La puesta en marcha del proyecto reabre una discusión histórica en la Patagonia y redefine el equilibrio entre desarrollo económico, territorio y política.
El dato, por sí solo, marca un quiebre. Pero lo que realmente está en juego es más amplio. Se trata del ingreso definitivo de la Patagonia norte a la minería metalífera a gran escala, con todo lo que eso implica en términos económicos, políticos y sociales.
El proyecto no es nuevo. Fue descubierto a fines de los noventa, en una etapa en la que Argentina comenzaba a consolidarse como destino de inversiones mineras. Desde el inicio generó resistencias, por eso la posibilidad de explotación a cielo abierto y el uso de cianuro activaron alertas en la Región Sur, donde organizaciones sociales y comunidades mapuche empezaron a cuestionar el modelo extractivo entonces.
Ese rechazo, que tuvo algunas réplicas hasta hace un par de años, tuvo consecuencias concretas. En 2005, la Legislatura rionegrina sancionó una ley que prohibía el uso de sustancias tóxicas como el cianuro en la minería. La norma fue una respuesta directa a la presión social y terminó bloqueando el desarrollo del proyecto. Durante años, Calcatreu quedó en una especie de limbo. Ni se descartaba ni avanzaba. Hasta ahora.
El giro político que habilitó el avance
El escenario cambió con el tiempo. La ley fue derogada en 2011 y la reconfiguración del mapa político con el arribo del cacique justicialista Carlos Soria habilitaron una nueva etapa. Aun así, el proyecto no se activó de inmediato. Recién en los últimos tiempos, con nuevos actores empresariales y una decisión política más definida por parte de Alberto Weretilneck, la iniciativa comenzó a avanzar de manera sostenida.
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La entrada a Calcatreu, custodiada por un trabajador minero en Río Negro.
El punto de inflexión fue la obtención de la licencia ambiental para la explotación. No se trató de un trámite menor, implicó atravesar evaluaciones técnicas, audiencias públicas y un proceso institucional que buscó legitimar el proyecto. Para el gobierno provincial, ese aval fue la señal necesaria para transformar una idea postergada en una política concreta.
Desde entonces, Calcatreu dejó de ser un proyecto aislado para convertirse en un símbolo. La gestión de Weretilneck lo presenta como el inicio de una nueva etapa productiva donde la minería aparece en ese discurso como una herramienta para diversificar la economía y generar empleo en regiones que arrastran décadas de estancamiento.
En esa línea, el secretario de Minería, Joaquín Aberastain Oro, plantea el impacto inmediato en el territorio. “Se traduce en oportunidades a la zona de los proyectos. Es un desafío para todos, para los locales, para los funcionarios. Hay financiamiento, vinculación y cuando el trabajo da sus frutos, es confortante”, sostiene el funcionario en contacto con Letra P.
Aberastain Oro también describe el estado actual del emprendimiento. “Ya arrancaron a producir, significa que están transportando el material. Se carga, se tritura y cuando llega a la lixiviación se atrapa el oro y la plata. Hoy está en producción y en junio se transporta”, explica. Y proyecta el corto plazo. “En octubre, al menos eso se espera, va a estar al 100% la obra del proyecto y desde ahí la producción será plena”.
Economía regional y promesa de desarrollo
En Jacobacci y su zona de influencia, ese argumento encuentra cierto respaldo. La crisis de la ganadería ovina, la falta de inversiones y la migración constante hacia centros urbanos generaron un escenario de fragilidad económica. En ese contexto, la llegada de una actividad con capacidad de movilizar capital y crear puestos de trabajo es vista por muchos como una oportunidad.
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La representación del gremio AOMA en la visita al yacimiento de oro y plata Calcatreu.
Para el gobierno provincial, Calcatreu cumple además un rol estratégico. “Es la punta de lanza, con toda la responsabilidad de la empresa y del gobierno. Todo lo que hagamos se traduce en lo que viene atrás. No hay margen de error”, advierte Aberastain Oro. La mirada no se agota en un solo proyecto. “Hay 59 iniciativas más en distintas etapas. Con el hito de la exportación, los inversores van a ver a Río Negro como un lugar atractivo”, agrega.
En términos económicos, la apuesta es fuerte. El ministro anticipa que Calcatreu proyecta alrededor de 100 millones de dólares entre regalías y recaudación, y asegura que ese dinero se va a usar para infraestructura, capacitación y actividades alternativas. “Son unos 100 empleos directos, con sueldos que cambian la vida y generan movimiento en la localidad”, afirma respecto al impacto económico directo en la región.
Desde el sector sindical, la lectura va en la misma dirección. El representante de la Asociación Obrera Minera Argentina (AOMA), Maximiliano Castro, describe un cambio de escala en la actividad. “La minería en la provincia viene creciendo, pero con Calcatreu las expectativas son grandes. Es algo nuevo y genera un movimiento importante”, afirma a Letra P.
Castro pone el foco en el empleo. “Hoy hay entre 150 trabajadores directos y también contratistas, compañeros de la UOCRA. No cambia de golpe el pueblo, pero mejora la calidad de vida”, señala. Y agrega que el desarrollo todavía está en una etapa inicial. “Estamos al 50% de la capacidad de trabajo y personal, con perspectivas muy positivas de crecimiento”.
El conflicto latente en el territorio
A pesar de esos consensos, la resistencia al desarrollo minero no desapareció, simplemente se transformó. Organizaciones socioambientales, sectores académicos y comunidades indígenas mantienen cuestionamientos de fondo. El eje principal sigue siendo el mismo que hace dos décadas. El impacto ambiental, el uso de agua en una zona árida y los riesgos asociados a la lixiviación con químicos.
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Alberto Weretilneck, gobernador de Río Negro, recorre Calcatreu.
Desde el propio gobierno reconocen esa tensión. “Hay que escuchar a todas las voces. Hay razones que el gobierno y las empresas deben atender. Hay miedos que tienen que ver con el desconocimiento”, admite Aberastain Oro. Al mismo tiempo, intenta responder a una de las principales críticas. “Esto no está librado al azar. Hay aportes sociales y acompañamiento a otras actividades”, suma.
Las audiencias públicas reflejaron esa disputa. Lejos de ser instancias meramente formales, funcionaron como escenarios de confrontación entre posiciones. Con todo, la discusión, en el fondo, sigue abierta.
El impacto concreto en Jacobacci
En el territorio, los efectos económicos empiezan a sentirse. El intendente de Ingeniero Jacobacci, José “Pepe” Mellado, describe una reactivación que llevaba años pendiente. “Hay mano de obra genuina que antes no existía. En el último año empezaron a llegar empresas y algunas ya se inscribieron como proveedores locales”, cuenta.
El cambio también se percibe en la dinámica urbana. “Se abrieron comercios, llegó un hotel nuevo con restaurante, hay más movimiento. No es masivo, pero se reactivó el crecimiento”, explica. Para una localidad de 12 mil habitantes, el impacto es significativo, aunque acotado. “Calcatreu tiene unos 100 puestos directos, pero también hay otras empresas vinculadas”, agrega.
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José Mellado, intendente de Ingeniero Jacobacci.
Mellado ubica el proyecto dentro de una historia más larga. “En la región hay tradición minera desde hace décadas. La diatomita, la bentonita, la piedra laja. Pero esto es distinto, es otra escala”, remarca. Y pone en valor la decisión política que lo hizo posible. “Después de 28 años, un gobernador decidió avanzar. Hoy es una realidad”, celebra el jefe comunal de Juntos Somos Río Negro (JSRN).
Lo que se juega hacia adelante
El desarrollo de Calcatreu también funciona como referencia para lo que viene. “Al tener un escenario real, los proyectos tienen más posibilidades de desarrollarse. De cada 100, uno se concreta. Ojalá podamos tener más”, plantea Aberastain Oro. Entre las iniciativas en carpeta menciona el proyecto Ivana, vinculado al uranio, que podría avanzar en los próximos años, en las inmediaciones de Valcheta.
El horizonte que traza el gobierno combina minería con otros sectores estratégicos. Energía, hidrocarburos y exportaciones forman parte de la misma ecuación. La idea es construir un perfil productivo más diversificado. En ese camino, la clave será sostener el equilibrio. La promesa de desarrollo convive con demandas ambientales y sociales que no desaparecen. “La licencia social no es definitiva, se construye día a día”, repiten en Viedma.
Calcatreu, en ese sentido, no cierra la discusión. La vuelve más concreta, la baja al territorio y la pone en funcionamiento. A partir de ahora, el debate ya no gira en torno a lo que podría pasar, sino a lo que efectivamente está ocurriendo. En medio de una crisis nacional imperante, para Río Negro, marca el inicio de una etapa distinta.