Aunque no logró la foto que buscaba, Ricardo Quintela obtuvo su premio en la cumbre de La Rioja. Quiso juntar a Axel Kicillof y a Máximo Kirchner, pero terminó organizando un evento que lo mostró como uno de los pocos dirigentes que habla con todas las tribus peronistas en un tiempo caracterizado por la diáspora.
El riojano asoma la cabeza en un momento más que difícil del Partido Justicialista. Como alguna vez hizo Carlos Menem, ahora "El Gitano" construye desde el Norte Grande. Por ahora, archivó sus sueños presidenciales y dice que sólo quiere trabajar por la unidad del peronismo para asegurar un armado que en 2027 le gane a Javier Milei.
Qué ganó Ricardo Quintela
Quintela bajó varios tonos con respecto a sus dichos meses atrás, cuando aseguraba que sería candidato a presidente. Su nuevo discurso responde a una decisión de pararse por encima de la interna, algo que le dio mejores resultados que vociferar que quería llegar a la Casa Rosada. Archivar, sin embargo, no es desechar. Por eso, siempre que le preguntan deja abierta la puerta a una candidatura, confirmando aquel axioma de los curas que quieren ser papas, que muchos le atribuyen a Antonio Cafiero.
Ricardo Quintela con Máximo Kirchner en La Rioja.
Esa nueva centralidad se confirmó con la cumbre peronista. Convocó a todas las tribus a La Rioja para el homenaje a Monseñor Angelelli, en lo que fue el corolario de su rol de anfitrión de amplio espectro. Antes, viajó a Buenos Aires, se reunió con los popes de cada tribu y avisó cuál sería su plan. Logró que Kirchner viaje y que Kicillof y Sergio Massa manden emisarios en su representación. Así, mostró que todos lo escuchan y lo respetan.
“Tengo vocación política”, suele repetir cuando le preguntan si quiere ser presidente. “Pero lo que quiero de verdad es arreglar al PJ”, apura una aclaración. Esa neutralidad le permitió legitimarse en su rol de mediador pero, como una carambola, a su vez lo devolvió al centro. En un peronismo que adolece de mil internas, las acciones de uno que habla con todos suben.
Pros y contras del riojano
Quintela habla con todos y ese es su principal valor. Es, además, un ferviente opositor a Milei, por lo que no tiene movidas por las que dar explicaciones. También es gobernador de su provincia y llegó a ese lugar a través de una construcción propia que le llevó años y lo hizo pasear por varios cargos legislativos y ejecutivos.
Gobierna un territorio difícil en términos económicos, sí, pero llegó allí con votos propios, y eso le da otro talante a la hora de sentarse a la mesa de negociación. No es delegado ni le debe su lugar a nadie.
Ricardo Quintela junto a Axel Kicillof.
El segundo aspecto a favor de Quintela es que contruye alejado de las luces del centro. Conecta con el sentir de las provincias de la periferia, siempre tan desconfiadas con “los porteños”. El reclamo de escuchar y darle más protagonismo al peronismo de afuera de Buenos Aires se escucha cada vez más en las charlas. Es cierto, su desconocimiento es alto justo en el lugar donde más votos hay, pero puede construirlo con el carisma propio de los caudillos provinciales.
Puentes a ambos lados de la grieta (peronista)
Hay un tercer aspecto que ayudó a Quintela a ganar centralidad en el peronismo: está insospechado de kirchnerismo. El riojano fue el que puso la cara para enfrentar a Cristina Fernández de Kirchner cuando la dos veces presidenta decidió conducir institucionalmente el PJ, y lo hizo en serio. De hecho, cuando CFK quiso hablar para ofrecerle un acuerdo y bajarlo, ni le atendió el teléfono. Al embanderarse con la causa del peronismo “tradicional” que reniega del hermano rebelde K, terminó ganando su confianza.
Ricardo Quintela junto a CFK.
Con ese viento a su favor, desandó su camino de desamor con el kirchnerismo. Fue de los primeros que se solidarizó con CFK y la fue a visitar a San José 1111. Ese gestó le cayó bien a la tropa cristinista, que lo sintió como una muestra de respeto. Allí se reactivaron los contactos y fueron fluyendo hasta la cumbre de Punta de los Llanos, cuando Kirchner se lo reconoció públicamente y le dio la bendición.
Ese buen fluir del vínculo no le significó hacer seguidismo. Cuando tuvo que optar por un candidato, Quintela lo hizo y su elegido fue Kicillof. En privado, dice que es el único postulante que tiene hoy por hoy el peronismo. Sin embargo, el bonaerense eligió preservarse y no ir a La Rioja para evitar cruzarse con Kirchner.
A pesar de esa decisión que perpetúa la interna, tuvo un gesto de cuidado y mandó como emisaria a su jefa de asesores, Cristina Álvarez Rodríguez. Así, salvó el relato del Gitano, que puede decir que todos le atienden el teléfono. Hoy, en el peronismo, no es poco.