El doble filo de la unidad nacional: Sergio Massa convoca y divide
El candidato de UP tira centros y toca nervios sensibles en JxC. La elasticidad radical, halcones en guardia y el lugar del cristinismo en la grieta que viene.
"Si el 10 de diciembre me toca empezar a presidir la Argentina, que nadie se asombre de que haya gente de otras fuerzas políticas integrando nuestro gobierno", dijo Sergio Massael domingo en un acto junto a los gobernadores peronistas y radicales del Norte Grande, definición que provoca amplias ondas expansivas. Que un simple mensaje genere tanto runrún es lo que pasa cuando el emisor toca un nervio sensible.
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No fue esa la primera vez en la que el candidato presidencial de Unión por la Patria (UP) habló de liderar "un gobierno de unidad nacional" y, de hecho, este lunes volvió a referirse a la cuestión en la inauguración del Parque Don Orione en Claypole. "Vamos a llamar a todos los argentinos y argentinas de bien porque el tiempo que viene es de unidad nacional. Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino".
¿Por qué lo hace?
No late, tiembla
Lo que el ministro-candidato plantea es que la emergencia del factor Javier Milei, acaso pensada en algún momento –de modo un poco chapucero– como un pícaro factor de división de la derecha, disloca severamente a todo el sistema político, lo que hará que las nuevas líneas de fractura del mismo –una nueva grieta– sean pronto muy diferentes de lo que son hoy. No falta mucho para sorprenderse en grande cuando uno mire al costado y vea quién estará defendiendo lo mismo.
"Dale, aplaudí", animó Gildo Insfrán a Gerardo Morales en el acto del domingo, cuando Massa habló de ese destino común, lo que motivó al radical jujeño a dar unas palmas dubitativas. Tal vez esa resulte una imagen significativa dentro de algún tiempo.
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Señales de crisis
Hay dos indicadores del tamaño de las dificultades que atraviesa la campaña de Patricia Bullrich.
Uno, su apelación obsesiva y desesperada al voto antikirchnerista, que de modo irresponsable usa palabras como "terminar", "liquidar" y hasta "exterminar", como si esos términos no tuvieran ecos especiales en la Argentina y como si no hiciera apenas más de un año que el auge de la política entendida como violencia se hubiera traducido en el intento de asesinato de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
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Dos, que sus principales aliados deban salir en fila a aclarar que la siguen apoyando; ya lo hizoMauricio Macri y acaba de hacerlo Morales.
Sobre lo primero, cabe señalar que la idea del estratega Derek Hampton de batir el parche de la vieja grieta, a lo Bukele, será "pato" o gallareta: si lograra meter a la candidata de Juntos por el Cambio en un segundo turno, sería victoria –aunque habrá que determinar cuán pírrica–, pero si no lo consiguiera, se constituiría en el fin de esa mama jugosa que una parte amplia de la dirigencia ha succionado hasta la náusea y en el de la propia jefa de los halcones. Los recientes dichos de Bullrich sobre una "batalla final" y sobre su inminente "desembarco en Normandía", como si esto fuera una guerra y ella fuera a librar al país del nazismo, ha constituido uno de los puntos más altos y peligrosos del delirio de una campaña de por sí lisérgica.
Una digresión: un eventual gobierno de unidad comandado por Massa, del que formen parte un sector de la UCR y, como dijo el aspirante oficialista, incluso "peronistas del PRO", ¿en qué lugar, ideológico, de fuerza relativa y de poder de chantaje, dejaría al componente cristinista? ¿Será que el ministro de Economía se prepara, si le tocara vencer, para terminar a su manera con la grieta de marras?
La enésima fractura del radicalismo
El gobernador de Jujuy debió justificar su presencia en el acto de Massa junto al correntino Gustavo Valdés. "No se confundan, fue un acto institucional. El ciento por ciento del radicalismo está en Juntos por el Cambio, comprometido. Es un partido que está jugando, tanto que la mayoría de los gobernadores que ya tenemos, cinco son de la UCR", explicó. La pregunta es qué pasaría si Bullrich no superara la semifinal y, cuando esté en juego la copa, la UCR tuviera que decidir si sacar entrada para la tribuna de Milei o para la de Massa.
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La UCR se ha roto muchas veces y no ha logrado evadir ese destino trágico incluso cuando, contra el mandato de su himno, ha aceptado doblarse.
Morales no ha dicho aún qué haría –o hacia dónde intentaría orientar al partido que se supone conduce– en caso de que Hampton esté "erradicando" a Bullrich de la política en lugar de ayudarla. Sin embargo, si hubiera que guiarse por indicios, parecería difícil verlo embarcado junto al sector paleolibertario o en el barco a la deriva de la prescindencia.
La figura de Macri concentra la insatisfacción de parte de la UCR sobre la alianza con LLA que plantea, silenciosa pero elocuentemente, el expresidente. Al comentar la ayuda de un puñado de radicales a la eliminación del impuesto a las Ganancias para los asalariados, aquel señaló, irónico, que "el populismo es muy contagioso".
Solo hace falta que las elecciones posterguen la porfía de Bullrich para que algo se rompa allí.
Cuestión de lealtades
Si surgiera de un ballotage con Milei, un gobierno de Massa podría llevarse una parte del radicalismo, pero también un triunfo del minarquista podría provocar el mismo efecto si Macri encaminara, como sugiere, a un sector de JxC hacia la orilla de la ultraderecha. ¿Encontraría en ese caso, al fin, la UCR un límite a su plasticidad?
El límite de la flexibilidad es la ruptura. Mientras Morales actúa como actúa, Emiliano Yacobitti aseguró que "es muy difícil que los radicales voten a Milei" en un eventual segundo turno con Massa, aunque tres hombres de Evolución Radical –Maximiliano Pullaro, Martín Tetaz y el diputado Alejandro Cacace– se han expresado en sentido inverso. Debería entenderse con ellos.
Mientras, parte interesada en que el globo no pierda más aire todavía, Luis Petri, se puso del lado de Macri y en las antípodas de Morales al afirmar que el exmandatario "ha tenido declaraciones de mucha contundencia respecto del apoyo a Bullrich, a nuestra fórmula". Su vencedor en la primaria mendocina y desde el domingo gobernador electoAlfredo Cornejo, por su parte, sugirió la misma sensibilidad cuyana, aunque pidió tiempo para decidirse "entre Frankenstein y Drácula".
El clivaje nuevo de la Argentina, casta-anticasta, se define por la palabra performativa del paleolibertario, dado que Luis Barrionuevo, por ejemplo, formaría parte de las "fuerzas de cielo" ya no por su pasado, sino por su visión sobre el futuro, según postulóRamiro Marra. Un escenario de gobierno de LLA podría hacer que todo el sistema de bicoalicionismo salte por el aire, con líneas de ruptura que atravesarían a las dos grandes alianzas y, aun más, a los partidos que las conforman. De ese modo, lo dicho más arriba sobre la UCR vale como un caso testigo, el del termómetro más sensible, sobre el calentamiento global de la política argentina, pero de ningún modo un fenómeno circunscripto a él.