Sergio Massa almorzó hace dos semanas con Axel Kicillof. Días después, recibió en sus oficinas a diputados nacionales del peronismo y cenó con un grupo de intendentes del Conurbano. El tigrense parece más activo que nunca en los últimos años, pero su movimiento, dice, no apunta a la gobernación bonaerense.
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El exministro está convencido de que el peronismo puede ganarle a Javier Milei tanto en la elección nacional como en la provincial y trabaja para pararse como un actor central en la reconstrucción del peronismo. Por ahora, no dice que sí ni no a una candidatura presidencial propia en busca de la revancha por la Casa Rosada. Pero en los últimos días repitió a quien quiera escucharlo que no está en carrera para suceder a Kicillof.
En las reuniones que Massa viene manteniendo con distintos actores del peronismo hay coincidencia en que éste es uno de los peores momentos del gobierno libertario. La demanda de ayuda social en los municipios del Conurbano se disparó, el endeudamiento de las familias superó todos los límites y en el Frente Renovador proyectan que el desempleo podría llegar a los diez puntos a fin de año. La experiencia cotidiana empieza a pesar más que el relato oficial, y Milei perdió el control de la conversación pública.
Sergio Massa
Sergio Massa visitó la ciudad de Rosario.
Esa lectura es la que alimenta el optimismo del massismo de cara a 2027. En cada una de las reuniones que mantiene, Massa sostiene que el peronismo tiene chances reales de volver al poder si logra ordenarse y construir una nueva "comunidad de valores". No se trata solamente de sumar nombres, explica el exministro en esas reuniones, sino de encontrar un proyecto que convoque más allá de las fronteras del PJ. "Hay que dejar el rifle sanitario atrás", repite.
La sucesión de Axel Kicillof
En ese esquema, la gobernación bonaerense no entra en sus planes. Aunque el massismo se subió a la multitudinaria conversación por la sucesión de Kicillof, Massa asegura en privado que su mira no está puesta ahí. Fuentes del massismo son categóricas: esa puerta ya la tuvo abierta y no la eligió. El tigrense no tiene intención de bajar a una pelea provincial.
Para no dejar el tema en el aire, deslizó en esas conversaciones el nombre del intendente de San Fernando, Juan Andreotti, como una figura del massismo bonaerense con condiciones para pelear por la sucesión de Kicillof. El jefe comunal difícilmente pueda instalarse en una carrera a la que se suman competidores todos los días y con muchas figuras de peso ya anotadas, desde Gabriel Katopodis hasta Julio Alak. Pero el movimiento cumple su función: sacarse de encima la marca y correrse de una discusión que hoy no le interesa.
La candidatura presidencial es otra historia. En el Frente Renovador no la descartan, y el propio Massa tampoco la cierra. Su imagen, según un seguimiento propio del espacio, se mantiene "de mitad de tabla para arriba", con una base electoral sólida y una imagen neutra cercana a los 18 puntos.
Reforma electoral en Buenos Aires
En las charlas que Massa viene manteniendo con todos los actores del peronismo bonaerense emerge el tema de la reforma electoral, la discusión central para la política de la provincia modelo 2026. La disputa incluye la Boleta Única Papel, las PASO y el espinoso tema de la reelecciones de intendentes, todos expedientes que pasarán por la Legislatura. Y se complementa con el debate sobre el calendario electoral 2027, que debería resolver Kicillof.
Massa es uno de los vértices de la negociación: el Frente Renovador tiene capacidad de bloquear votaciones en la Cámara de Diputados bonaerense y sin los votos de esa fuerza no avanzaría ningún proyecto.
Su lectura es que la experiencia electoral de 2025 dejó una enseñanza incómoda: adelantar la elección bonaerense ordenó y dio fuerza al antiperonismo. La victoria de septiembre, por más de trece puntos, funcionó como una primera vuelta que movilizó todo el voto opositor y terminó empatando la elección de octubre en la provincia. Desdoblar, como quiso Kicillof, no fue gratis.
Legislatura bonaerense
Ahora, dice, el peronismo bonaerense enfrenta un problema. En 2025, el peronismo le explicó a la sociedad que era imposible votar el mismo día con dos sistemas diferentes. Volver ahora con el mismo esquema exige una respuesta que el PJ todavía no tiene. "¿Cómo le decís a la gente que el año pasado era imposible votar con dos sistemas el mismo día y que ahora no habría ningún problema?", fue una de las frases que el tigrense repitió en varias de las últimas reuniones políticas.
Sobre la reforma política más amplia que tiene pendiente la Legislatura bonaerense, el massismo dice que no hay urgencia. La discusión puede esperar, incluso hasta 2027, aunque eso roce la norma no escrita que desaconseja cambiar las reglas en año electoral. La advertencia que circula en el entorno del tigrense es otra: si la reforma se percibe como un arreglo entre dirigentes para cuidar sus propios intereses, el costo electoral puede ser alto.
Debate por las reelecciones
En esa línea, el Frente Renovador ratificó su posición sobre las reelecciones indefinidas de intendentes: no las van a acompañar. El massismo fue impulsor de la ley que limitó los mandatos consecutivos y no tiene intención de dar marcha atrás. Sobre la posibilidad de un pacto entre el peronismo y La Libertad Avanza para cambiar esa norma a cambio de la Boleta Única, la respuesta es escueta: quien ofreció ese trato no habla en nombre del gobierno nacional.
Massa parece no tener apuro. Mientras el peronismo bonaerense termina de procesar una interna que dejó más preguntas que respuestas, el exministro sabe que el tablero de 2027 todavía no tiene forma definitiva.