El plagio con trampa de Javier Milei: el presidente de "The West Wing" era otra clase de liberal
La serie de Aaron Sorkin que devoró Santiago Caputo narra los dos mandatos del demócrata Jed Bartlet, un boluprogre a la americana. La máscara de la libertad.
Vi The West Wing en tiempo real, como había que ver las series cuando las daban los canales de cable, de a un capítulo por semana y a la hora señalada. No llegaba del trabajo para verla a las 22, los jueves, cuando la programaba Warner Channel, así que aguantaba despierto hasta las 2.30 del viernes, cuando la repetían. Entiendo a Santiago Caputo: la historia era adictiva. Lo que no encaja son las palabras de Jed Bartlet en boca de Javier Milei.
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La serie de la que el joven brillante del gobierno libertario habría tomado prestadas algunas líneas para incrustarlas sigilosamente en el discurso que ofreció su jefe la semana pasada en las Naciones Unidas narra, en siete temporadas que salieron al aire entre 1999 y 2006, el ascenso al poder, los dos mandatos y la sucesión del líder demócrata Josiah Bartlet, gobernador del pequeño estado de New Hampshire que es convencido de lanzarse a la conquista de la Unión con una consigna escrita por su mano derecha, Leo MgGarry, en una servilleta: "Bartlet for America".
El día que Javier Milei “plagió” en la ONU al personaje de la serie The West Wing
¿Plagio, homenaje o un gesto de audacia diplomática? Tal vez hayan sido las tres cosas juntas: Javier Milei usó en su primer discurso ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones… pic.twitter.com/YoW41q0GKC
Acaso en los diálogos escritos por Aaron Sorkin -vertiginosos, precisos, complejos- radique el punto más alto de la serie, eso que la hacía irresistible.
Las conversaciones entre los personajes, en su mayoría mantenidas a paso rápido por el laberinto de pasillos y oficinas del ala oeste de la Casa Blanca -la que concentra la mayor cuota de poder por metro cuadrado del planeta- eran consideradas verdaderas clases de alta política por ilustres integrantes de la casta que gobernaba la Argentina en los últimos noventas y los primeros años de este siglo.
La política, en aquel tiempo, estaba fascinada con The West Wing. Aprendía, reconocía, y copiaba, también, como habría hecho Caputo con el discurso de Milei.
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Santiago Caputo, el fan de The West Wing, con Javier Milei y el embajador en su Estados Unidos querido, Gerardo Werthein.
Jed Bartlet y Javier Milei: el agua y el aceite
El punto es: ¿qué tienen en común Bartlet y Milei? Lo blanco de los ojos y la etiqueta de liberales. El problema es qué entienden por liberales en Estados Unidos y qué en la Argentina libertaria.
El presidente demócrata interpretado fabulosamente por Martin Sheen (Apocalipsis ahora) es un liberal a la americana, un progresista, un izquierdista según los parámetros de la superpotencia del norte: por empezar, creía en el Estado y en que el gobierno debía cobrar impuestos progresivos para que las clases más favorecidas ayudaran a garantizar derechos esenciales a las más postergadas. Defendía, en aquellos años que no son estos, la diversidad. Era profundamente religioso, pero enfrentaba con vehemencia a los lobbies ultraconservadores que intentaban imponerle una agenda contraria a las libertades que proclamaba.
Embed - UN ¡ZASCA! BÍBLICO. Serie "The West Wing".
Por eso, es fácil imaginar a Milei, curioso liberal de ultraderecha que machea claramente mejor con el Partido Republicano versión Donald Trump; que ama ser el topo que destruye desde adentro el Estado al que considera una organización criminal y espera despojarlo de todas las funciones que, cree, deben quedar en manos del mercado todopoderoso, descargando una lluvia de insultos sobre el "boluprogre" de Bartlet, al que no dudaría en tachar de comunista zurdo de mierda.
¿La Libertad Avanza?
El robo de esas líneas escritas por Aaron Sorkin ayuda a visualizar, en definitiva, cómo las mismas palabras pueden servir eficientemente a ideologías antagónicas; cómo la deificación discursiva de la libertad puede ser un instrumento eficaz para enmascarar el autoritarismo de quien sólo tiene insultos y descalificaciones para quienes piensan diferente y, más todavía, para quienes tienen la osadía de expresarlo, como los ensobrados corruptos soretes siniestros delincuentes sindigarcas parásitos degenerados econochantas -hijos de puta, según la barra a la que alentó- que el Presidente condenó el sábado por la noche desde el panóptico montado en Parque Lezama para lanzar su partido, bautizado (oh shit!) La Libertad Avanza.