicanea mencionando la futilidad de su conato de rebeldía por la deuda de la Nación con la Ciudad de Buenos Aires. "En la Casa Rosada aseguran que ya hay un acuerdo entre Jorge Macri y Luis Caputo. 'Quizá Mauricio no estaba al tanto', deslizaron, picantes, cerca del Presidente", según Infobae.

Elige tu propia aventura

Lo dicho, vinculado a la centralidad que Milei ha logrado en la política argentino, da cuenta de sus méritos personales –entre los que hay que destacar la audacia y el no pedir permiso– así como los de sus estrategas. También hay que apuntar otros dos hechos: por un lado, la devastación del sistema político que explicó su ascenso, la que involucra, además de a los partidos mencionados, al peronismo en crisis; por el otro, la importancia insoslayable del presidente en un sistema que lo convierte casi en un rey republicano por cuatro –u ocho– años.

Entonces: si todo siguiera bien, el monarca constitucional del momento seguiría adelante con su impronta avasallante; si ocurriera lo contrario, el vacío que nos ha traído hasta aquí se tornaría algo más parecido a un misterioso agujero negro.

Mauricio Macri, titular del PRO.
Patricia Bullrich y Mauricio Macri

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