COMBATIENDO EN CAPITAL

El laberinto del peronismo porteño: tratar de ganar la Ciudad o retener poder en la Legislatura

La disyuntiva entre una gran coalición de centro y una expresión propia. El riesgo de perder identidad, votos y bancas. La interna entre Olmos y Recalde.

El peronismo porteño se vuelve a mirar frente a un espejo conocido que refleja dos caminos posibles. De un lado, la opción de construir una coalición electoral opositora a un probable acuerdo PRO-LLA, que le permita disputar con chances reales el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Del otro, consolidar su condición de principal fuerza opositora y sostener el poder que acumuló en la Legislatura.

El dilema se instaló en los últimos meses, pero recrudeció esta semana cuando una nota de La Nación dio a conocer reuniones reales, aunque negadas públicamente, entre dirigentes que responden al líder de Nuevo Espacio de Participación (NEP), Juan Manuel Olmos, y Horacio Rodríguez Larreta. Una opción que presenta complejidades que exceden la reducción a un juego binario entre quienes quieren ganar y quienes prefieren conservar lo que tienen.

La apuesta por una alianza con el exjefe de Gobierno, el radicalismo y otras expresiones del centro progresista se evalúa como una posibilidad cierta en el peronismo para intentar superar el techo electoral, pero también abre interrogantes sobre su efectividad en un escenario abierto, en el que todavía no está confirmado si Jorge Macri conseguirá sellar un acuerdo con La Libertad Avanza para ir por su reelección en 2027.

Coalición o juego propio

La realidad es que hoy ninguna de las alternativas ofrece garantías, ya que una apuesta puramente peronista podría volver a dejar a esa fuerza a las puertas del Ejecutivo, aunque garantizaría el volumen legislativo actual, que equivale a un tercio de la Legislatura.

Enfrente, una coalición amplia podría abrir las chances de ganar la Ciudad, bajo el riesgo de debilitar el poder parlamentario con el que cuenta hoy el peronismo: una alianza supone listas compartidas y nombres propios intercalados en la nómina con los socios.

Con dos estrategias electorales distintas puestas a prueba en 2025 como antecedente, las diferencias empezaron a hacerse visibles a principios de este año en una serie de disputas metropolitanas de baja intensidad. Por caso, el PJ que preside Mariano Recalde evitó una interna por la conducción mediante una prórroga de los mandatos.

Después llegaron los desencuentros en la Legislatura. Primero por el convenio de traspaso de la Justicia laboral y más tarde por la designación del fiscal general porteño. Dos discusiones que dejaron al descubierto cómo los distintos sectores comenzaron a medir fuerzas.

La tensión escaló esta semana cuando el medio centenario presentó a La Cámpora como un "problema" para construir una coalición de centro progresista con Larreta. La organización, que localmente conduce Recalde, respondió en bloque desafiando al exalcalde a competir en una interna.

Detrás de esa respuesta estuvo la certeza de que el sector vinculado a Olmos ya puso en marcha tanteos políticos para un eventual frente, una ampliación que el kirchnerismo no descarta, pero sobre la cual no acepta condicionamientos.

Horacio Rodríguez Larreta, la apuesta y sus contradicciones

Esa estrategia de ampliación parte de la hipótesis de que Larreta sería el dirigente con mejores posibilidades de derrotar a Jorge Macri en un eventual balotaje.

Su capacidad para interpelar a una parte del electorado moderado, históricamente refractario al peronismo, aparece como el activo para construir una mayoría capaz de sacar al PRO del gobierno porteño después de dos décadas.

Sin embargo, esa apuesta genera controversias. La primera es cómo ordenar unas primarias de esa posible coalición, teniendo en cuenta que un candidato peronista tendría hoy altas chances de imponerse al exjefe de Gobierno en el mano a mano.

El dirigente al que se le adjudican mayores posibilidades de ganar la segunda vuelta podría perder frente a un candidato peronista en unas primarias que hoy parecieran ser una condición para el kirchnerismo. Ese fue justamente el eje de la respuesta de La Cámpora al artículo periodístico en cuestión. Si fuera así, ¿qué ganaría entonces el peronismo con su incorporación? La respuesta no parece tan evidente.

Hay, además, otro tema que aparece en los sondeos. Una alianza entre el peronismo y el espacio de Larreta no suma mecánicamente a sus electorados. Tomando como referencia las elecciones de 2025 en el distrito, los 28/30 puntos que puede reunir una expresión peronista y los ocho que cosechó el exjefe de Gobierno no se transforman automáticamente en 38.

La duda es si una coalición de esas características no podría provocar una fuga de votos por derecha y por izquierda. Es probable que una parte del electorado larretista, de tradición PRO, rechace un acuerdo con el kirchnerismo y mire a Jorge Macri. Al mismo tiempo, sectores ubicados a la izquierda del peronismo podrían rechazar al exalcalde y buscar una alternativa más cercana en el Frente de Izquierda, especialmente ante una candidatura de Myriam Bregman.

Un balotaje en riesgo

Esa potencial pérdida de votos arrastra otra incógnita que va más allá del rendimiento de la coalición. Los votantes de Larreta que no acompañen un acuerdo con el peronismo podrían migrar a las filas de una alianza libertaria-macrista y acercarla a una mayoría que le dé un triunfo en primera vuelta.

El escenario tiene algo de paradójico. Una coalición construida sobre la premisa de que Larreta es el único dirigente capaz de derrotar a Jorge Macri en un balotaje podría contribuir a que esa segunda vuelta no ocurriera.

Por supuesto, la hipótesis depende de una cantidad de variables que todavía están abiertas, empezando por la posibilidad de que el PRO y LLA compitan juntos, pero alcanza para poner en debate la idea de que una ampliación electoral necesariamente mejora las posibilidades de ganar.

Las bancas y el poder en juego

La discusión en curso incuba, además, una cuenta sobre el poder en la Legislatura porteña. Hoy el peronismo cuenta con 20 bancas propias, de las cuales pondrá en juego diez en 2027. Una gran coalición con Larreta y el radicalismo obligaría a compartir las listas, lo que se traduciría en una reducción de ese poder parlamentario, sin garantías de conquistar el Ejecutivo.

La alternativa de competir con una expresión propia no asegura ganar, pero abre una posibilidad concreta de conservar las diez bancas y mantener el control de las candidaturas. En definitiva, lo que está en juego no es únicamente la posibilidad de llegar al gobierno, sino también cuánto del poder acumulado está dispuesto a arriesgar el peronismo.

Veinte años buscando la fórmula

Desde la llegada del PRO al gobierno porteño en 2007, el peronismo ensayó distintas fórmulas para superar la limitación electoral que hacía que sus propios votos fueran insuficientes frente a la hegemonía macrista. Daniel Filmus, Mariano Recalde, Matías Lammens y Leandro Santoro, con distintos perfiles y recorridos, fueron parte de una estrategia generalmente atada a los destinos nacionales.

Ese diagnóstico cambió con el desgaste del PRO de Jorge Macri y tuvo su primera prueba en mayo de 2025, cuando quedó expuesta la debilidad del macrismo, pero al mismo tiempo se mostró que el peronismo no necesariamente estaba en condiciones de ocupar su lugar. El PRO terminó tercero, con menos del 16%, frente a La Libertad Avanza, que dio un batacazo.

La disputa está lejos de resolverse y ocurre, además, cuando Jorge Macri y La Libertad Avanza todavía no definieron si competirán juntos. El peronismo, que durante dos décadas buscó una fórmula para derrotar al PRO, se encuentra ahora frente a una oportunidad que algunos sectores consideran real, pero que para otros puede poner en riesgo su principal capital político. Cuánto está dispuesto a ceder para aprovecharla es, justamente, lo que todavía no consigue resolver.

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