El futuro no se improvisa: el riesgo de abandonar la economía del conocimiento
El recorte de presupuesto a universidades públicas, la caída de la inversión en investigación y desarrollo, amenazan el futuro de la industria del conocimiento.
El futuro no se improvisa: el riesgo de abandonar la economía del conocimiento
Laeconomía del conocimiento emplea a 285.000 personas y genera exportaciones por u$d 9.500 millones; sin embargo, su desempeño actual no garantiza el futuro si no se mejora la calidad educativa, secundaria y universitaria, se promueve la I+D en sectores clave y moderniza la legislación para no retroceder frente a países como México, Brasil, Chile y Perú.
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La reducción del presupuesto para el sistema universitario público, la caída de la inversión en investigación y desarrollo (I+D) por debajo del 0,5% del PBI y la falta de estrategia en educación, innovación e infraestructura amenaza con relegar a la Argentina de la economía del siglo XXI.
La dinámica que está tomando la economía argentina ha popularizado de que existen un conjunto de sectores que liderarán el crecimiento del país. La mayoría están vinculados a recursos naturales -minería, energía, actividades agropecuarias y forestales-, pero también se incluye a otro distinto, la economía del conocimiento.
Este sector abarca un heterogéneo grupo de actividades: software y servicios informáticos; servicios profesionales, geológicos, audiovisuales; biotecnología; investigación y desarrollo.
Argentina desarrolló el sector de la economía del conocimiento
Si bien, Argentina no es un actor global relevante -posición 40 en el ranking mundial de exportaciones y segundo en Latinoamérica-, el sector es muy relevante para nuestro país ya que emplea a 285.000 personas, exporta por u$d 9.500 millones de dólares y sus niveles salariales se encuentra entre 30% y 50% por encima del salario formal registrado del sector privado.
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¿Cuáles fueron las causas de su éxito? Los organismos multilaterales y la literatura académica definen a cuatro factores: Capital humano; Innovación e I+D; TIC e infraestructura digital e Instituciones y entorno.
En nuestro país, dos de esos factores son relevantes. Por una parte, la abundancia relativa de recursos humanos y una política pública consistente que promueve al sector. En tanto la infraestructura digital y la inversión en I+D no parecen ser factores definitorios.
Brasil, Costa Rica y Chile nos superan en futuro
Volviendo al inicio ¿Qué hoy el sector se destaque implica que lo continuará haciendo en los próximos años?
Miremos la foto. Desde la perspectiva de la generación de recursos humanos, en Argentina se gradúan aproximadamente 130.000 alumnos por año, lo que no deja de ser un volumen importante a pesar de la baja participación de STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Sin embargo, en indicadores relativos, por ejemplo, graduados por habitantes, quedamos detrás de Chile o Costa Rica en América Latina.
Por otra parte, Argentina lleva más de 20 años promoviendo, mediante legislación particular, primero al Software y luego a la Economía del Conocimiento. Siendo esta una de las pocas políticas de largo plazo sostenida por nuestro país.
En lo referente a investigación y desarrollo ( I+D), en Argentina se han destinado pocos recursos, por debajo del 0.5% del PBI, con escasa participación del sector privado (0.16% del PBI), siendo el Estado (CONICET; sistema universitario, etc.) el responsable de la mayor parte de la inversión.
Por último, la infraestructura es otro punto débil, ocupando el noveno puesto en el Ranking de infraestructura TIC (IBITIC/AL 2025), detrás de países como México, Brasil, Chile o Perú.
La formación de recursos humanos
Si proyectamos el futuro a partir del presente vemos que estos factores están debilitándose. Miremos la película. En formación de recursos humanos, Argentina tiene un mal desempeño. En las pruebas PISA (2022) ocupó el lugar 66 de 88 países y en la región es octavo en matemática y 7° en lengua. En la universidad, el sistema público gradúa al 75%/80% de los egresados.
En ese punto la falta de presupuesto amenaza la cantidad y calidad de los graduados. En efecto, este pasó de un promedio entre 0.80%/0.85% del PBI a menos de la mitad en los dos últimos años, con tendencia a empeorar. Según datos de la OCDE, en términos de paridad de compra, Argentina gasta por alumno universitario por año un tercio de Brasil y un cuarto de Chile. La discusión sobre la Ley de financiamiento de la Educación Universitaria se vincula directamente con este aspecto.
Con referencia al marco institucional, la Ley de Economía del Conocimiento tiene dos años adicionales de vigencia y el gobierno ha dicho que no acuerda con políticas sectoriales sino más bien como modelos como los del RIGI o súper-RIGI, por lo que podría esperarse su agotamiento.
Con respecto a innovación e I+D, las asignaciones presupuestarias pasaron del orden de entre 0.4% y 0.5% del PBI, a aproximadamente la mitad. Un reflejo de esta caída se observa en la reducción del número de investigadores y becarios, y la acelerada obsolescencia tecnológica de instalaciones y equipamiento vinculados.
Por último, en términos de infraestructura. Si bien las empresas prestadoras están mejorando lentamente la red, seguimos por debajo de la calidad de otros países de la región.
Considerando los data centers, el país cuenta con 13 con 32MW de capacidad instalada y algunos proyectos de ampliación. Las rebajas arancelarias de los bienes informáticos pueden estar bajando los precios, pero este factor, no parece ser algo que haya afectado al desarrollo del sector hasta ahora.
Mejorar la calidad educativa y promover la investigación
Hasta ahora miramos la oferta argentina, pero deberíamos considerar que está pasando con la demanda y ahí la Inteligencia Artificial determinará el futuro.
Si tomamos las proyecciones de Anthropic, las tareas más reemplazables son las de back office (administración y finanzas, legal, recursos humanos, etc.), programación, arquitectura, etc. La mayoría de las actividades en las que está especializado nuestro país. Esto también cuestiona la trayectoria futura del sector.
En síntesis, que al sector le haya ido bien hasta ahora no significa que esto se mantenga. Nadie sabe qué pasará con la IA, y está fuera de nuestro alcance.
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Pero lo que sí está en nuestras manos es qué haremos con tres de los pilares antes mencionados: mejorar la calidad educativa, secundaria y universitaria, promover la I+D en sectores de vanguardia y readecuar la legislación a los nuevos tiempos.
Estas parecen condiciones de mínima para tratar de seguir participando del juego. Podríamos agregar desarrollar tecnología para la industria, pero como se mencionó en el inicio esta nota, nadie parece ver a ese sector como tractor del crecimiento, más allá del error conceptual que esto implica.
El deterioro en educación, I+D y la ausencia de políticas dirigidas al sector amenazan su expansión. Revertir esta tendencia es la condición para que Argentina siga siendo parte del juego global y no quede relegada a los márgenes de la economía del siglo XXI.