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FIN

Diego Santilli se prueba el traje de jefe de Gabinete: vuelve la política

Rosquero de profesión, tendió puentes entre Karina y Caputo. Vínculos con todo el sistema y nueva etapa libertaria. La Santileta hacia la gobernación.

Con el ascenso, que se confirmaría este domingo, de Diego Santilli a uno de los cinco lugares que tiene la cúpula libertaria, gana el sistema político, la rosca y la profesionalización del Gobierno por sobre otras figuras experimentales del oficialismo.

La opción del Colorado como jefe de Gabinete surgió de manera natural por ser el único que logró saltar la grieta entre Karina Milei y Santiago Caputo, enemigos internos que también estuvieron de acuerdo en forzar la renuncia de Manuel Adorni.

Santilli empezó su militancia política en el Partido Justicialista de la Ciudad de Buenos Aires, aunque se pasó rápidamente a Compromiso por el Cambio, la plataforma que luego ayudaría a Mauricio Macri a fundar el PRO, dos décadas atrás. De vínculo siempre distante con el expresidente de Boca, ocupó numerosos cargos en la administración porteña y en ambas cámaras del Congreso, hasta que se ganó los elogios de todo el ecosistema libertario cuando reemplazó a José Luis Espert como cabeza de lista en 2025 y logró dar vuelta una elección que parecía imposible frente al peronismo.

Representante de la política, esa misma que Milei detesta, su extenso currículum incluye los siguientes cargos:

La profesionalización de la comunicación

Con los últimos dos cambios en la comunicación oficial ya había indicios de que la mesa política violeta buscaba abrir una nueva etapa marcada por la profesionalización de la administración y el orden más tradicional. En otras palabras, en la Casa Rosada se mantenía cierto consenso de dejar atrás los ensayos para asegurarse un funcionamiento de la gestión lo más normal posible.

Eso explica también la llegada de Adrián Ravier como vocero presidencial, en reemplazo de Adorni, como la de Fabián Fernández, en lugar de Javier Lanari. Si bien el exdiputado nacional por La Pampa no tiene experiencia en prensa o comunicación, su perfil supuestamente dialoguista, aunque tenso y cohibido, su llegada a Balcarce 50 aparece por el contraste con su antecesor, quien marcó los dos primeros años de Gobierno con chicanas, agresiones y burlas a los periodistas.

Adrián Ravier

Adrián Ravier, vocero presidencial.

Lo mismo sucedió con Fernández. Aunque Lanari era quizá el funcionario más predispuesto al diálogo en la primera etapa de la gestión, con la mudanza de Fernández de YPF a la Casa Rosada, la administración libertaria buscó darle a la comunicación un plus de experiencia en uno de los momentos internos más críticos.

De hecho, el flamante secretario de Prensa y Comunicación trabaja en el diseño de estrategias de campaña y comunicación de crisis desde hace una década. Incluso, Fernández conoce a Santilli de la época en que asesoraba a Néstor Grindetti, el intendente de Lanús que se quedó con la candidatura a gobernador después de vencer al Colorado en las internas de Juntos por el Cambio en 2023. Ravier y Fernández ya marcaron estas diferencias en la presentación de este viernes en el Salón Héroes de Malvinas.

Los desafíos de Diego Santilli y su camino a la gobernación

Blindado por un nuevo equipo de comunicación y vocería y bendecido por todas las familias que conviven en la mesa política, Santilli, de confirmarse este domingo su designación, tendrá por delante una de las empresas más complejas dentro del oficialismo. Por un lado, cumplir con las metas que no logró aprobar Adorni, como dar impulso a las reformas de segunda generación que prometió Milei apenas asumió; por otro, recuperar el control de la agenda libertaria, mientras que también tendrá que ser el cobre conductor de diálogo entre Karina y Caputo.

Es decir, el ministro coordinador requerirá hacer mucho más que garantizar el funcionamiento del Gobierno o la aprobación de nuevas leyes en el Congreso; además, estará obligado a ser una suerte de garante y equilibrista entre dos sectores que mutuamente buscan desplazarse.

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Diego Santilli, junto a Martín Menem, Lule Menem e Ignacio Devitt.

Como en su mudanza de la Cámara de Diputados al Ministerio de Interior, se espera que el jefe de los funcionarios haga uso de su paciencia y de su capacidad para no meterse en problemas ajenos a su rol. De su éxito o su fracaso dependerá el Presidente, en buena medida, para encaminarse hacia la reelección el próximo año, donde los logros políticos a cargo de Santilli, los partidarios en manos de Karina y los económicos liderados por Toto Caputo serán evaluados en las urnas.

Por supuesto, Santilli tiene sus propias aspiraciones personales: pretende gobernar la provincia de Buenos Aires a partir de diciembre de 2027. Para eso, deberá lograr que sus pares, sobre todo la hermana del primer mandatario, continúen ponderando su trabajo. De eso dependerá en buena medida que se convierta en el candidato único de La Libertad Avanza en el territorio bonaerense, lugar que también pelea el diputado ultrakarinista Sebastián Pareja.

El lugar en la nueva mesa chica de la Casa Rosada

Desde principios de año, sobre todo a partir de la asunción de Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia, Santilli se ganó un lugar en la mesa chica del poder, que no está representada exactamente en las reuniones de Gabinete ni tampoco en las cumbres de mesa política, que son demasiado amplias para la toma de decisiones sensibles.

En la práctica, el Colorado se sienta desde hace unos pocos meses al lado de la secretaria general de la Presidencia y los Menem, un nuevo cuartero que definió buena parte de los cambios en el organigrama y negoció provincia por provincia cuestiones como los pliegos para ocupar más de 200 vacantes en el sistema judicial federal o los intentos por blindar a Adorni de la moción de censura. Eso, sin que Santilli dejara de conversar a diario con Caputo.

Tal como dio cuenta en su momento Letra P, Santilli ya era un virtual jefe de Gabinete y Lule, ministro del Interior. Para entender por completo ese camino lleno de obstáculos internos debe agregarse ese otro balance con el PRO, espacio al que todavía está afiliado, pero que abandonará este mismo año. No por el vínculo con su fundador, Mauricio Macri, con quien jamás se llevó bien, sino con Cristian Ritondo, un amigo personal con el que tuvo mil idas y vueltas, pero con el que siempre mantuvo una sólida sociedad política.

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