ALIADOS PARA QUÉ

Argentina vs. Chile, 44 años después: el rebrote de una tensión inmune a las afinidades de los gobiernos

Un alcalde trasandino recibe a 40 empresas de Malvinas. Vuelos y negocios reabren un frente diplomático. El Beagle y el papa vuelven a la escena en noviembre.

Los dictadores Jorge Rafael Videla y Augusto Pinochet compartían su anticomunismo rabioso y la coordinación represiva, pero Argentina y Chile casi fueron a la guerra por el Beagle y quedaron enfrentados por Malvinas, dos conflictos que merecieron la mediación o intervención del Vaticano.

Más de cuatro décadas después, los presidentes ultraderechistas Javier Milei y José Antonio Kast, aliados en la batalla cultural, política y económica que libran contra las izquierdas de la región, respaldan la soberanía argentina sobre el archipiélago del Atlántico Sur mientras Punta Arenas recibe a 40 empresas isleñas. Ocurre a poco más de un mes de que el papa León XIV visite el país, como lo hizo Juan Pablo II en 1982.

Increíble, pero real.

Otra vez la tensión con Chile

Este lunes, el gobierno argentino denunció que la empresa Thales UK Limited operó vuelos entre Malvinas y Punta Arenas con una aeronave de matrícula británica y sin autorización. Milei ordenó sanciones y denuncias penales. En el mismo comunicado dio dos semanas de plazo al Reino Unido para frenar el proyecto petrolero Sea Lion. Si no lo hace, pedirá medidas provisionales al Tribunal Internacional del Derecho del Mar, un organismo que depende de la ONU, la organización que hace cinco días calificó de "inútil" y refugio de "una casta de parásitos".

Ese mismo día llegaron a Punta Arenas unos 40 representantes públicos y privados de las islas para una rueda de negocios de dos días con empresas de Magallanes. Es la mayor delegación comercial enviada por los isleños. La convocó la Falkland Islands Development Corporation, que se define como facilitadora. El alcalde Claudio Radonich anunció que la ciudad será el supermercado de las islas.

Radonich pertenece a Renovación Nacional, no al Partido Republicano de Kast. El 26 de agosto pidió que Buenos Aires se retractara por los dichos del jefe de la Fuerza Aérea, Gustavo Valverde, sobre la soberanía del sur, y reclamó mayor presencia del Estado chileno en Magallanes.

El 4 de septiembre, el alcalde chileno defendió el comercio marítimo con las islas, un negocio de u$s 20 millones que actualmente pasa por Montevideo. Pidió que su ciudad no cargue con los costos de una disputa que, sostuvo, debe resolverse en otro nivel.

Un cruce diplomático que escaló rápido

Lo de Valverde tuvo su capítulo diplomático. Chile envió una nota de protesta y la Cancillería argentina respondió que el Tratado de Paz y Amistad de 1984 sigue vigente. Según pudo saber Letra P de fuentes castrenses, los ministros de Defensa, Carlos Presti y Fernando Barros, hablaron por teléfono para bajar la temperatura.

Barros no se quedó ahí. Dijo que existe una situación de hecho: un país amigo (Reuno Unido) ejerce soberanía sobre las islas desde hace 200 años. Defendió el derecho de los magallánicos a comerciar con el archipiélago y anunció bases militares en el sur.

Javier Milei y Carlos Presti

Javier Milei y Carlos Presti

En Santiago, Kast y Milei habían firmado un comunicado que respalda los derechos de soberanía argentinos sobre Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y declara plenamente vigentes los tratados de 1881 y 1984 para el estrecho de Magallanes.

En Londres también se habla de 1982. El secretario de Defensa, Wes Streeting, dijo al Sun on Sunday que Argentina no tiene capacidad de tomar las islas y que esto no es 1982.

Cuando Videla y Pinochet casi fueron a la guerra

El antecedente inmediato es de 1978. En 1977, un tribunal arbitral presidido por Gran Bretaña había rechazado las pretensiones argentinas sobre el Beagle y la dictadura de Videla declaró nulo el fallo.

A fines de diciembre de 1978, con tropas movilizadas y la flota en el mar, la guerra por Picton, Nueva y Lennox parecía inevitable. Juan Pablo II, con dos meses de pontificado, envió al cardenal Antonio Samoré. En enero de 1979, el Acta de Montevideo selló la aceptación de la mediación vaticana por ambas dictaduras.

La mediación seguía abierta cuando llegó Malvinas. El papa Karol Wojtyla presentó su propuesta en diciembre de 1980, Chile la aceptó en enero de 1981 y Argentina pidió aclaraciones.

Chile se declaró neutral durante la guerra, pero en marzo de 1982, antes del desembarco argentino, el consejero de la embajada británica, David Joy, llamó a su par chileno, Raúl Schmidt, para preguntarle cómo se había vivido el conflicto del Beagle. Lo revelaron documentos británicos desclasificados que difundió BBC Mundo.

Sidney Edwards, exoficial de la RAF, sostuvo años después que sin la colaboración de Pinochet la guerra habría sido otra. En 2009, Basilio Lami Dozo, jefe de la Fuerza Aérea en 1982, le dijo a Perfil que la Junta pensaba atacar a Chile después de Malvinas.

Juan Pablo II y la salida del conflicto

El 11 de junio de 1982, con los últimos combates en Monte Longdon, Juan Pablo II llegó a Buenos Aires. Se reunió con Leopoldo Galtieri y la Junta, peregrinó a Luján ante unas 700.000 personas y pidió reconciliación a las juventudes argentina y británica. Había pasado antes por Gran Bretaña.

La salida llegó con Raúl Alfonsín. En junio de 1984, el cardenal Agostino Casaroli presentó la última propuesta papal y avisó que, si era rechazada, terminaría la mediación.

El 25 de noviembre hubo una consulta popular no vinculante y el 29 se firmó el Tratado de Paz y Amistad en el Vaticano.

Ese tratado es el texto que Milei y Kast citan actualmente para dejar el estrecho de Magallanes fuera de discusión. Lo firmaron la democracia de Alfonsín y la dictadura de Pinochet, con un cardenal como intermediario.

Un papa en camino y otra disputa abierta

León XIV visitará la región en noviembre, en una gira por Argentina, Uruguay y Perú. Su llegada vuelve a poner en escena una historia en la que el Vaticano tuvo un papel directo: la mediación por el Beagle y los viajes de Juan Pablo II durante la guerra de Malvinas.

Barros cuestionó, además, el decreto 256 de 2010, que exige autorización previa a los barcos que viajan a las islas y puede alcanzar a la naviera chilena que inaugurará su ruta a Malvinas en noviembre.

El ultimátum de Milei a Londres vence el 12 de octubre. La nueva ruta marítima comenzará el mes siguiente, cuando León XIV llegará a la región.

Javier Milei en la ONU.
El consorcio VMOS contrató a dos empresas que prestaron servicios en Malvinas

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