ESPECIAL 24M | 50 AÑOS

Democracia y dictadura: la memoria colectiva debe contar todo lo que pasó y no sólo una parte

El verdadero “Nunca Más” no debe ser una consigna partidaria. Memoria completa y respeto por las instituciones para erradicar el uso oportunista del pasado.

Nací el 6 de mayo de 1987. Tengo 38 años y el privilegio de haber vivido toda mi vida en democracia. Cuando nací, el presidente era Raúl Alfonsín. Mis primeros recuerdos se remontan a la época de Menem, y todo lo que conozco de lo anterior lo aprendí por la lectura, el estudio y también por lo que me contaron mis padres, mis tíos y mis abuelos.

No me tocó vivir ni el terrorismo de Estado ni la violencia política de aquellos años. Pero que no me haya tocado vivir esa etapa no significa que me resulte ajena. La memoria colectiva nos permite conocer lo sucedido para no repetirlo nunca más. Y a 50 años del último golpe militar, también nos toca a quienes nacimos después la responsabilidad de transmitir esa historia a las futuras generaciones.

Como abogado, ni siquiera concibo la vida de una Nación por fuera de la organización institucional: sin división de poderes, sin voto popular, sin garantías constitucionales, sin debido proceso, sin libertades básicas. La democracia, con todos sus defectos, sigue siendo el único camino legítimo para convivir en una sociedad libre.

Sin embargo, durante mucho tiempo el relato sobre los años 70 se presentó de manera parcial y profundamente partidizada. A veces pareciera que la defensa de la democracia fuera patrimonio de un solo sector político, cuando en realidad debería ser una convicción común a todos los argentinos, más allá de nuestras diferencias ideológicas.

Por eso creo que nuestra generación tiene al menos, tres tareas pendientes.

Tareas pendientes

La primera es conocer y transmitir la historia completa. Debe decirse con claridad que el terrorismo de Estado, la utilización del aparato estatal para secuestrar, torturar, matar y perseguir personas por fuera de toda garantía constitucional, estuvo mal. Estuvo mal siempre. Y nunca más puede repetirse en la Argentina. La vigencia efectiva de la Constitución y de los derechos fundamentales es lo que protege a cada ciudadano frente al abuso del poder.

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La vigencia efectiva de la Constitución y de los derechos fundamentales es lo que protege a cada ciudadano frente al abuso del poder.

La vigencia efectiva de la Constitución y de los derechos fundamentales es lo que protege a cada ciudadano frente al abuso del poder.

Pero también debemos rechazar toda memoria incompleta que omita o relativice la actuación de organizaciones armadas que recurrieron a la violencia, a los explosivos y al asesinato en nombre de una causa política. Los montoneros también estuvieron mal y no podemos no contar lo que hacían. Eso también debe ser condenado. Como hombre de derecho, no puedo justificar ni una cosa ni la otra. Precisamente por eso creo que la memoria colectiva debe contar todo lo que pasó, y no solamente una parte.

La segunda tarea es erradicar el uso político oportunista de ese pasado. Convertir la memoria en una herramienta de agresión partidaria vacía su sentido más profundo. Expresiones como “vos sos la dictadura”, repetidas contra dirigentes o gobiernos democráticos por el solo hecho de representar ideas más asociadas a la derecha, no sólo son intelectualmente deshonestas, sino también moralmente inaceptables.

Una diferencia ideológica, por profunda que sea, no habilita a comparar a un presidente elegido por el pueblo, dentro del marco constitucional, con una dictadura que secuestró, torturó, mató y desapareció personas. Hacer eso implica banalizar el horror, faltarle el respeto a la historia y deshonrar el sufrimiento real de quienes padecieron aquella etapa trágica de la Argentina. La democracia se defiende con más democracia, con más verdad histórica y con más responsabilidad al momento de hablar.

La tercera tarea es reconstruir la relación de la sociedad con las Fuerzas Armadas. Durante décadas se instaló una mirada que tendió a identificarlas de manera casi automática con el período más oscuro de nuestra historia. Para muchos de los que crecimos después de la dictadura, esa imagen quedó incorporada casi como una verdad única.

Desafíos para una democracia madura

Pero una democracia madura no puede vivir en una condena permanente e indiscriminada de instituciones que forman parte del Estado. Quienes utilizaron el uniforme y el poder para secuestrar, torturar, matar o desaparecer personas son asesinos, y deben ser recordados como tales. Pero esa condena no puede trasladarse sin distinciones a todos los hombres y mujeres que integran o integraron las Fuerzas Armadas.

En países como Estados Unidos, quienes forman parte de las fuerzas son reconocidos socialmente como servidores de la patria, e incluso como héroes, por el hecho de servir a la Nación. En la Argentina, en cambio, partimos durante mucho tiempo de una visión opuesta: la de asociar automáticamente el uniforme con el horror del pasado. Y esa mirada, no puede proyectarse indefinidamente sobre generaciones enteras que no fueron responsables de aquellos crímenes.

La reconciliación entre la sociedad y sus Fuerzas Armadas no significa olvido ni impunidad. Significa distinguir entre quienes deshonraron el uniforme y quienes lo visten con honor, dentro de la ley y la Constitución. Significa comprender que una república necesita fuerzas profesionales, subordinadas al poder civil y comprometidas con la defensa nacional, la soberanía y el orden constitucional.

En definitiva, a 50 años del último golpe, nuestra generación tiene una responsabilidad clara: conocer la historia completa, dejar de usar ese pasado como arma política y reconstruir una relación sana entre la sociedad y sus instituciones. Sólo así podremos construir una memoria madura: una memoria que no oculte nada, que no manipule nada y que no condene injustamente a quienes no fueron responsables.

Porque el verdadero “Nunca Más” no debe ser una consigna partidaria. Debe ser un compromiso nacional: nunca más la violencia política, nunca más el terrorismo de Estado, nunca más el odio y nunca más la idea de que el poder o las armas pueden estar por encima de la Constitución, de la libertad y de la dignidad humana.

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