Emiliano Yacobitti y Lousteau no dan pie con bola: de la apuesta porteña por Levy a la debacle en la provincia
La estrategia de Evolución de ir a un acuerdo con Somos Buenos Aires en septiembre y con Randazzo para octubre terminó en un golpe histórico del radicalismo.
Como pasó en la Ciudad de Buenos Aires, con la postulación de Lula Levy, que apenas superó el 2 por ciento de los votos, la decisión de imponer candidatos del sector de Evolución en las listas seccionales bonaerenses resultó en un duro revés. En la Primera Sección, el radicalismo quedó en cuarto lugar, superado por el FIT. En la Tercera, la boleta encabezada por Pablo Domenichini quedó en quinto lugar, detrás de la izquierda y Nuevos Aires.
Los números de la catástrofe en Buenos Aires
El vicerrector de la UBA logró lo que parecía imposible: repetir en territorio bonaerense el mismo esquema que Evolución había ensayado meses antes en la Ciudad con muy malos resultados. La decisión de Yacobitti de imponer la lógica sectorial por sobre los consensos partidarios terminó exportando a la provincia el modelo que ya había naufragado en CABA. El resultado fue una catástrofe que dejó al centenario partido prácticamente sin representación legislativa.
La estrategia de Evolución consistía en forzar alianzas por fuera de las estructuras tradicionales del radicalismo y colocar candidatos propios sin medir territorio real. En la Ciudad, esa lógica había llevado a Lula Levy al desastre electoral con apenas el 2% de los votos, muy por debajo de las expectativas de un partido que alguna vez gobernó la ciudad. Yacobitti y Lousteau decidieron replicar exactamente la misma fórmula en Buenos Aires, por sobre el reclamo de un sector de la dirigencia radical que rechazó ese esquema.
Alianzas que no dieron resultados
La primera decisión controvertida fue impulsar el acuerdo con Somos Buenos Aires, un frente heterogéneo con sectores peronistas no kirchneristas como Julio Zamora y Juan Zabaleta. Esa alianza significaba diluir la identidad radical en una sopa de dirigentes sin cohesión ideológica, algo que los intendentes boinas blancas venían advirtiendo desde el cierre de listas. Evolución minimizó esas críticas y avanzó con la firma del acuerdo.
El segundo movimiento fue aún más polémico: la sociedad con Florencio Randazzo para octubre en el armado de Provincias Unidas. Esa decisión terminó de dinamitar cualquier posibilidad de unidad interna y expulsó a Facundo Manes hacia la Ciudad, fragmentando definitivamente las chances electorales del partido. El neurólogo, que había sido uno de los emergentes más prometedores del radicalismo, terminó compitiendo solo en territorio porteño.
Debacle en la Legislatura bonaerense y los municipios
Los números de la debacle son contundentes y muestran la dimensión del fracaso de la estrategia Yacobitti. En la Primera Sección electoral, donde viven 4,7 millones de bonaerenses, el radicalismo quedó en cuarto lugar con apenas el 8,5% de los votos, superado incluso por el Frente de Izquierda. En la Tercera Sección, la más peronista de la provincia, la lista encabezada por Pablo Domenichini cosechó un magro 2,82% y quedó en quinto lugar.
Las consecuencias de la estrategia de Evolución serán devastadoras para el radicalismo. En la Legislatura bonaerense, perderá más de la mitad de las bancas. En la Cámara de Diputados, UCR + Cambio federal tiene nueve bancas y perderá cinco; mientras que Somos perderá cinco de las seis que ostenta, aunque ganará dos. Queda con tres representantes. En la cámara alta, UCR + Cambio federal perderá cinco de los seis escaños que tiene en la actualidad, mientras que Somos retuvo las dos que ponía en juego.
Críticas y pedido de renuncia
Las críticas internas no tardaron en llegar después del 7 de septiembre. Walter Carusso, histórico armador del possismo en la Primera Sección, apuntó directamente contra Domenichini y contra Miguel Fernández por "utilizar la birome sin haberla ganado". El ex legislador provincial apuntó contra Evolución por haber dado representación a quienes habían perdido las internas "por más del 80% de los votos".
Los sectores que se habían opuesto a la estrategia de Yacobitti obtuvieron resultados relativamente mejores con candidaturas propias. Maximiliano Abad, que compitió con boleta corta en Mar del Plata, logró meter dos concejales y mostró que era posible ganar sin someterse a las alianzas forzadas de Evolución. Gustavo Posse, que también había rechazado el acuerdo con Somos, consiguió buenos números en su distrito de San Isidro.
Pablo Domenichini, el principal operador de Yacobitti en territorio bonaerense, había sido el encargado de cerrar las negociaciones con Randazzo y los sectores peronistas. Su rol fue central en las decisiones que llevaron al desastre, pero tuvo un fuerte revés en las urnas, en una sección en donde todos desaconsejaban ir con un candidato radical al frente de la boleta. Los dirigentes del interior provincial lo señalan como el principal responsable de haber ignorado las advertencias sobre la inviabilidad electoral del armado.